La Batalla de Uclés de 1108

La Reconquista es de esos períodos históricos que todos estudiamos pero que en realidad pocos entienden. Esa mítica y eterna lucha entre moros y cristianos, invasores e invadidos, y la fiera lucha del pío cristiano liderado por Santiago (¡¡y Cierra España!!, no se vaya a escapar el gato) contra el infiel e impío musulmán que ocupaba con su vil cultura nuestra legendaria tierra, en parte es cierto e históricamente fiable, pero en otro tanto, y casi en igual porcentaje, no tiene para nada que ver con la realidad. Todo este pequeño discurso que tiene que ver con una enorme y profunda revisión histórica de nuestro pasado no está en relación con el episodio que vengo a contar, ya que narra la victoria musulmana en el campo de batalla contra los cristianos. En el pasado la religión era importante, sí, pero también la política. Y todo ello gira en torno a un personaje muy poco destacado en nuestro ideario medieval, el rey Alfonso VI.

La España de la Reconquista tenía una sociedad y un contexto político mucho más allá del plano religioso, y en el siglo XII los conceptos se mezclaban bastante. La política, el dinero, el poder y la fuerza militar iban por encima del rezo de cada persona, por eso, cuando el Califato Omeya se disgregó en las famosas Taifas, se hizo efectivo el refrán que hace del enemigo de tu amigo el tuyo propio. No hay que olvidar que el propio rey castellano Alfonso VI pasó una buena parte de su vida “recluido” en la Toledo musulmana, y que sería por eso por lo que consiguió conquistarla en el 1085; o que este mismo rey tuvo con una tal Zaida (nuera del rey moro de Sevilla) un hijo que estaba llamado a ser heredero y siguiente rey de Castilla. Que hubiera sido de ese discurso de bandos si Castilla hubiera tenido un rey medio musulmán medio cristiano.  Pero pongamos todo en antecedentes, porque hemos venido a hablar de Uclés y de Uclés hablaremos como bien se merece.

Tras la entrada de Alfonso VI en Toledo, los reyezuelos musulmanes del sur empezaron a asustarse, ya que el simbolismo de la ciudad del Tajo era importante para el mundo cristiano. Por eso, hicieron llamar a los almorávides, una importante cultura militar que controlaba el norte de África, con la firme intención de hacer replegar a los cristianos. Es cierto que antes he dicho que la religión tenía un plano secundario, pero no hay que olvidar que cada bando tenía su propia “cruzada” contra el otro por el mero hecho de controlar más territorio.

Figura 1: Castillo y Monasterio de Uclés, lugar donde se situaba la antigua fortaleza medieval. (Fuente: queverenelmundo.com

Los almorávides avanzaron por el sur de la Península con el objetivo de hacer retroceder a los cristianos, al menos más allá del Tajo, y por ello pusieron su foco en Uclés, uno de los puntos clave de la Meseta y que había pasado a poder cristiano por cesiones de plano político. Fue esta batalla un auténtico punto de inflexión en la expansión cristiana que el rey Alfonso VI había llevado a cabo durante los años anteriores. No hay que olvidar que es el mismo rey que tuvo a su servicio a nuestro famoso Cid, mercenario por donde quieran que lo miren que ponía su espada al servicio de aquel que más pagaba (Figura 1).

La clave de la batalla de Uclés estuvo en crear un verdadero punto de inflexión, militar, político y dinástico. Las tropas de Ali ibn Yusuf, quien consiguió llevar a los almorávides a su mayor cota de esplendor, derrotaron al ejército cristiano liderado por el hijo de Alfonso y Zaida, el joven Sancho Alfónsez, y sus lugartenientes, los famosos Siete Condes. A finales del mes de mayo de 1108 las tropas cristianas perdieron no sólo la batalla, sino un importante núcleo como la plaza de Uclés; y el rey perdió algo mucho más que la batalla, ya que murió su único hijo varón y por tanto su sucesor al trono, el príncipe Sancho, junto con los famosos “sicuendes” que tampoco fueron capaces de resistir el envite sarraceno.

Uclés fue la primera en caer, pero el efecto dominó afectó a las posesiones que Alfonso VI había recuperado en la zona de la frontera del Tajo gracias a diversos pactos y alianzas con reyezuelos musulmanes. De esta forma plazas como Ocaña o Huete volvieron a tener La Meca como referencia. Pero, sobre todo, la muerte del heredero al trono creó un auténtico terremoto político en la corte real, ya que la corona recayó sobre su hermana mayor Urraca. Las futuras disputas entre la ya reina Urraca y su marido, rey de Aragón, provocó a la larga la independencia de Portugal del territorio castellano.

Nuestras tierras han sido zona de fuego cruzado en varias épocas de la historia, pero si en el ideario colectivo hay un periodo protagonizado por guerreros a caballo que luchan con banderolas, esa es la Edad Media. Mitificado hasta la saciedad el mundo siempre interesante de las órdenes militares, no hay que olvidar que todo se mezclaba en conceptos difusos que recurrentemente acababan igual: a espadazos. Alfonso VI fue clave en el avance cristiano desde el norte, pero sus últimos años estuvieron más protagonizados por las derrotas que por las victorias. Perdió batallas, escaramuzas, condes o capitanes, pero perdió sobre todo a su sucesor. Que hubiera sido de la historia de la Península de no haber muerto un joven infante mestizo bajo las murallas de Uclés.

Para saber más

Reilly, B. (1989): El reino de Castillo y León bajo Alfonso VI. Toledo.

Salas Parrilla, M. (coord.) (2008): La Batalla de Ucles (1108) con los almorávides. Su contexto histórico. Tarancón.

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