Entrevista a Alex Garriga, Alfonso Martínez y Antonio Arregi

“Lo mejor de la escalada libre es la sensación de encontrarse ingrávido, como bailando sobre el abismo, ascendiendo sin traba alguna. En estos momentos el hombre se siente como un aviador en el espacio, ya no es gusano pegado al suelo, sino que se convierte en una ágil gamuza, casi se siente como un pájaro.”

Así definía Lionel Terray (1921-1965), alpinista francés conocido por las primeras ascensiones al Fitz Roy o el Makalu, el por entonces incipiente deporte de la escalada en libre. Este deporte, en claro ascenso popular en los últimos tiempos alrededor del globo, encuentra en Cuenca uno de sus mayores templos.

Sin embargo, bien sea por falta de promoción o por el habitual secretismo que suele existir entre los practicantes, esta cualidad que Cuenca posee como uno de los íconos a nivel mundial para practicar la escalada resulta desconocida fuera de los círculos fanáticos de esta disciplina.

Resulta habitual encontrar conquenses que desconocen la cantidad de estrellas mundiales que han venido a probar las duras y largas vías alrededor de la ciudad, y fuera de nuestros límites territoriales es difícil encontrar a alguien que relacione a la ciudad con algo distinto a las Casas Colgadas o el chiste de mirando a Cuenca.

Para hablar de estos temas nos reunimos con Alex Garriga, Alfonso Martínez y Antonio Arregi, tres de los mejores escaladores de la provincia y entre los jóvenes destacados en el ámbito nacional. Nos encontramos en el sector conocido como “Museo de los horrores”, situado en la Hoz del Huécar, cuyas vías oscilan entre el 7b y el 9a, por lo que hablamos de un sector apto únicamente para privilegiados como nuestros protagonistas.

  1. Contadnos un poco de vosotros. ¿Desde cuándo lleváis escalando? ¿Cuándo nació vuestra pasión por este deporte?

Alfonso Martínez (A.M.): Empecé a escalar en Salamanca, mi lugar de nacimiento, en un rocódromo de la ciudad, y a la semana siguiente ya estaba escalando 3 días a la semana, a la siguiente 5, y en cuanto descubrí la roca ya no pude parar.

Alex Garriga (A.G.): Yo empecé a escalar modo fanático desde hace 5 años y medio, aunque ya conocía la escalada debido a que mi padre la practicaba en el pasado. Tenía el material y, desde entonces, por algún motivo que desconozco, empecé a escalar sin parar.

Antonio Arregui (A.A.): Empecé hace unos 4 años escalando en un rocódromo porque me invitaron a un cumpleaños. Me apunté a las clases, y desde hace dos años escalo en roca.

  1. ¿Como percibís el crecimiento de la escalada en los últimos tiempos y a qué creéis que se debe?

A.G.: Yo lo percibo bastante salvaje. A nivel de escalada en roca habrá más gente, pero no una locura, creo que será más a nivel de rocódromos, debido a las olimpiadas, a modalidades como la velocidad. Por ejemplo, en Madrid muchos amigos me cuentan que los rocódromos están llenos de gente no escaladora. Creo que el crecimiento será más acusado a nivel rocódromos, pero no temo la masificación.

  1. Vosotros, que imagino conoceréis los mejores sitios de España para escalar, y tratando de ser objetivos, ¿en qué posición pondríais a Cuenca en este ranking?

A.M. EL NÚMERO UNO [risas]. Hay que tener en cuenta que quizá sea el único sitio de Europa donde vives en un lugar con universidades, centros de salud, etc. y que tienes las vías a cinco minutos.

A.A. Como escuela de escalada es verdad que existen otros lugares como Rodellar o Maragalef que quizá sean mejores; lo que pasa es que están en un pueblo pequeño y los escaladores locales no residen allí. Si tenemos en cuenta el factor de que puedes vivir en una ciudad de 50.000 habitantes y capital de provincia, Cuenca no tiene rival.

A.G. A nivel de vías, como escuela de escalada, hablamos de Top 3, por número y calidad.

  1. ¿Qué creéis que le falta a Cuenca para tener la repercusión de otros lugares como Margalef, Albarracín o Mallorca, y atraer tanto a aficionados como a escaladores profesionales a venir e incluso instalarse en la ciudad?

