Entrevista a Ana Santos Aramburo, directora de la BNE

Ana Santos Aramburo (Zaragoza, 1957) es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza y Diplomada en Biblioteconomía y Documentación por el Centro de Estudios Documentales del Ministerio de Cultura. En 1982, comienza a trabajar en la Universidad Complutense de Madrid, donde desarrolló buena parte de su carrera profesional durante más de veinticinco años. Entre 1993 y 2001 ocupó la Vicedirección de la Biblioteca de la Universidad Complutense, responsabilizándose de la implantación del programa de gestión informatizada y de la incorporación de nuevos servicios de acceso a información científica a través de la red. Entre octubre de 2003 y marzo de 2007 fue la Directora de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, que es la depositaria del patrimonio bibliográfico de la Universidad Complutense. Fue también Directora General de Bibliotecas y Archivos del Ayuntamiento de Madrid​ y Directora de Acción Cultural de la Biblioteca Nacional (2007-2011). Desde febrero de 2013 dirige la Biblioteca Nacional de España.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) fue creada en 1711 por Felipe V como Real Biblioteca Pública. Desde entonces ha permanecido siempre fiel a su principio básico de reunir, catalogar, conservar, difundir y transmitir el patrimonio bibliográfico y documental español. La BNE es el centro depositario del patrimonio bibliográfico y documental español que se produce en cualquier tipo de soporte o medio. Sus colecciones –de incalculable valor patrimonial– incluyen manuscritos, incunables, impresos antiguos, estampas, dibujos, fotografías, grabaciones sonoras y audiovisuales, partituras, mapas, prensa, revistas, carteles y otros materiales.

Ana Santos Aramburo. Fuente: Biblioteca Nacional de España

La Biblioteca Nacional de España

Las bibliotecas son una suerte de cofre donde se atesora el conocimiento. Una especie de templo pagano donde se salvaguarda el saber humano. En concreto, la Biblioteca Nacional de España (BNE) es guardiana del patrimonio bibliográfico y documental español desde hace más de 300 años. ¿Qué representa esta institución hoy en día?

La Biblioteca Nacional conserva aquello que miles de hombres y de mujeres nos han dejado. Sus ideas, su pensamiento, su capacidad de creación, sus logros científicos… en definitiva, aquello que nos ha hecho avanzar, que ha mejorado nuestra sociedad. Hoy, la BNE sigue guardando el conocimiento y la creación que se genera en cualquier tipo de soporte e, incluso, en Internet. Por lo tanto, representa la memoria, pero trabaja para el futuro.

 Los fondos y colecciones de la BNE son una representación de la cultura española y, tanto por cantidad como por valor, muestran la riqueza cultural de nuestro país. Sin embargo, a veces da la impresión de que cuesta llegar a ciertas partes de la sociedad, como si faltara un eslabón entre la cultura y las aceras. ¿Qué cree que se debería (o podría) hacer para que seamos conscientes del gran patrimonio bibliográfico y documental que tenemos?

Estoy de acuerdo en la necesidad de crear esa conexión. Para esto, llevamos años digitalizando nuestras colecciones y facilitando su acceso a mayor cantidad de usuarios, realizando aplicaciones con diversas finalidades dirigidas a todo tipo de públicos, programando actividades culturales a las que puede acudir gratuitamente cualquier persona… La BNE no es una institución elitista o cerrada y debemos lograr que así se perciba.

En determinados momentos de la historia, el ser humano ha sido limitado a la hora de expresarse mediante el yugo de la censura. Un claro y reciente ejemplo es la quema de libros en numerosos lugares durante la dictadura franquista. Así pues, ¿qué tipo de información se perdió o dejó de ingresar a los fondos de la BNE?

Obviamente, se perdió mucha información. En la postguerra la producción editorial española descendió de forma significativa, tanto porque la creación fue menor como por la censura y el resultado fue que ingresaron muchos menos libros y otros materiales en la BNE. A esto hay que añadir las obras de los autores exiliados que se editaron fuera de España.

