VESTIGIOS DE OTROS TIEMPOS EN EL PUEBLO DE UÑA

Hoy, Uña es visitada por la belleza del inigualable paraje natural en el que se encuentra enclavada. Sin embargo, existen una gran cantidad de elementos que rodean este pueblo que proporcionan a Uña una gran importancia y valor no sólo desde el punto de vista natural, sino también desde el histórico y cultural.

El más llamativo de ellos y, por desgracia, más desconocido, son las tumbas antropomórficas labradas en piedra que se sitúan en la ladera de Peña Rubia, situada entre la Muela de la Madera y la carretera camino de Huélamo. Igual de misterioso que su propia formación, es lo que sobre ellas recae. Sin estudios arqueológicos y apenas conocimientos, sólo se puede aventurar por estudios en tumbas arqueológicas parecidas que pertenecen a época cristiana tardoantigua y, por tanto, lo más probable que a época visigoda. Suelen estar asociadas a ermitas o “eremitas” y precisamente, en esta misma ladera aparecen las ermitas de la Virgen del Espinar y La Malena.

Tumbas antropomórficas de Uña. Fuente: Vestal

La primera de ellas, más alejada, se encuentra en buen estado de conservación, teniendo uso hoy en día, manteniéndose todo el año repleta de ofrendas florales y velas.. No se puede decir lo mismo de la segunda, la ermita de La Malena, hoy prácticamente desaparecida, pero mucho más cercana a las tumbas, lo que parece indicar que sería la ermita de referencia de las mismas.

Estas tumbas, así como la ermita de la Malena, fueron redescubiertas debido a las obras de construcción del canal entre el embalse de La Toba y la laguna de Uña. A pesar de los siglos, algunas de ellas se encuentran en un gran estado de conservación. Sin embargo, sería más que oportuno la realización de un estudio arqueológico en profundidad que date correctamente la antigüedad de dichas tumbas, así como el significado de los símbolos en ellas encontrados.

Otros elementos de importancia histórica y arqueológica son, sin duda, el Puente romano y la Iglesia de San Miguel Arcángel, datada en el siglo XIII y restaurada en el siglo XVI. En lo que respecta al Puente romano, fue la entrada histórica al pueblo de Uña, aunque hoy sólo se conserven los pilares entre la maleza ribereña. No se sabe acertadamente el origen del puente. Se nombra comúnmente como romano, lo que podría indicar que fue durante ese periodo construido, siendo una ruta de paso. Sin embargo, al igual que con las tumbas, sería preciso realizar un estudio arqueológico en profundidad que datara correctamente el origen del puente.

Restos del Puente Romano de Uña. Fuente: Vestal

La mina de lignito

Dirección hacia el actual cementerio municipal, puede observarse un monte negruzco, con varios agujeros que piden ser atravesados para explorar sus entrañas. Son las entradas de la mina de lignito (un tipo de carbón, con bajo poder calorífico) que hasta hace poco supuso la fuente de energía de los vecinos de Uña. Ya en el siglo XIX, son mencionadas las muestras abundantes de lignito por Torres Mena. 

Según se deduce del libro Patrimonio Geológico de la Provincia de Cuenca, “esta mina debió de servir para abastecer el pueblo cercano de Uña, dado el escaso espesor de los estratos de lignito que, además, tiene un poder calórico relativamente bajo. En los años 60 todavía se explotaba y es cuando se descubrió en ellos un importante yacimiento de vertebrados (mamíferos, cocodrilos, tortugas…). También se han encontrado restos de moluscos, gasterópodos lacustres, ostrácodos, charáceas, gimnospermas y polen de angiospermas”.

Estos sedimentos se deben a la existencia de un delta que desembocaba en un lago, el cual arrastraría muchos restos vegetales que al enterrarse iniciarían el proceso de carbonización. 

Las minas explotaban el estrato de mayor espesor de lignito (no pasa de los 50 cm), distinguiéndose en él pequeñas vetillas de azabache, variedad de lignito de color negro brillante, que se utiliza en joyería. La mayor parte de las galerías están inundadas actualmente y las traviesas que les daban estabilidad están ya en la mayoría rotas. No obstante, todavía quedan algunos restos de la “maquinaria” con la que trabajaban en su explotación, que nos pueda dar una idea de la forma de realizar las labores mineras. 

