Piezas de dominó

Desde hace ya décadas la realidad política de nuestro país se ha definido por un apoyo institucional a las grandes urbes en detrimento de lo que se conoce como el mundo rural. Esta situación está llevando a que buena parte del mismo se encuentre en un claro retroceso vital e incluso con amplias zonas del mismo inmersas en un proceso de colapso a nivel demográfico del que muchas localidades ya difícilmente podrán recuperarse.

Las urbes, desde las más grandes como Madrid o Barcelona a las ciudades medianas, tal como puede ser la ciudad de Cuenca u otras capitales de provincia, debido a ese apoyo que en su momento significó una importante centralización en las mismas del tejido industrial y la mayoría de los servicios públicos a mitad del siglo XX mientras que a su vez se iban eliminando de las localidades más pequeñas, llevó a que las ciudades actuaran a partir de aquel momento como un importante foco de atracción, asentando sobre las mismas a la población de las zonas rurales que, atraídas por el futuro que prometían las mismas, fueron abandonando unos pueblos faltos de recursos y en los que el futuro se iba tornando cada vez más difícil.

Esta situación, primeramente se cebó con las localidades más humildes, empezando las ciudades por absorber a los habitantes de dichos pueblos, municipios normalmente situados en las periferias provinciales y, por lo tanto, los más alejados de los lugares donde sí que se podían encontrar esos servicios. Recursos como los centros hospitalarios, centros de estudios superiores, formaciones profesionales e incluso las universidades. Urbes que ofrecían una posibilidad de mejorar el futuro de las familias y que además contaban también con lugares como pueden ser cines, teatros, zonas deportivas, etc… donde poder disfrutar de un ocio y unas libertades de las que la gente no podía disfrutar en los pueblos más pequeños.

Valtablado de Beteta. pueblo que desapareció en la década de 1970. Fuente: elaboración propia

Este abandono llevó a lo que habitualmente se conoce como un efecto cascada o de dominó. La pérdida de la población de los municipios más humildes hizo que las cabeceras comarcales, que hasta ese momento y gracias a centralizar buena parte de los servicios que habían estado atendiendo a los pueblos de su alrededor, tal como las tiendas de comestibles o de cualquier otro tipo como pequeñas ferreterías, mercerías, peluquerías, estancos, etc., así como también toda una serie de profesionales que servían para abastecer y servir a esos municipios más pequeños, empezaron a perder clientes, lo que llevó a las personas que ofrecían estos servicios a tener que optar entre ver cómo sus negocios iban a menos, reinventarse en otros trabajos o tener que marcharse a zonas con una mayor población, normalmente ciudades, donde poder seguir desarrollando su oficio.

El resultado fue y sigue siendo: a menos servicios en un municipio, mayor número de personas que emigran y a un mayor número de personas que emigran, una reducción cada vez mayor de servicios; con lo que este ciclo del abandono se perpetúa y poco a poco termina por matar a los pueblos.

Nuestra provincia es un claro ejemplo de todo este proceso, con su máximo exponente en las comarcas de la Serranía y la Alcarria. Si observamos localidades como Huete, Priego, Beteta, Tragacete o Cañete, por poner varios ejemplos. Localidades que se alimentaban en buena medida de las gentes de los pueblos de sus alrededores. Podremos apreciar cómo las personas que viven en los mismos empiezan a temer seriamente por la permanencia de los pocos servicios de los que hasta ahora disponían, mientras que los ratios de población en estas localidades también se están viendo muy mermados.

Al final, esta caída poblacional en las cabeceras de comarca está empezando a reproducirse también en buena parte de las ciudades medianas que se asientan en medio del mundo rural. Es el caso de la ciudad de Cuenca, que hasta hace muy poco vivía en gran medida de las gentes que bajaban de La Sierra y La Alcarria a realizar en la misma sus gestiones y compras. Así, tras el hundimiento de estas dos comarcas, podemos observar como desde hace unos años, la ciudad de Cuenca también se está viendo afectada por una despoblación que hasta ahora solo se había cebado con los pueblos de la provincia.

Ha tenido que ser cuando en dichas ciudades medianas se ha observado cómo las mismas empezaban a perder habitantes, cuando desde las distintas diputaciones provinciales y alcaldías de las localidades más importantes, así como desde las asociaciones de comerciantes de estas ciudades, que sus mandatarios parece que empiezan a preocuparse. Eso sí, esta preocupación se puede decir también que ha sido debida a la presión que las instituciones están recibiendo desde los movimientos asociativos que luchan contra la despoblación, lo que ha llevado a que finalmente se haya terminado por poner este problema encima del tapete.

Cardenete. Imagen del día 31 de marzo. En el día por la España Vaciada. Fuente: elaboración propia

Aun así, seguimos viendo cómo a pesar de que desde las instituciones, mientras por un lado se jactan de que van a hacer todo lo posible por solucionar este gran problema, sus actos siguen demostrando todo lo contrario. Volviendo a nuestro territorio, podemos ver como este año se han destinado veinticinco millones de euros para realizar un tercer carril en la autovía A3 en nuestra provincia, un carril que solo va a beneficiar a la circulación existente entre Madrid y el Levante.

Hay que decir que, aun entendiendo esta inversión, que va a apoyar la comunicación entre dos comunidades autónomas ricas y poderosas, ya que sirve para que Madrid siga desarrollándose y que el tráfico de mercancías desde la costa y viceversa sea más eficiente, generando así un mayor beneficio a esas tierras, nuestra provincia no se puede permitir que se la siga obviando. Pensemos que si esos veinticinco millones de euros se hubiesen destinado en vez de a la A3, a reabrir y mejorar la línea del tren tradicional, se  impulsaría el desarrollo económico sostenible de todos los municipios que la misma atraviesa y en los que hace parada, así como también generaría una cohesión económica, social y territorial de todos estos territorios, dando además la posibilidad de acercar turísticamente a localidades tan importantes como Madrid y Valencia a estos municipios conquenses.

Esta ceguera, intencionada o no, que se sigue manteniendo desde las instituciones, obviando a las pequeñas poblaciones, ignorando planes a largo plazo que sirvan de acicate para la recuperación de comarcas enteras y derivando las ayudas que se deberían de implementar en estos puntos para invertirlas en los grandes caladeros de votos, está generando un derrumbe generalizado que está arrastrando, en un efecto dominó, a un municipio tras otro y, por ende, a comarcas enteras que, como ya hemos visto, tarde o temprano y según se vaya perdiendo en población, terminarán por arrastrar y cercenar toda posibilidad de futuro también para la ciudad de Cuenca.

La pregunta es saber si mientras esto ocurre, los conquenses, tanto los que viven en la capital como los que viven a lo largo y ancho de la provincia, seguiremos mirando hacia otro lado o seremos capaces de tomar las riendas de nuestro futuro.

Jorge Garrosa Mayordomo

Miembro de Cuenca Ahora

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