La mujer en el espacio rural de la Serranía Conquense

¿Un problema sin solución?

Cuando últimamente escuchamos hablar a nuestros políticos, solemos oír como el tema de la despoblación en la España Rural es una de las principales preocupaciones que se suelen sacar a la palestra: les oímos hablar de su malestar ante los problemas que aquejan al mundo rural, de la gran emigración juvenil que acomete a estas tierras, de las reducidas tasas de natalidad, de los vecindarios altamente envejecidos y como singularidad, de la alta masculinización de los pequeños municipios. 

Resulta cuando menos interesante que, si nos decidimos a escarbar un poco en la superficie de todos estos problemas, veremos que los mismos se encuentran fuertemente entrelazados por un nexo común entre todos ellos, el desarraigo de la mujer actual de dicho mundo rural.

Sin querer extenderme en el porqué de éste desarraigo, el mismo se podría explicar brevemente en el sentido de que el rol de la mujer actual se ha visto transformado, desde las últimas décadas del pasado siglo XX a nuestros días, al dejar de ser esa persona que se encontraba sometida a los designios de sus familiares varones: padre, hermanos, abuelos… habiendo logrado en los últimos años, mediante un proceso de cambio personal y colectivo, una independencia con respecto a ellos que les está llevando a logros sociales que antes tenían negados por la simple condición de ser mujeres.

En este contexto, los pequeños municipios no han sabido o querido adaptarse a esta nueva realidad. Esta situación hace que las mujeres se encuentren con pocas posibilidades de encontrar algún tipo de trabajo que las satisfaga o que, al menos, no las obligue a depender de su pareja o su familia. También cabe decir que, aunque se pueda pensar que con la crisis que España está arrastrando desde el año 2008, las oportunidades de mercado ya no son lo que eran, los nichos de trabajo siguen siendo muy superiores en las ciudades a los que se encuentran en los municipios pequeños, lo que nos lleva al siguiente punto.

Aunque se puede hablar de una emigración generalizada de la juventud ante la falta de trabajo en los pequeños municipios, podemos observar cómo, dentro de esta marcha de la gente joven, la emigración es mayor por parte de las mujeres que entre los varones (dos mujeres por cada varón que se va)1. Este panorama nos lleva a una triste realidad y es que, a menor número de mujeres que deciden quedarse, se reduce el número de parejas estables, la creación de familias y por lo tanto la tasa de natalidad en los pueblos, conduciendo a un envejecimiento progresivo de los mismos y una mayor masculinización de estos.

La España masculinizada

Trasladando esta situación a los servicios que puede ofrecer un municipio, dicha situación de pérdida de gente joven se traduce en una reducción del censo y una pérdida de servicios básicos que se irá acelerando cuanto mayor sea el envejecimiento de la población. Esta situación puede llevar, como ha ocurrido ya en muchas localidades, a que un pueblo se  mantenga solo con las personas más mayores como últimos residentes. Finalmente, cuando esto sucede en un municipio, el mismo se puede considerar ya en estado terminal.  

En esta situación de envejecimiento y masculinización de las pequeñas localidades, observamos sin embargo la paradoja de que, muchas veces, según avanzamos en la edad de la población, esta situación entre hombres y mujeres se invierte, debido principalmente al hecho de que las mujeres gozan de una mayor esperanza de vida. En un informe elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico se expone que, mientras en el conjunto de España solo 1 de cada 5 mujeres supera los 65 años de edad, esta cifra aumenta hasta casi la mitad cuando nos referimos al conjunto de municipios con menos de 100 habitantes.

Una última mirada a la demografía de nuestro país nos muestra que, mientras en los núcleos urbanos o municipios de más de 10.000 habitantes, los censos de población mantienen en general una cierta estabilidad en cuanto a población entre ambos sexos o en cuanto a los índices referentes a la edad media (43,58 años) y les permite atisbar un futuro relativamente estable, si observamos las estadísticas de los municipios en orden decreciente de población veremos cómo, según disminuyen estos en número de habitantes, la edad media se va elevando progresivamente, lo que se traduce en una población altamente envejecida, donde escasean las mujeres jóvenes y por lo tanto se ven condenados a ir desapareciendo poco a poco ya que no se pueden crear nuevas familias que hagan de relevo a las personas que van muriendo.