Encarna, vecina del pueblo y viuda del minero, es una enciclopedia viva de todo el patrimonio correspondiente a esta mina, comprobándose al hablar con ella como hace apenas 50 o 60 años la mina formaba parte del día a día de los uñeros y uñeras.

Remanentes de lo antaño cotidiano

Pero al hablar del patrimonio cultural del Monte de Utilidad Pública 151 y, por tanto, del pueblo de Uña, no debe ser sólo referenciarse sus vestigios arqueológicos (como las tumbas o el puente) o aquellas actividades relacionadas con las dos fuentes económicas más importantes en la región: la madera y la ganadería. Es también hablar de los vestigios de lo hasta hace poco cotidiano, pero que hoy nos parece propio del medievo. Los trabajos diarios que permitían la vida en un contexto previo a la industrialización rural y la globalización, donde los vecinos y vecinas debían proveerse de todo aquello que necesitaran con los recursos que les brindaba el entorno del pueblo.

Empezando por lo más básico: la elaboración del pan. Al igual que todos los pueblos, hasta hace muy poco en Uña había hornos de pan. Según el Catastro de la Ensenada, de mediados del siglo XVIII, en Uña figuran varios molinos harineros, es decir, el paso previo al horno, donde el trigo se molía, convirtiéndose en harina. Conversando con Jesús de la Hoz, vecino de Uña, nos comenta como hace 50 años había dos hornos, de dos familias diferentes: “uno estaba en la plaza y el otro, bajando por la calle Cantón. Si recuerdo bien, estuvieron en funcionamiento hasta hace 60 años más o menos”.

Del mismo modo, dentro de este monte existían varios elementos de interés, necesarios para el aprovechamiento de los recursos del entorno. Al menos había una cantera, para la extracción de roca caliza, utilizada en la construcción y para la obtención de la cal a través de unos hornos llamados caleras (había uno de estos hornos en el M.U.P. 151). “Había una cantera en el paraje de La Herrá, que quizás se hizo hace 50 años, orientada para la construcción de carreteras, la cual estuvo en funcionamiento durante 5 o 6 años”, dice Jesús.

Según relata Torres Mena: “la fabricación de cal es bastante común en las distintas comarcas de la Provincia, más o menos buena y de cualidad hidráulica mucha; habiendo algunas capas en el término de Uña que producirían un excelente cimento hidráulico, según afirma Cortázar, pág. 161 de su Descripción”. Esto demuestra el carácter histórico de las canteras y caleras en el Monte de Utilidad Pública 151.

En estas inmediaciones se encontraba otro elemento de gran interés: un tejar. En este lugar se elaboraban las tejas y ladrillos a partir de la arcilla de las inmediaciones. Además, había otros 2 tejares más, aunque fuera del M.U.P 151. “En la finca del Rincón del Juez, donde antes teníamos un pedazo de tierra para sembrar cereal, había un tejar. Aún quedan cascotes de tejas”, recuerda Jesús.

Todo ello está relacionado a oficios artesanos, a los que habría que sumar otros como la carpintería (según el Catastro de la Ensenada, había un carpintero en Uña en el siglo XVIII) o la herrería (existía una dentro de los límites del monte de estudio).

Y, por supuesto, la agricultura y la ganadería ocupaban un papel primordial en el día a día de los vecinos de Uña. Sin embargo, era la segunda mucho más importante, ya que según el Catastro de la Ensenada (s. XVIII) sólo el 25% de las tierras eran cultivables, mientras el otro 75% eran pastos o montes de extracción maderera. No había olivo ni viñas reseñables, y poco regadío. Mayoritariamente se cultivaba trigo, suponiendo el 75% de la producción de cereales. Respecto al segundo, más allá del pastoreo y la producción textil asociada (había un batán a la orilla del Júcar), también es de destacar los usos apícolas, pues a pesar de no ser muy relevantes, hay constancia de ellos desde el siglo XVIII.