A.G. Yo creo que lo primero que tiene Cuenca es que tiene un estilo más “cabroncete”, ya que cuando vas subiendo la dificultad las vías son más obligadas, con pocos pies. Son vías complicadas. Por ejemplo, Margalef es más cómodo, tiene más pies y eso a la gente le gusta más, aunque yo creo que todo es cuestión de modas. 

  1. A nivel institucional, ¿creéis que el colectivo y en general todas las personas con iniciativas relacionadas con este deporte tienen el apoyo necesario?

A.A. Yo creo que la escalada se impulsa muy poco, la mayoría de los conquenses no saben lo que tienen a 5 minutos de su casa. Para el peso que tiene, ya que aquí han venido escaladores de talla mundial, los locales no saben lo que tienen.

A.G. Por ejemplo, hace poco montaron un rocódromo en Chillaron, y eso me pareció curioso y está bien, pero a nivel de escalada en roca se explota poco.

A.M. El propio ayuntamiento quizá desconozca que hay gente escalando aquí, que tiene que equipar las vías, etc.

  1. ¿Cuál pensáis vosotros que debería ser el modelo de promoción del deporte en la ciudad: competiciones, turismo activo, etc.?

A.G. Lo primero que veo en otros lugares es que tienen un parking de autocaravanas, con baños y un bar, ya que es lo que más le gusta a la gente. Un lugar donde puedas ducharte y tomar algo. También es necesario promocionarlo por las redes sociales, hacer una super quedada por ejemplo, aunque es más importante crear una infraestructura, que tampoco exige una inversión de locura y que podría atraer más a la gente.

A.M. Quizá sería interesante no solo promocionar la escalada en la ciudad sino también en la provincia, ya que hay mucha roca en lugares como por ejemplo Uña, aunque también debemos tener en cuenta el posible impacto ecológico de ese crecimiento.

  1. ¿Creéis que la escalada puede ser un motor económico para la ciudad? ¿Puede suponer una salvación para la España vaciada, en particular para la serranía celtibérica?

A.A. Es lo que hablábamos anteriormente, existen ejemplos como Rodellar.

A.G. Exacto, podría ser un motor porque existen ejemplos en la sierra catalana donde hay pueblos que viven casi en exclusiva de la escalada.

A.M. De acuerdo, es un modelo parecido al esquí, donde existen localidades volcadas con ese deporte.

  1. Aparte de los sectores de la ciudad, ¿qué otras zonas recomendáis para practicar vuestro deporte o actividades relacionadas en los alrededores?

A.G. Por aquí nosotros limpiamos bastantes bloques, aunque no hay mucha gente que venga a Cuenca a hacer Boulder (excepto algún desquiciado), pero están también muy bien. También hay zonas cerca de arenisca que molan. En definitiva, a nivel de roca hay muchísimas zonas que explotar, aunque algunas de ellas son parques nacionales y hay que tener cuidado. 

A.A. Aquí cerca está Albarracín también, aunque ya es un lugar con bastante promoción y el barranco del fin del mundo.

A.M. En Guadalajara hay zonas con mucha roca y no se conoce tanto. En Priego también hay buenos lugares para escalar.

A.G. Valeria también es conocido y va bastante gente, hay muchas vías fáciles y para la gente que está empezando es muy buen sitio.

  1. A los críticos que hablan del impacto medioambiental de la escalada, ¿qué les diríais?

A.A.  Obviamente hay un impacto y necesitamos encontrar el equilibrio, pero tampoco hay que criminalizarnos. El problema de la escalada es que la gente lo critica porque da menos dinero que otras actividades. Por ejemplo, en Villalba no dejan equipar vías, pero existe una vía ferrata en el Ventano del Diablo con un impacto mucho mayor.

A.M. Es cierto que a lo mejor hace veinte años los escaladores no estaban tan concienciados con este tema como pueden estarlo las generaciones que escalan ahora.

A.G. Por ejemplo, hay épocas de nidificación y durante esos 6 meses no se escala. Si tenemos que ajustarnos a ello, no se escala y no pasa nada. El problema de Cuenca, al ser una escuela tan cerca de la ciudad, es que el mayor impacto en la naturaleza, en especial a nivel de basura, no es de los escaladores.

A.M.  Hay días como Jueves Lardero o San Julián donde se ensucia más que lo que lo hacen los escaladores en todo un año.

