Editorial Julio 2021: Cuenca y su pandemia demográfica

Con la firme esperanza de que este seísmo, tsunami o explosión llegue a su fin, nos toca volver a empezar y reinventarnos. Y esta vez, tras la tormenta no llegará la calma; porque otros temas trascendentales nos atañen. Y de consistente trascendencia es para Cuenca y su provincia la llegada de las ayudas europeas contra la despoblación y el desarrollo rural. Un paquete de diez mil millones de euros que el gobierno va a destinar a hacer frente a este grave problema.  Entre algunas de las medidas, se encuentran la rehabilitación energética de edificios públicos y privados; un plan de saneamiento y rediseño del sistema de aguas; impulso a la digitalización de los entornos rurales o red de planes de cuidados para atender a la tercera edad. Todo ello, trabajando con diputaciones y mancomunidades.

Por qué nos importan tanto estos fondos europeos, todo conquense lo debería saber. Sino ahí van algunos datos interesantes: Cuenca, junto a Teruel y Soria son las zonas con menor densidad de población de Europa con menos de 10,79 hab/km2; la Comunidad de Madrid, con 8.000 km2, aglutina casi 7 millones de personas mientras toda Castilla entera (Castilla y León y Castilla-La Mancha), con 170.000 km2, no llegan a los 4 millones y medio de habitantes; en España, las zonas rurales sólo aportan el 30% del PIB, mientras en Alemania o Francia aportan el 50% y 40%, respectivamente.

Pero esta vez no todos serán números. Esta vez hablaré de mis abuelos y de los tuyos, de nuestros antepasados, de aquellas generaciones que en tiempos difíciles también remaron para llegar a donde estamos. Hablaré de la dureza del sol en la siega, y el hielo de los hacheros y pastores; del herrero y del carpintero. Hablaré de palabras como tinaja, trilla, alforjas o trébedes; de viejos poemas y canciones; de cuentos y leyendas. Hablaré de los verdes pinos; de las azules riberas; del mimbre y el trigo; del canto de los pájaros y del color del ala de las mariposas. Hablaré de la solidaridad; las puertas siempre abiertas; las sillas en la calle al atardecer; del sentirse parte de una comunidad. Hablaré de que estamos perdiendo nuestras raíces; aquellos saberes ancestrales que ejemplifican al ser humano como especie; tantas y tantas tradiciones que nos han hecho ser únicos.

Por tanto, la llegada de estos fondos europeos debería parecer como agua de mayo para este problema tan crudo y de tanta seriedad. Sin embargo, resulta que puede ser una banderilla más a este toro que hace tiempo dejaron morir en el albedo de la meseta. Los números son desoladores, casi apocalípticos. Pero el olvido que sube por las casas ruinosas de tantos pueblos, que enraíza en sus milenarias huertas, que llena de sombras y silencios aquellas ajetreadas calles, es aterrador. Generaciones que, durante siglos, aportaron sus oficios, cultura, tradiciones y saberes ancestrales y los transmitieron a la siguiente. Y que hoy, con las infinitas herramientas que tenemos, los queremos quitar de nuestro camino. 

Nos encontramos en un momento histórico. La humanidad ha luchado por primera vez ante una pandemia a escala mundial. La medicina ha sustituido a los antiguos dioses como solución a los problemas. Ciencia y tecnología son las armas del futuro. Pero Cuenca y su provincia también se juegan una gran parte de su provenir. Los y las conquenses confiamos en que un cambio de políticas y medidas legislativas del desarrollo territorial, junto a los fondos europeos, puedan revertir la despoblación rural. 

Desde Los Ojos del Júcar creemos que sólo esta confianza no es suficiente. Creemos que es necesario un acercamiento a estos municipios para que ellos puedan sentirse partícipes de este momento. Que es necesario una educación y un estudio “in situ” de la situación; un rescate del olvido de estos saberes y una sensibilización a la población. Ejemplo de ellos sería la realización de estudios etnográficos que pongan en valor todo este patrimonio cultural y natural que está en alto riesgo de desaparición o la organización de charlas por los pueblos que dieran a conocer estas ayudas europeas a los ciudadanos de todos los municipios. Especialmente, a aquellos de pequeña población y cuya situación es crítica. Porque si no, como decía un amigo: “quizás un día ganemos a la despoblación, pero quizás lo hagamos tarde y mal”. Mientras tanto, amemos nuestra tierra y tengamos esperanza.

Deja una respuesta