Fuente del lavadero de Uña. Fuente: Vestal

Sin embargo, adentrándonos ya en el siglo XX, hubo un acontecimiento que modificó completamente el aspecto de Uña y su monte circundante, el 151: la construcción del embalse de la Toba y el canal que unió el mismo con la central hidroeléctrica de El Salto de Villalba. Este suceso cambió radicalmente la apariencia del pueblo, en especial de su laguna. Pero, además, como compensación (también para los trabajadores que se instalaron aquí temporalmente) Eléctrica Castilla realizó mejoras dotacionales en el pueblo. Entre ellas, se construyeron el Ayuntamiento, el cementerio actual o el lavadero, construido en 1924.

De esa década es también el cambio de cementerio, pasando del antiguo, junto al actual canal dirección al Arroyo de la Madera, al utilizado hoy en día, más allá de la mina de lignito. El antiguo, limítrofe con el M.U.P. 151, está en un estado de absoluto abandono, habiendo sido engullido por la maleza. Las losas están partidas e inaccesibles, siendo preciso un trabajo de adecuación y revalorización del paraje.

Antiguo cementerio. Fuente: Vestal

También de los años 20, es de destacar dos elementos presentes en el M.U.P. 151, junto a la carretera en dirección al embalse de La Toba:

  • La Casa de la Dirección: Esta casa se encuentra situada en el límite del MUP 151. Fue la casa del arquitecto de la obra del canal de la Toba. Tras la finalización de la obra, quedó abandonada, adquiriendo hoy un tono encantado y misterioso.
  • La Casa de los Melitones: Es una pequeña casa tradicional situada junto a la carretera y cercana al embalse de la Toba. Fue importante en la primera mitad del siglo XX como tienda de paso para los vecinos locales y, sobre todo, para los trabajadores del embalse de la Toba durante la década de los años 20. Como curiosidad, fue la primera propiedad a la que se llevó luz eléctrica de la zona. Incluso antes que el mismo municipio de Uña.
Antigua casa de la dirección. Fuente: Vestal

Por último, es relevante destacar la presencia de dos instituciones hoy en día funcionales, ambas en el paraje conocido como el Rincón de Uña, de donde mana el Arroyo del Rincón que alimenta la Laguna de Uña: la piscifactoría y la escuela de pesca.

La Piscifactoría Regional “Rincón de Uña” está situada en el manantial del Arroyo del Rincón, al que se suman otros pequeños manantiales. Eso hace que sus aguas sean limpias, frías y cristalinas, lo que lo convierte en un paraje muy adecuado para la cría de la trucha, muy delicada, pues precisa de aguas muy claras y una temperatura constante a lo largo del año. Este centro de cría fue instalado en el año 1.974 con el objetivo de conservar la población de la trucha común (Salmo trutta) en la región y repoblar los ríos Tajo, Júcar y Segura. Las instalaciones de la Piscifactoría de Uña están gestionadas por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, pero son públicas, por lo que su visita está totalmente regulada y recomendable para el Turismo de la zona. Sin embargo, Jesús nos advierte de que “aunque ahora se le diga como Arroyo del Rincón, antes lo llamábamos el caz”. Respecto a la Escuela Regional de Pesca Fluvial, destaca por ser, junto al Centro de Investigación Agroforestal de Albaladejito, los únicos centros de educación ambiental de la provincia conquense.

Cercano al casco urbano, está el antiguo cuartel de la Guardia Civil, hoy a punto de reconvertirse en hospedería, fomentando el potencial de Uña como polo de un turismo sostenible, en armonía con su entorno.

Cambios y elementos actuales que contribuyen al patrimonio del municipio y el Monte de Utilidad Pública 151, respetando los ya existentes, evitando obras faraónicas que entierren en cemento los vestigios históricos de lo cotidiano. Novedades como las esculturas de Javier Barrios, representando a un hachero, un ganchero y una lavandera; o las figuras artísticas micológicas de Moisés Heras, vecino de la cercana Valdemeca, son un ejemplo de la fusión armónica del patrimonio natural y cultural a través del arte. La acción del hombre en equilibrio con la naturaleza que le rodea y le proporciona vida.

Escultura a “La mujer rural”, de Javier Barrios. Fuente: Vestal

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