El Culto a la Cultura: La iglesia como espacio cultural

Imagen de cabecera: Contraste (Catedral de Cuenca). Fuente: Pablo F. Alcocer (@pablofalcocer)

Si os dijera que Extremoduro le debe sus éxitos a un Papa, probablemente pensaréis que os intento tomar el pelo. Sin embargo, grosso modo, así es. La música occidental y la música clásica comparten su pasado con la música sacra gestada entre las paredes de monasterios e iglesias. Gracias al Papa Gregorio Magno y su canto Gregoriano, y más tarde al monje Guido D’Arezzo y su creación del tetragrama y las notas musicales, podemos disfrutar de este arte que es la música tal y como la entendemos hoy en día y dejarnos la voz por nuestro señor Jesucristo… García en mi caso. 

La música per se, ha sido empleada durante siglos como método para enseñar al público y fieles, que, buscando su hueco en el Cielo, acudían a la Iglesia. La música fue así el método más eficaz para conseguir adeptos, y si no que se lo pregunten a Martín Lutero.

Estas composiciones medievales y renacentistas fueron el germen de la polifonía y las primeras piezas pensadas para representar en iglesias y catedrales. Gracias a estos lugares sagrados gozamos de piezas tan singulares como ‘La misa de Notre Dame’ de Guillaume de Machaut  (pensada especialmente para la Catedral de Nuestra Señora de Reims). Y es que son numerosos los ejemplos de iglesias, catedrales y otros espacios eclesiásticos cuyas características acústicas son la envidia de muchas salas de conciertos. Ejemplos como el baptisterio de Pisa1, cuya reverberación permite a un único intérprete crear acordes y melodías como si de un ensemble se tratara; o nuestra preciosa San Miguel, cuyas cualidades acústicas han sido replicadas dentro de una aplicación dedicada a la producción musical2.

No es de extrañar que para la programación de las grandes piezas del repertorio sacro se busquen espacios como Notre Dame de París, San Marcos en Venecia o, como viene siendo tradición en nuestra Semana de Música Religiosa, la catedral de Santa María y San Julián de Cuenca. Estos conciertos son la delicia no solo del oído de aquellos que asistan a estas funciones, si no una experiencia gracias a esa sinestesia de luces y colores de los instrumentos y las armonías arquitectónicas.

La limitación muchas veces la encontramos en que estos espacios están reservados para momentos muy concretos y a los que prácticamente solo puede acceder aquel que tenga un repertorio de carácter religioso.

Los programas clásicos, aquellos sin relación directa o cuyas piezas no formen parte del repertorio sacro, no suelen formar parte del repertorio de iglesias o espacios sagrados, y menos aún si nos referimos a otros estilos como el jazz o el flamenco. Esto se debe en parte a la prohibición que existe de interpretar música ‘profana’ o ‘que no esté en consonancia con la santidad del lugar’ en estos espacios sagrados, así como a la reticencia de algunos sacerdotes y párrocos. Esta prohibición la podemos encontrar en el artículo 1210 del Derecho Canónico3, aunque siempre está en manos de la autoridad eclesiástica competente permitir o no otros usos, si los considera adecuados y no contrarios a la virtud del lugar. Este uso distinto al propiamente religioso les puede causar la pérdida de su condición de lugar ‘sagrado’ mediante la denominada ‘desacralización’ si se produce de manera reiterada. Tal y como podemos leer en el artículo 1212 del Código previamente citado, esta condición sagrada se puede perder de facto si sus actos ‘son reducidos de manera permanente a usos profanos’.

Interior Boekhandel Dominicanen (Maastricht). Fuente: Bea Merino (@beawanders)

Este desuso de los diferentes espacios eclesiásticos, ya sea por los desastres derivados de conflictos bélicos, como por el paulatino cierre de propiedades de la Iglesia, debido en parte a la merma de moradores entre sus paredes, suponen en numerosas ocasiones la pérdida de un patrimonio cultural de valor incalculable por su destrucción o su venta a terceros.

