Taxus baccata L.

Imagen de cabecera: Tejo. Fuente: Pixabay

El tejo (Taxus baccata L.) es sinónimo de longevidad, sombra, belleza y toxicidad. Proveniente de la familia Taxaceae que comprende 4 géneros y alrededor de 20 especies, repartidas por los países templados del hemisferio Norte.

Taxus era el nombre latino clásico del tejo y de los venablos hechos con su madera, empleado ya por Plinio y Virgilio. La palabra tiene un origen incierto. Algunos han pensado que puede derivar del griego tóxon (arco), pues la madera es muy flexible y se utilizó tradicionalmente para fabricar arcos o lanzas. El nombre especifico, baccatus, del latín bacca (baya), hace referencia a la envoltura carnosa de su semilla, que la asemeja a una baya.

Es un árbol o arbolillo con follaje verde oscuro, que mantiene la hoja todo el año y que puede llegar a alcanzar hasta 15 o 20 metros de altura. Su tronco es grueso con corteza de color pardo-grisácea que se desprende en tiras o placas. Produce gran cantidad de ramas extendidas, casi horizontales, que a veces son algo colgantes en su terminación. Las hojas son largas y estrechas, con forma linear, de color verde oscuro por el haz y algo más pálidas, con el nervio medio saliente por  la cara interior. Terminan en punta o en un corto piquito y se estrechan bruscamente en su base formando un breve cabillo que se escurre sobre la ramilla. Dichas hojas pueden aguantar hasta cerca de 8 años sobre la planta. 

Los tejos machos producen en la axila de la hoja unos pequeños conos globosos de color amarillento claro, donde se encuentran de 4 a 8 saquitos de polen en su cara interior. Estos saquitos están protegidos inferiormente por una copita formada por numerosas brácteas de color anaranjado.

Detalles de la hoja y el fruto del tejo. Fuente: Pixabay

Por otro lado, encontramos los característicos pies femeninos del tejo, que llevan los rudimentos seminales solitarios en el ápice de un corto cabillo escamoso que nace de la axila de las hojas; tiene forma ovoide y están rodeados en la base por una bráctea verdosa acopada, esta bráctea cuando madura forma la envuelta carnosa de color rojo que rodea casi completamente a la semilla. Cabe destacar que ésta envuelta roja es la única parte inocua del tejo y podemos observar en muchos casos que se encuentran picoteadas por aves.

El tejo florece a finales del invierno y principio de la primavera, principalmente de marzo hasta abril, y madura las semillas en otoño del mismo año.

Crece en las hoces, barrancos y laderas umbrosas de las montañas, principalmente en las calizas; a veces en bosques mixtos, pero casi siempre en ejemplares aislados.

Es un árbol muy asociado a la idea de la muerte, quizás por su toxicidad debido al alcaloide taxina o por su follaje oscuro y sombrío. Ha sustituido en numerosas ocasiones a los cipreses en los cementerios y Ovidio nos representa el camino hacia el infierno “agradablemente” bordeado de tejos. A mí personalmente, me gusta más asociarlo a la idea de la vida debido a que hay ejemplares que alcanzan más de mil años de antigüedad y porque con las bayas rojizas (única parte inocua) se pueden elaborar unas mermeladas deliciosas.

Recientemente se le han encontrado interesantes aplicaciones medicinales al tejo, como antitumoral. De él se puede obtener un principio activo llamado taxol (diterpeno tricíclico aislado inicialmente de la Taxus brevifolia Nutt., especie de Norteamérica), que aparece también en otras especies del genero Taxus y que, como todos los antitumorales es tóxico. Se usa actualmente en oncología para combatir ciertos tipos de cáncer, sobre todo el cáncer de ovario.

Como curiosidad, Cativolco, rey de los Eburones se quitó la vida consumiendo zumo de este árbol para no caer en poder de Julio César, tal como nos cuenta este último en el libro sexto de la “Guerras de las Galias”. También que debido a la resistencia de su madera fue seleccionada por algunos faraones para construir sus sarcófagos, 2400 años antes de nuestra era. Para ello fue necesaria importar la madera de tejo.

Torca del Lobo. Fuente: Tirso Moreno

Dentro de la provincia de Cuenca, podemos encontrarlo en algunos sectores de la Serranía. Ejemplos son la Mogorrita, la Hoz de Tragavivos, la Hoz de Beteta, la torca del Lobo o la fuente de la tía Perra. También en la toponimia de numerosos enclaves como Fuente del Tejo (cerca de las Lagunas de Cañada del Hoyo), Barranco del Tejo, Arroyo del Tejo…

Podemos encontrar ejemplares ornamentales en la entrada a los jardines de la Diputación de Cuenca, en el parque San Julián, parque de los Moralejos y en la calle Colón en las escaleras que conectan con la Plaza del Nazareno

Estos son algunos ejemplos destacados de este maravilloso árbol dentro de la provincia pero existen muchos más. Es fácil encontrarlos en jardines y parques pero merece la pena observarlos en su estado más salvaje.

MIGUEL PINEDO REBENAQUE (@Osez13khuzdul)

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