El mitin de Pablo Neruda en Cuenca

El mitin organizado por la Federación Universitaria Hispanoamericana y la Alianza de Intelectuales Antifascistas se celebró el 12 de octubre de 1936. Pablo Neruda, que acababa de llegar de París para ser embajador de Chile en España, vino con otros poetas e intelectuales de la generación del 27, con los que formaría parte de la citada Alianza de Intelectuales Antifascistas en defensa de la República española.  

Franco ya se había sublevado, sus tropas africanas ya habían cruzado el estrecho y habían invadido parte de la península. Su amigo García Lorca, que se había ido a Granada buscando refugio en casa de sus amigos falangistas, había sido asesinado allí, en su ciudad. El crimen fue en Granada, dice un verso del poeta Rafael Alberti, otro amigo que acompañó en ese viaje a Cuenca. En este mitin, el recuerdo de Lorca estaba presente, lo llama «el defensor sonoro del corazón de España».

Pablo Neruda había escrito otro poema igual de emotivo que el de su amigo Alberti, en el que hablaba del asesinato de los jóvenes milicianos y del dolor de sus madres por su temprana muerte. Este es el poema que recitó en su célebre mitin de Cuenca, delante de un público de ganaderos, campesinos y obreros, como recuerda el artículo de Mario Amorós, publicado en Mundo Obrero. 

Este poema se había publicado hacía unos meses en la revista El Mono Azul, en su quinto número, fechado el 24 de septiembre, sin su firma. Más tarde lo recuperará para incluirlo en su libro España en el corazón. Según los estudiosos de su obra, estos versos marcan la diferencia del tono intimista de su producción poética anterior y la poesía social que hará en adelante.

Esta participación en el mitin de Cuenca no fue del agrado del embajador chileno en España, Aurelio Núñez Morgado, “que mostraba una declarada simpatía por los rebeldes (los de Franco)”, según dice el articulista de Mundo Obrero. Este autor ve una relación de causa y efecto en que Neruda recitase su poema en Cuenca y que, al mes siguiente, en noviembre, tuviera que abandonar nuestro país y su puesto de cónsul en Madrid, para marcharse a París. 

En la capital francesa coincidió con otro poeta sudamericano, con el que había coincidido en España, probablemente también en Cuenca, Raúl González Tuñón, en el Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Allí, ambos hicieron una defensa de la causa republicana, que seguirían haciendo de vuelta a sus respectivos países.

González Tuñón confirma esta estancia de Neruda en Cuenca con estas palabras: “En Temuco y en Rangoon, en Buenos Aires y en Cuenca, allí donde estuvo el poeta estuvo la poesía, allí donde está Neruda la poesía está, delicada o tremenda, realista o lírica, siempre revolucionaria porque siempre poesía”. 

Fue en Cuenca precisamente, donde Pablo Neruda olvidó las precauciones de no dar muestras visibles de su compromiso político. Precauciones que su condición de diplomático aconsejaba y que, hasta este momento, había mantenido. Así se explica que hubiera publicado antes ese poema en la revista que dirigía el comunista Rafael Alberti, de manera anónima. También pudo ser que, en esas fechas, la muerte de su amigo Federico le llevara a asumir valientemente la defensa de sus ideales y expresar su indignación públicamente. 

Lo que es un hecho es que, inmediatamente después de este mitin en Cuenca, perdió su puesto de cónsul de Chile en Madrid. 

En el número 22 de la misma revista El mono azul explica cómo ha cambiado su poesía y por qué ha llegado a esa postura política, cómo la sangre derramada que ve en nuestra guerra lo llevan a tomar partido por la clase obrera. Lo hace en su poema Es así, versión definitiva del anterior Explico algunas cosas.

Desmitificando al héroe

Otro testimonio de esta estancia en nuestra ciudad aparece en el artículo de Matilde Sánchez, en La Vanguardia, no muy favorable para Neruda, porque habla de sucesos de su vida que el poeta ha querido ocultar: su rechazo a ayudar a su primera esposa, la madre de su única hija, de la que tuvo que hacerse cargo ella sola.  La hija hidrocéfala de la que nunca se ha hablado, y que ni siquiera el padre menciona en sus Memorias. Cito del artículo:

“El 12 de octubre de 1936 Neruda participa en Cuenca en un homenaje donde lee su poema Canto a las madres de los milicianos muertos, admirable y conmovedor, y que tanto contrasta con su frialdad ante la miseria que está dispuesto a hacerles sentir a Maryka (su esposa) y a su hija. El 8 de noviembre Neruda se separa de Hagenaar y verá a Malva por última vez.”

También hay una novela Malva, de la escritora holandesa Hagar Peeters, sobre esta hija abandonada. La protagonista es ella, esta hija que murió a los ocho años, que se pregunta por qué su padre, que siempre ha defendido a los pobres y desvalidos del mundo, se ha olvidado de ella.

No todo es épica y heroísmo en el poeta. Los grandes hombres tienen también defectos. Y contradicciones grandes como esta.

CANTO A LAS MADRES DE LOS MILICIANOS MUERTOS

¡NO han muerto! Están en medio
de la pólvora,
de pie, como mechas ardiendo.
Sus sombras puras se han unido
en la pradera de color de cobre
como una cortina de viento blindado,
como una barrera de color de furia,
como el mismo invisible pecho del cielo.

