Reseña del libro de Samir Delgado “Pintura número 100”

Cuenca y los artistas canarios

Aprovechando el centenario del nacimiento del artista canario Cesar Manrique (1919-1992), Samir Delgado se suma a la celebración con un poemario denominado “Pintura número 100”. El título coincide con el nombre de la pieza del artista isleño que luce en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca desde su apertura en 1966. Está volcánica y matérica obra fue realizada mediante la utilización de óleo y tierra sobre el lienzo en 1962, y es una de las fuentes de inspiración para el poeta que lleva años transformando el mapa cartográfico mental en su obsesión por fusionar la cultura canaria con nuestra tierra castellana, tendiendo lazos que ya son auténticas redes. Apuntar que el poemario ha sido muy bien recibido en el espectro literario siendo reconocido con el XXV Premio Internacional de Poesía Tomás Morales.

La circunstancia de esta presentación nos sirve para señalar la importancia que los autores de estas islas tienen en las colecciones pictóricas conquenses. No podríamos entender este Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca sin la sempiterna presencia de las arpilleras de Manolo Millares, artista del que tenemos el privilegio de disfrutar también de una sala en la Fundación Antonio Pérez de un valor supremo, única en nuestro país gracias a la generosidad de Elvireta Escobio y las hijas de Manolo Millares.

De la misma forma, volviendo a la colección de Fernando Zóbel encontramos la huella permanente de Martin Chirino (1925-2019) el artista que supo esculpir al viento en una de las piezas icónicas del espacio e incluso de otros que permanecen en los fondos de la colección como Alejandro Reino (1933-2018) cuya presencia encontramos desde el primer catálogo del museo realizado en 1966.

Samir sabe captar con verdadero convencimiento y devoción esta poderosa presencia en nuestras tierras de los más importantes representantes artísticos contemporáneos del archipiélago canario.  En este poemario que nos ocupa se detiene también (como no podía ser de otra forma) en sus Islas Canarias, principio y fin de la vida y obra de Cesar Manrique. El poeta afincado actualmente en México nos ofrece versos con un marcado carácter existencialista alejándose del lirismo de su anterior obra, la zobeliana “Jardín Seco”. Nos habla de la memoria “manos que heredan el calor de la tierra”, en un ejercicio de nostalgia “Allí el tiempo arrecia un círculo de tiza cautivo por el cardumen que juega a los dados con el silencio del agua”, siguiendo la tradición de los grandes poetas Luis Cernuda o Jorge Guillen que como él recordaron con brillantez desde el exilio mexicano la tierra que les vio nacer.

Jorge Monedero

Por un ojo de aguja la humacera mayúscula

hierve el rojo a los cuatro vientos del mediodía lunar

 

La espátula en duermevela acaricia el asfódelo

negro del lomo de la bestia con su otra sangre

de metal y escarcha

 

Una bocanada de estrella a la sombra del muelle

infunde su lajial milenario con toques de corneta

 

Canta el mirlo desde la infinitud del blanco

a la zozobra de la bocaina celeste

 

La ceniza prende otra llama y arde entonces

el incendio más puro

Samir Delgado "Pintura número 100"

Deja una respuesta