Algunas de estas obras se han recuperado: en los años 60, por ejemplo, ingresó la colección Comín Colomer, que contiene abundantes ejemplares censurados y, además, intentamos comprar obras de los escritores del exilio. Así mismo, a través del Ateneo Español en México, hemos recibido donaciones de libros y revistas editados en aquel país.

Son tiempos de constante incertidumbre. Las sucesivas crisis están modelando nuestra sociedad y nuestra propia forma de vivir y ver el mundo. ¿Cómo afectó la crisis de 2008 a las bibliotecas y, en especial, a la BNE? ¿Y la actual de la Covid-19?

Ambas crisis han afectado de manera importante, pero diferente. La crisis económica de 2008 generó, en años sucesivos, un descenso por encima del 48% del presupuesto, unido a la falta de incorporaciones de nuevos bibliotecarios. Hubo que emplearse a fondo para mejorar la gestión e intentar hacer más con menos, además de buscar alianzas, tanto públicas como privadas.

La irrupción de la Covid-19 ha afectado a la forma de trabajar, lo que nos ha obligado a definir y evaluar las tareas y a modificar el servicio público presencial, adaptado a la normativa sanitaria; pero, sobre todo, nos ha demostrado que la estrategia digital emprendida hace unos años era la acertada.

Una de las características de la BNE es la multitud de proyectos de colaboración que promueve. ¿Qué proyecto destacaría con las Bibliotecas Públicas del Estado (BPE)?

Destacaría la puesta en marcha del depósito legal electrónico. Queremos que el trabajo realizado en la BNE sirva para todos y no tenga que rehacerse. Para nosotros, resulta esencial la selección de sitios web que hacen los bibliotecarios desde las bibliotecas de las CCAA. Supone un importante ahorro y un conocimiento compartido que nos ayuda a todos. Por tanto, creo que es un modelo de colaboración eficiente.

Fachada principal de la Biblioteca Nacional de España. Fuente: elaboración propia

Bibliotecas y la España Vaciada

De Zaragoza y bibliotecarias. Casual convergencia entre usted y María Moliner, una de las máximas exponentes de la lengua castellana y partícipe de las “Misiones Pedagógicas” de la II República, donde se llegó a más de 7.000 pueblos. ¿Serían necesarias hoy en día otras Misiones Pedagógicas en la España Vaciada?

María Moliner, a la que admiro profundamente, nos dejó un legado impagable.  Considero que, hoy, el espíritu que inspiró a las Misiones Pedagógicas, sigue siendo necesario y no solo en la España Vaciada. Es necesario reconocer el valor esencial de la educación y el acceso al conocimiento para fomentar el pensamiento crítico y, por lo tanto, la libertad de las personas. Actualmente, todo es más sencillo que entonces; a la España Vaciada se llega de muchas maneras y hay zonas donde se realiza una importante actividad cultural local, impulsada por jóvenes con formación y que aman a su tierra, ¡No hay más que conocer, por ejemplo, esta revista! Esto tiene un gran valor porque sirve para fomentar el arraigo de las personas, además de ofrecer nuevas oportunidades.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quieren acordarse, transcurrió una decisiva parte de la historia literaria castellana. Ejemplos son Cervantes y el Quijote, las muertes de Quevedo y Jorge Manrique o nombres de la talla de Fernando de Rojas, Arcipreste de Hita y Fray Luis de León. ¿Cree que el centralismo cultural en torno a Madrid ha hecho olvidarse de esta tierra?

No lo creo así, hablamos de historia literaria con mayúsculas. El centralismo cultural no es bueno porque no es del todo cierto; vivimos en un país de una enorme riqueza cultural que se sigue generando en diferentes lugares de nuestra geografía y debe llegar a todos. Afortunadamente, Internet es un gran aliado y en nuestras CCAA se ponen en marcha grandes proyectos culturales.