Indice de envejecimiento por sexo y tamaño del municipio

Si nos centramos en nuestra provincia, un ejemplo claro de este contraste lo observamos en la media de edad de sus habitantes. Si esta es actualmente de 46,20 años, si nos dirigimos a los pueblos de la serranía veremos como esta cifra se dispara, alcanzando los 54,98 años de media en la Zona Básica de Salud de Cañete, una área que cuenta con 12 municipios o, los 58,95 años de media que se alcanza en la Zona Básica de Salud de Beteta, formada por otros 10 municipios.

Partiendo de estos datos: ¿cómo podríamos paliar el problema de la despoblación en estas dos zonas de nuestra provincia? 

Hay que decir que el hacer referencia a estas zonas básicas de salud y particularmente a sus pueblos de cabecera tiene una explicación: en los mismos todavía se mantienen una gran capacidad de servicios básicos como pueden ser el Centro de Salud propiamente dicho, la escuela, tiendas, etc…, lo que permitiría una recuperación relativamente sencilla de dichas localidades si se lograse asentar alguna familia en los mismos.

Partiendo de esta base, y si se actúa antes de que estos servicios desaparezcan (luego será prácticamente imposible), la apertura de una vez de las dos residencias de la tercera edad, que iniciaron su construcción allá por el año 2005 en Beteta y Cañete, y que actualmente se encuentran cerradas, sería un revulsivo importantísimo que podría servir como palanca para empezar a desandar el camino de abandono en que ahora se ve la serranía. 

Mujeres de Beteta manifestandose este año pasado contra la violencia de genero.

Los datos de estas dos residencias que se aportaron en su momento dicen que cada una de ellas generaría unos 40 puestos de trabajo directo, lo que significarían 80 puestos de trabajo en la Serranía de Cuenca. Este dato es de suma importancia si hacemos caso de un estudio realizado por el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT), donde podemos leer cómo “En la Asistencia en Establecimientos Residenciales las mujeres predominan sobre los hombres (Mujeres = 85,7% vs Hombres = 14.3%)”2, lo que nos lleva a una cifra de alrededor de 60 puestos de trabajo directos que serían ocupados por mujeres frente a unos 20 puestos por los hombres. A esto habría que sumar los trabajos de tipo indirecto que se generarían alrededor de estas infraestructuras en sectores como la hostelería, servicios, tiendas, etc… 

No voy a decir que estas dos residencias para mayores vayan a ser la salvación de nuestra provincia, nada más lejos de mi intención, pero probablemente, sí que podrían marcar la diferencia del futuro que les puede esperar, según se tome un camino u otro, para las dos comarcas donde están ubicadas, así como para buena parte de la Serranía de Cuenca. Como ya dije anteriormente en este artículo, se necesitan nuevas familias que hagan de relevo a las personas que van muriendo y esto solo se conseguirá si creamos las condiciones para que las mujeres puedan apostar por conseguir un empleo en estas tierras, y este podría ser un primer paso muy importante.

Lo demás, serán todo palabras huecas que podremos seguir escuchando de boca de nuestros políticos, pero que sin actos que acompañen a las mismas no nos llevaran a ningún sitio. Bueno, sí: a continuar asistiendo a la muerte lenta que vemos como, poco a poco, se va apoderando de estos lugares mientras ellos se ponen de perfil para que este problema no les afecte, seguros de que sus acólitos les seguirán votando sin exigirles ninguna responsabilidad por sus acciones o, en este caso, ante la inacción que está dejando morir un territorio.

1 Los datos y tablas expuestos en este artículo han sido extraídos del informe “Despoblación, Reto Demográfico e Igualdad”, elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Los datos censales han sido recogidos del Instituto nacional de Estadística (INE).

2 La prevención de riesgos laborales en el sector de asistencia en residencias de la tercera edad de la provincia de Valencia. Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT. Año 2017)

Jorge Garrosa Mayordomo

Miembro de Cuenca Ahora

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