Entrevista a José Fajardo

Dicha entrevista forma parte del tercer programa de La Alforja, que puedes escuchar a continuación:

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Cada día sabemos más científicamente de la naturaleza pero al mismo tiempo la comprendemos y la sentimos menos. ¿Qué relación tiene el ser humano con el paisaje y los ciclos de la naturaleza actualmente?

Yo no entiendo al ser humano sin la naturaleza. Es una relación que puedes tener más o menos viva, pero sí es cierto que nos alejamos. Ya no tenemos esa relación directa con los recursos locales. Cada vez somos un poco más tontos, sabemos hacer menos cosas. Ahora vas a comprar en las tiendas y no sabes de dónde proceden las cosas que compras.

 

En esta relación ancestral entre el ser humano y la naturaleza, entra en juego la etnobiología. Es un concepto con el que la sociedad está poco familiarizada. ¿Qué es la etnobiología?

Es una ciencia muy antigua, aunque el nombre es reciente. Es la ciencia encargada del estudio de la relación entre la cultura y los seres vivos, es decir, los usos tradicionales de la naturaleza. Hay tratados de los antiguos egipcios que ya tratan esta temática, como los usos de plantas.

 

En España hay catalogadas en torno a 2500 especies con usos tradicionales, suponiendo un tercio de la flora ibérica. ¿Quiénes son los guardianes de estos conocimientos? ¿Cómo se llega a ellos?

Hay una relación entre la diversidad cultural y la natural. El entorno mediterráneo tiene mucha biodiversidad, por lo que se han generado muchos conocimientos de usos tradicionales asociados a dicha diversidad natural.

¿Quién tiene esos conocimientos? No sólo basta con vivir en un entorno rural, también hay que tener interés sobre ello. La generación tradicional (la gente mayor) son las que los tienen, ya que han vivido de los recursos del entorno. Hay que entender que cuando eran jóvenes no tenían energía ni agua corriente ni saneamiento. Vivían igual que en los siglos pasados. 

Cabe decir que los conocimientos tradicionales no son estáticos, son dinámicos, que van evolucionando con las necesidades de la gente. Un ejemplo actual es lo relacionado con las setas. El interés actual ha añadido muchos conocimientos que antiguamente no se les daba valor (por ejemplo, antes no se recogían los boletus en la Serranía de Cuenca, y ahora tienen un gran valor). Por otro lado, hay conocimientos que se pierden, o mejor dicho, evolucionan, dado el cambio en los usos y necesidades.

 

Hemos pasado de unos conocimientos con base de trasmisión oral a la actualidad, donde la transmisión es mayoritariamente escrita. Esto, en parte, nos lleva de un conocimiento más dinámico a uno más estático. ¿Es necesario digitalizar los conocimientos tradicionales para no perderlos? ¿Hasta qué punto esto generaría un conocimiento “artificial”?

Todo son herramientas. Digitalizar es un recurso muy interesante, pero con ello sólo no es suficiente. Es necesario documentar, tomar grabaciones, testimonios, etc. Pero eso se debe complementar con el contacto directo, realizando actividades, para utilizar todos los sentidos. Hay cosas que hay que realizarlas presencialmente.

 

Son conocimientos remanentes en una generación de edad avanzada, generalmente en entornos rurales. Todo ello se junta a la falta de población joven en la España Vaciada, lo que impide la continuidad de estos saberes. ¿Crees que estamos en un punto de no retorno de pérdida cultural?

No creo que estemos en un punto de no retorno. Creo que estamos en un punto de cambio. He pensado mucho sobre ello en el caso de la cestería. No creo que vayan a perder las técnicas tradicionales. Considero que cambia la función. Pasa de la necesidad a lo lúdico. Los que continúan haciéndolo por gusto. Y creo que ahí reside el reto de los conocimientos tradicionales: dotarlos de nuevos sentidos.

Otro ejemplo es la gastronomía tradicional. Es una cocina de aprovechamiento, de guisar con lo que hay. Lo dicho, hay que dotarlos de nuevos sentidos. Por ejemplo, el aumentar y especializar la oferta gastronómica en alta montaña, usando verduras silvestres.

Un tema que tenemos que trabajar mucho es hablar bien de lo nuestro, darle valor a nuestro entorno. Es muy común escuchar que zonas de nuestros pueblos se denominan como “secarral”, siendo un matorral mediterráneo de plantas aromáticas (romero, salvia, espliego, etc.) con múltiples usos y que en otras partes del mundo tienen valor ornamental.

Tenemos mucha biodiversidad y muchos conocimientos tradicionales con gran potencial de desarrollo rural, por lo que debemos ponerlos en valor.

Está claro que en la artesanía o en los usos tradicionales no se puede competir en producción. Tiene que competir en otras cosas: calidad, valores, etc.

 

Mirando al futuro, el cambio climático ofrece un escenario incierto, en parte creado por unos modelos de producción y consumo diferentes a los tradicionales, en consonancia con el entorno. ¿Consideras que la recuperación de conocimientos tradicionales puede ser un arma de lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad?

Puede serlo, sí. Más allá de las actitudes individuales de bajo consumo, deben existir políticas que favorezcan a los pequeños productores presentes en el medio rural. Cualquier persona que tenga una iniciativa en un pueblo pequeño debería tener todas las facilidades administrativas.

Esto facilita mantener estos conocimientos de forma práctica.

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