Cuenca ha servido como musa e inspiración a escritores de la talla de  Góngora, Pío Baroja, Gerardo Diego o Pedro de Lorenzo. Quizás será por su sensación de aislamiento, la congelación del paso del tiempo y su perfecta fusión con la naturaleza. ¿No le parece que Cuenca podría ser un escenario ideal para acoger eventos culturales de carácter nacional?

Puede y debe serlo y de hecho lo ha sido en varias ocasiones que yo recuerde. Es una de las ciudades españolas que reúne especiales características para ello.

La alfabetización digital o, lo que es lo mismo, el desarrollo de habilidades para el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) es fundamental para una inclusión digital efectiva. ¿Está involucrada la BNE en algún proyecto de estas características? ¿Se contempla la situación del mundo rural?

Este tema es de vital importancia y hemos sido más conscientes con la irrupción de la pandemia. El año que viene pondremos en marcha un nuevo plan estratégico que contempla este objetivo y pensamos desarrollar acciones encaminadas dentro de un plan denominado “La BNE para los ciudadanos”.

Escalinata interior de la Biblioteca Nacional de España. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Nuevas tecnologías y digitalización

La BNE como institución pública ha liberado más de 220.000 títulos y 30 millones de páginas digitalizadas, dejando de cobrar por su reproducción y su permiso para uso comercial, con intención de apoyar al sector y la industria cultural. Esto es un claro ejemplo de cómo la BNE antepone el acceso a la cultura al interés económico. ¿Cree que el sector cultural es una de las áreas donde se antepone el interés general al económico?

Depende del sector que hablemos porque los creadores deben vivir de su trabajo, pero las instituciones públicas, como lo es la BNE, deben trabajar pensando en la necesidad de devolver a la sociedad el inmenso valor que representan sus colecciones y por ello adoptamos esa medida.

Esta digitalización no hubiera sido posible sin una alianza público-privada, en este caso con Telefónica, que en 2008 invirtió 10 millones de euros. ¿Realmente es necesario que actúe el sector privado como “mecenas”?

Dada la reducción presupuestaria de los últimos años resulta imprescindible buscar alianzas, aunque no hace falta pensar exclusivamente en el sector privado. Hay sectores públicos cuyos fines son coincidentes con los nuestros, por ejemplo, la estrategia digital de los cinco últimos años ha salido adelante gracias a la colaboración con Red.es y ahora esperamos recibir ayudas a través del Plan de Rescate que está impulsando el Gobierno de España.

Hay unos sugerentes datos que nos obligan pararnos a pensar. En 2019, el número de usuarios que accedieron a las salas de lectura ascendió a 104.296 personas. Sin embargo, los documentos descargados en la Biblioteca Digital Hispánica y la Hemeroteca Digital suman 9.671.650. ¿Ha democratizado esta digitalización el acceso a la cultura?

Sin duda alguna y es algo maravilloso. Toda persona que tenga curiosidad intelectual, que quiera aprender o descubrir algo puede “entrar” en la BNE y, sobre todo, usar las colecciones para generar nuevo conocimiento, reutilizarlas para lo que quiera o simplemente gozar con su belleza o con su contenido.

En vista de estos datos, parece vislumbrarse que el futuro pasa por las tecnologías. ¿Cómo afronta la BNE esta nueva etapa y qué planes tiene?

Tenemos muchos planes y no nos falta la ilusión. Queremos seguir digitalizando nuestras colecciones y conservando los contenidos de la web española, pero sabemos que debemos mejorar el acceso y las herramientas y fomentar la reutilización de datos y contenidos digitales para otros fines. Queremos que el conocimiento llegue a todos y que permita a las personas descubrir, aprender y disfrutar.

Escultura de Gabriel Muñiz. Fuente: Biblioteca Nacional de España

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