Encontramos de esta manera abundantes ejemplos de capillas, iglesias… que, tras este proceso, tienen una nueva vida como espacios de diversa índole. En Países Bajos, por ejemplo, tras la disminución continuada de feligreses, la Iglesia se ha visto obligada a la venta de estos inmuebles. Estos se han visto transformados en casas, bibliotecas, bares y cervecerías, salas de conciertos o exposiciones e incluso tiendas de ropa y discotecas. Nombrando alguna de sus transformaciones, tenemos la famosa sala Paradiso4 de la capital neerlandesa. Por las puertas de esta antigua iglesia, reconvertida en Marzo del ‘68 en sala de conciertos, han pasado artistas de renombre y eclécticos estilos como los Rolling Stones, pasando por Amy Winehouse, Nirvana, James Brown o Eminem, por citar a algunos de ellos. Cabe destacar a su vez la Boekhandel Dominicanen de Maastricht, denominada como una de las librerías más bonitas del mundo, albergada en la iglesia gótica del siglo XIII fundada por la orden que le da su nombre. Esta búsqueda de la funcionalidad tan típica de países del norte ha conseguido que estos edificios sigan siendo visitados y admirados y no se pierdan entre el tiempo y la desidia de los gobiernos y administraciones.

Pero estos ejemplos de transformación no son exclusivos de norteños países fríos. A cualquiera que haya tenido la suerte de perderse por las calles de Madrid le habrá chocado encontrar, apenas a unas calles de otros edificios revividos como el Matadero y el Espacio Promoción de Arte La Tabacalera’, una iglesia semiderruida y, mágicamente, totalmente viva en su interior. Me refiero a las Escuelas Pías de San Fernando, actualmente biblioteca y Centro Asociado de la UNED. Y es tan solo uno entre los cientos de ejemplos de estas transformaciones que alberga la capital española, así como ejemplos en la ciudad Condal (Capella del Convent del Angels, empleado en numerosas ocasiones como escenario en el Sónar), o Euskadi (Convento de La Merced en Bilbao, sede del Bilborock), entre otros.

Concierto (Iglesia de San Miguel). Fuente: Bea Merino (@beawanders)

Ejemplos más cercanos tenemos en la capital conquense, donde espacios que han ‘perdido’ este carácter sagrado han sido convertidos en salas de exposiciones (Iglesia de la Santa Cruz) o galerías de arte contemporáneo (Fundación Antonio Pérez, Espacio Torner) entre otros, así como la iglesia de San Miguel como sala de conciertos. Tenemos como ejemplo a su vez la Iglesia de San Andrés, cuyo desempeño es el de almacén de la junta de cofradías al guardar los pasos procesionales durante la Semana Santa y sala de exposiciones en repetidas ocasiones, y que ha sido empleada recientemente como escenario. Podemos citar el recital de bel canto como parte del ya consagrado ciclo QCM (Cuenca Ciudad de Música) del pasado diciembre o los ciclos de Cámara de la Banda Municipal de la capital conquense. Mediante estas acciones, se ha conseguido que espacios cerrados a merced del olvido, hayan resurgido de esa leyenda del tiempo y se vuelvan a llenar de vida gracias a las artes.

Además, otros espacios que aún cuentan con este adjetivo de ‘intocables’, han sido empleados en numerosas ocasiones para otros eventos de carácter cultural: ejemplos como la libertaria exposición de Ai Weiwei en la catedral de Cuenca.

Estos usos de carácter plenamente cultural han permitido a todos aquellos reacios y temerosos a entrar en iglesias el poder disfrutar de estos edificios tanto por su belleza estética como por el evento al que acuden. Se consigue así que este patrimonio arquitectónico se una al patrimonio cultural, pudiendo discernir de cultura y culto, embarcándonos en un viaje hacia lo espiritual del arte, si me permitís invocar a Kandinsky.

Vista del Altar (Catedral de Cuenca). Fuente: Pablo F. Alcocer (@pablofalcocer)

En estos tiempos en los que los auditorios y salas de conciertos no han podido abrir sus puertas a sus fieles creyentes, han sido precisamente las iglesias y catedrales de los únicos que han podido seguir escuchando música entre sus paredes, como hemos podido ver y disfrutar, por ejemplo, en el ciclo ‘Música en la Catedral’ de esta joya gótica que reina la Plaza Mayor.

Y yo me pregunto, ¿por qué no mantener y reforzar este vínculo que se ha creado? ¿Por qué no intensificar y aumentar el número de recitales, conciertos y exposiciones en estos lugares? ¿Por qué no llenarlos de música? Si están declarados como Bienes de Interés Cultural, colmémolos de Cultura. Aprovechemos este inmenso patrimonio del que disponemos en nuestra preciosa ciudad, y no me refiero solo al arquitectónico, y enriquezcamos con música cada rincón.

En estos tiempos en los que la fe y el culto religioso han predominado sobre el resto de placeres mundanos, empecemos a considerar las artes, y en especial la música, como esa religión que nos une a todos. Quizás sea ella la que nos pueda dar la Paz.

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