A.G. Aquí en este sector, que escalamos muy pocos, la única basura que he visto la traen gente que no es escaladora.

A.A. Cuando hemos ido a equipar vías o a limpiar bloques, hemos encontrado basura en algunos lugares que no sabemos cómo ha llegado hasta allí. Nos hemos llegado a encontrar cuevas llenas de litronas.

  1. ¿Cómo os han afectado las restricciones causadas por la crisis de la Covid-19?

A.G. Cuando fue el confinamiento, pues mal como a todo el mundo. Pero también me afectó en un sentido positivo, ya que monté un plafón en casa y ahora entreno ahí, cosa que nunca habría hecho si no hubiese habido confinamiento.

A.M. Sí, a mí me “adoptó” Alex en su casa durante esos meses, y de hecho creo que salimos más fuertes al dedicar más tiempo a entrenar el físico.

A.G. Realmente hemos tenido suerte, un montón de gente lo ha tenido muy jodido.

  1. Y a nivel de crear escuela, ¿creéis que falta fomentar más este deporte en los colegios para de esta forma poder tener generaciones de escaladores locales en el futuro?

A.G. Yo creo que se fomenta bastante, en el rocódromo de aquí van bastantes colegios y está bien. Luego yo creo que para que sigan escalando depende más de la familia. 

A.A. Yo creo que también es importante que la gente deje de concebir la escalada como un deporte de riesgo o como algo extremo.

A.G. Tiene riesgo, pero la gente lo ve como un riesgo exagerado, como cosa de psicópatas. Yo creo que los padres no ven ningún problema en el rocódromo pero tienen una mala concepción en cuanto a la seguridad respecto a la escalada en roca.

A.A. Lo importante es que la gente tenga buena información sobre en qué consiste este deporte.

A.M. Yo creo que la percepción que hay en Madrid con rocódromos que son prácticamente gimnasios y la gente va solamente allí es diferente. El rocódromo de Cuenca no deja de ser un sitio humilde llevado por gente que le encanta la roca.

A.G. Yo sí veo niños en el rocódromo que con 8 años hacen cosas increíbles, que pienso, como siga así este niño va a ser un inhumano.

  1. ¿Qué proyectos tenéis para el futuro?

A.G. Intentaré hacer las vías que me vayan quedando y equipar algunas más.

A.A. Eso cambia con el tiempo porque a lo mejor empieza a hacer calor, y vas a un sector de sombra que llevas tiempo sin ir y vas con unas ideas, pero luego pruebas una vía y vas a por ella.

  1. ¿Creéis que gente con vuestro nivel puede dedicarse profesionalmente a la escalada?

A.G. En otros sitios sí, pero en España no, porque no existe el apoyo necesario.

A.A. Encima nosotros que no somos escaladores de competición, que al fin y al cabo en la escalada es lo que da dinero, pues lo tenemos más difícil.

A.G. También depende un poco de lo que te vendas. En España necesitas ser muy pesado con las redes sociales. Yo, por ejemplo, que no me gusta demasiado, me vendo lo justo. Al final te conformas.

  1. Por último, ¿un mensaje que queráis lanzar?

LOS TRES: QUE LA GENTE SE PONGA A ESCALAR, QUE ES LA HOSTIA.

Ya cayendo la noche, nos despedimos de los tres, mientras Antonio intenta un último “pegue” (intento en el argot de los escaladores) a un 8c+. La sensación que me queda es que estos chicos aman lo que hacen y lo hacen con pasión, respetan su entorno y se superan cada día no por la fama o el dinero, sino simplemente porque sienten este deporte en lo más profundo de su alma.

Ojalá cada uno de nosotros pudiésemos decir lo mismo con nuestras actividades rutinarias, y lo peor de todo es que estos chicos tendrán que enfrentarse a ellas, en lugar de poder desarrollar la actividad en la que son referencia bajo el paraguas de instituciones o patrocinadores.

Es curioso como un territorio en claro riesgo de despoblación, y con su economía en evidente crisis, aún no ha entendido que tiene en su entorno natural único y privilegiado un salvavidas para el desarrollo de una economía sostenible, que además le posicione en el mapa y le genere promoción a nivel nacional e internacional.

Tenemos a auténticos atletas locales que necesitan el apoyo necesario, y desde luego que tenemos un tesoro a cinco minutos de nuestras casas que la mayoría de los conquenses aún no saben reconocer.

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