Ni aguinaldos ni almanaques

Transcripción del artículo “Ni aguinaldos ni almanaques”  en “El día de Cuenca” el 31 de Diciembre de 1920.

NI AGUINALDOS NI ALMANAQUES

Hay dos costumbres en esta fecha que son la preocupación de muchísima gente. La costumbre, criticada de vicio y que efectivamente resulta una verdadera calamidad de pedir aguinaldos, y la de proveerse de almanaques de pared, gratuitamente, en los comercios y tiendas que los regalan entre sus parroquianos.

Estas dos costumbres, que habían adquirido extraordinaria expansión en años anteriores, están amenazadas de muerte, no sabemos si por el cambio de ideas, por la carestía aterradora de la vida, o porque todas las costumbres, modas y cosas humanas son finitas.

Este año la gente se resiste como nunca a dar aguinaldos. En muchas tiendas, oficinas y talleres aparecen unos carteles en letra roja que dicen secamente: “No se dan aguinaldos”.

En las puertas de no pocos pisos se han puesto también cartelitos con la misma advertencia, y en el que de un conocido nuestro, aplaudido autor cómico, hemos visto uno que dice: “No se dan aguinaldos, porque estamos en la mayor miseria”. 

La campaña contra el aguinaldo este año es seria. Se tira a desterrarle de nuestras costumbres a todo trance, y dignificar a los trabajadores, operarios y dependientes de todos los ramos, que incurrían en esta fea, antipática y bochornosa costumbre de pedirlos. Los aumentos de jornales y las condiciones económicas en que están colocados hoy los obreros, hacen inexplicable el aguinaldo.

Su abolición, por tanto, es lógica y justa. Su reinado toca a su fin.

En materia de almanaques de pared, ocurre lo mismo. Los comerciantes e industriales que, como reclamo de sus casas, los prodigaban entre sus clientes, han suprimido el regalo y no se encuentra un almanaque gratuito ni por un ojo de la cara.

Son modificaciones de los tiempos; economía que impone la vida cara.

Y para no amargarla más, lo mejor es que no sepamos nadie en que día vivimos.

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