Madres! Ellos están de pie en el trigo,
altos como el profundo mediodía,
dominando las grandes llanuras!
Son una campanada de voz negra
que a través de los cuerpos de acero asesinado
repica la victoria.
                         Hermanas como el polvo
caído, corazones
quebrantados,
tened fe en vuestros muertos!
No sólo son raíces
bajo las piedras teñidas de sangre,
no sólo sus pobres huesos derribados
definitivamente trabajan en la tierra,
sino que aun sus bocas muerden pólvora seca
y atacan como océanos de hierro, y aun
sus puños levantados contradicen la muerte.

Porque de tantos cuerpos una vida invisible
se levanta. Madres, banderas, hijos!
Un solo cuerpo vivo como la vida:
un rostro de ojos rotos vigila las tinieblas
con una espada llena de esperanzas terrestres!

Dejad
vuestros mantos de luto, juntad todas
vuestras lágrimas hasta hacerlas metales:
que allí golpeamos de día y de noche,
allí pateamos de día y de noche,
allí escupimos de día y de noche
hasta que caigan las puertas del odio!

Yo no me olvido de vuestras desgracias, conozco
vuestros hijos
y si estoy orgulloso de sus muertes,
estoy también orgulloso de sus vidas.
                                                       Sus risas
relampagueaban en los sordos talleres,
sus pasos en el Metro
sonaban a mi lado cada día, y junto
a las naranjas de Levante, a las redes del Sur, junto
a la tinta de las imprentas, sobre el cemento de las arquitecturas
he visto llamear sus corazones de fuego y energías.

Y como en vuestros corazones, madres,
hay en mi corazón tanto luto y tanta muerte
que parece una selva
mojada por la sangre que mató sus sonrisas,
y entran en él las rabiosas nieblas del desvelo
con la desgarradora soledad de los días.

Pero
más que la maldición a las hienas sedientas, al estertor
         bestial
que aúlla desde el África sus patentes inmundas,
más que la cólera, más que el desprecio, más que el llanto,
madres atravesadas por la angustia y la muerte,
mirad el corazón del noble día que nace,
y sabed que vuestros muertos sonríen desde la tierra
levantando los puños sobre el trigo.

Para saber más

Esta entrada tiene un comentario

  1. Ignacio Bermejo Sanz

    No sé si guarda relación con esta visita a Cuenca pero hay un poema en el que, entre otros muchos pueblos de España, cita catorce o quince de la provincia de Cuenca.
    Cómo era España

    Era España tirante y seca, diurno
    tambor de son opaco,
    llanura y nido de águilas, silencio
    de azotada intemperie.
    Cómo, hasta el llanto, hasta el alma
    amo tu duro suelo, tu pan pobre,
    tu pueblo pobre, cómo hasta el hondo sitio
    de mi ser hay la flor perdida de tus aldeas
    arrugadas, inmóviles de tiempo,
    y tus campiñas minerales
    extendidas en luna y en edad
    y devoradas por un dios vacío.

    Todas tus estructuras, tu animal
    aislamiento junto a tu inteligencia
    rodeada por las piedras abstractas del silencio,
    tu áspero vino, tu suave
    vino, tus violentas
    y delicadas viñas.

    Piedra solar, pura entre las regiones
    del mundo, España recorrida
    por sangres y metales, azul y victoriosa
    proletaria de pétalos y balas, única
    viva y soñolienta y sonora.

    Huélamo, Carrascosa,
    Alpedrete, Buitrago,
    Palencia, Arganda, Galve,
    Galapagar, Villalba.

    Peñarrubia, Cedrillas,
    Alcocer, Tamurejo,
    Aguadulce, Pedrera,
    Fuente Palmera, Colmenar, Sepúlveda.

    Carcabuey, Fuencaliente,
    Linares, Solana del Pino,
    Carcelen, Alatox,
    Mahora,Valdeganda.

    Yeste, Riopar, Segorbe,
    Orihuela, Montalbo,
    Alcaraz, Caravaca,
    Almendralejo, Castejón de Monegros.

    Palma del Río, Peralta,
    Granadella, Quintana
    de la Serena, Atienza, Barahona,
    Navalmoral, Oropesa.

    Alborea, Monóvar,
    Almansa, San Benito,
    Moratalla, Montesa,
    Torre Baja, Aldemuz.

    Cevico Navero, Cevico de la Torre,
    Albalate de las Nogueras,
    Jabaloyas, Teruel,
    Camporrobles, la Alberca.

    Pozo Amargo, Candeleda,
    Pedroñeras, Campillo de Altobuey,
    Loranca de Tajuña, Puebla de la Mujer Muerta,
    Torre la Cárcel, Játiva, Alcoy.

    Puebla de Obando,Villar del Rey,
    Beloraga, Brihuega,
    Cetina, Villacañas, Palomas,
    Navalcán, Henarejos, Albatana.

    Torredonjimeno, Trasparga,
    Agramón, Crevillente,
    Poveda, de la Sierra, Pedernoso,
    Alcolea de Cinca, Matallanos.

    Ventosa del Río, Alba de Tormes,
    Horcajo Medianero, Piedrahita
    Minglanilla, Navamorcuende, Navalperal,
    Navalcarnero, Navalmorales, Jorquera.

    Argora, Torremocha, Argecilla,
    Ojos Negros, Salvacañete, Utiel,
    Laguna Seca, Cañamares, Salorino,
    Aldea Quemada, Pesquera de Duero.

    Fuenteovejuna, Alpedrete,
    Torrejón, Benaguacil,
    Valverde de Júcar, Vallanca,
    Hiendelaencina, Robledo de Chavela.

    Miñogalindo,Ossa de Montiel,
    Mentrida, Valdepeñas, Titaguas,
    Almodóvar, Gestalgar, Valdemoro,
    Almurodiel, Orgaz.

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