Moscas, gritos y membrillos al Júcar II

Habíamos dejado a Antonio Ponz por Las Valeras de camino hacia Valencia.

“… continué mi camino a otro lugar, que se llama Valera, y se distingue de la referida, en que á esta llaman Valera de abaxo. No hay entre las dos mas que una legua de distancia; pero casi siempre se va entre  dos cerros altos hasta llegar á la vista de la villa, que está situada sobre un terreno bastante elevado.”

Hoz y meandro del Río Gritos. Fuente: Marino Sánchez

“Desde Valera de abaxo, hasta Bonache de Alarcón, hay dos leguas por tierra más abierta, pues ya empiezan las llanuras de la Mancha…”

El Júcar entra en la Mancha hacia campos rasos al descubierto de los vientos. En esta parte se forma un valle natural que antiguamente se beneficiaba de las acequias y norias que volvían a verter las aguas al río. Por tierras de Buenache de Alarcón y el desaparecido Gascas de Alarcón se extendía una de las vegas más fértiles de la provincia.

 “La tarde que salí de Bonache caminé dos leguas hasta Alarcón, atravesando el pueblo de la olmedilla, que está en el camino real de Madrid a Valencia, como á la mitad de él. El tal lugar se llama la Olmedilla de Gazcas, por otro inmediato que hay llamado Gazcas, creo que á la orilla del Jucar, y me lo alabaron por sus huertas.”

Pero Gazcas ya no existe. Se situaba en la ribera izquierda del Júcar. Debía su nombre al hecho de haber sido fundado por los soldados gascones que acompañaron a Alfonso VIII en la reconquista. Se asentaron allí y fundaron el pueblo. Hoy permanece hundido bajo las aguas del embalse de Alarcón, aguas que anegaron completamente este fértil valle, y hundieron en el olvido la vega. Esto ocurrió a mediados del siglo pasado. A medida que el nivel de las aguas se acercaba, el pueblo iba despoblándose, de resultas que el término municipal que quedó sin anegar pasó al de Olmedilla de Alarcón. Hoy, cuando el nivel de las aguas desciende, aún se pueden ver los muros de las casas y el trazado de las calles.

 Ya en Alarcón, y ante la vista de lo que tenía enfrente escribe Ponz: “No lo entendía mal quien dixo que Plus valet oculatus unus, quam auríti decem” – Un ojo vale más que diez orejas -. “Yo lo experimento bien ahora…” La orografía del terreno, el pasado histórico, cultural y arquitectónico de la villa de Alarcón sorprendieron gratamente a Ponz.

Castillo de Alarcón. Fuente: Marino Sánchez

“Al principio de la villa se ve fundado sobre la roca el alcázar, construido fortísimamente, que es donde vive el Alcalde mayor, que nombra el Excelentísimo marqués de Villena, Señor de la tierra.”

El destino de Alarcón siempre estuvo marcado por su posición geográfica: el río aísla la peña, y sobre el farallón rocoso, abrazado por un meandro del río Júcar, se asienta el castillo, y la población crece a su amparo. Ponz vio la estampa de una ciudad medieval fortificada. En el pasado, estas tierras de Alarcón con las del Congosto fueron zona fronteriza: límites del reino de Castilla, y lugares de constantes encuentros violentos entre moros y cristianos.

“La situación que tiene es sobre una roca, casi toda circuida del río Jucar, que forma un profundísimo tajo, mediante el cual queda separada de toda la campiña… Entra el río á cercarla por la parte más inclinada al oriente, y casi por allí mismo tiene su salida sin dexarle mas que una estrecha entrada, la qual con la villa forma la figura de una sartén, á que está comparada con mucha propiedad.”

Las aguas verde esmeralda del meandro que forma el Júcar. Fuente: Marino Sánchez

“Vi en lo hondo algunas pocas huertas, y molinos en las estrechas vegas, que hace el río en algunos parages de aquel gran tajo… Pero el Júcar, á cuyas orillas he estado en algunos parages de la mancha, es de ver cómo va haciendo su virage, sin que nadie se le estorbe, ni se haya pensado eficazmente en hacer de sus aguas el importante uso, que no en pocas partes se pudiera, para asegurar mejor muchas cosechas de las que regularmente se siembran en aquellas tierras.”

Sus observaciones sobre el poco aprovechamiento de los ríos es inevitable: siempre opina conforme a las normas ilustradas de la época.

Sin duda Antonio Ponz, como buen conocedor del arte, se hubiera referido, de haber existido entonces, a la iglesia desacralizada de San Juan Bautista. Los colores de estas tierras de Alarcón aparecen representados artísticamente en las  pinturas murales de la iglesia: los tonos sordos y calientes de los barros, los negrores del humus, los pardos de las raíces, la sangre del almagre, nos dice José Saramago. Es la obra del maestro Jesús Mateo en 1996, y es Patrimonio de la Unesco

Iglesia desaclarizada de San Juan Bautista (Alarcón). Fuente: Marino Sánchez

Ponz menciona a personajes ilustres vinculados con Alarcón: Enrique de Villena, señor de Alarcón, nacido en Torralba, Cuenca en 1384. Nada que ver con el Licenciado Torralba, y su vuelo a Roma. Este Enrique de Villena fue un intelectual de prestigio, matemático, astrólogo y nigromante. Ponz había viajado por Europa, sabía de las críticas de viajeros y filósofos extranjeros, españoles también, a la pésima consideración de la ciencia en España. Ponz pone en valor, como se diría hoy, la figura de Enrique de Villena y la ciencia.

“para demostrar quán antes que otras naciones llegó la nuestra a especular en las ciencias mas reconditas.”

Los libros de matemáticas de Enrique de Villena fueron quemados por la Inquisición. En esta carta lo elogia citando las octavas de Juan de Mena, en su Laberinto de la Fortuna.

“Porque castilla perdió tal tesoro,

        No conocido delante la gente.

        Perdió los sus libros sin ser conocidos,

        Y como en exequias te fueron ya luego,

        Unos metidos al avido fuego.

        Y otros sin orden no bien repartidos”

Otro famoso señor feudal de Alarcón fue Don Juan Manuel, político, escritor y hombre de armas. Señor de Alarcón desde 1305, reconstruyó el castillo en el Renacimiento y ahí se dice que pudo escribir algunas de sus mejores obras como la colección de cuentos moralizantes de El Conde Lucanor. Aunque existen fundadas dudas de que esto fuera así. Las luchas dinásticas de la España de la época y las disputas territoriales, entre Castilla y Aragón, marcaron su vida e hicieron de él una pieza importante en las relaciones del poder político. En este castillo resistió el acoso militar de otro célebre literato, y capitán general de los Reyes Católicos Jorge Manrique.

“Por lo demás de esta villa no se ven sino casas, y murallas caídas, que son triste memoria de lo que fue; y es sensible que poblaciones semejantes lleguen á tal estado.”

Constata la decadencia de Alarcón “Creo que por lo pasado se hallarían pocos lugares tan fuertes de su naturaleza. Se conoce que lo estaba igualmente por el arte”. Quizás esta triste mirada le trajo a la memoria el recuerdo del soneto de Quevedo Miré los muros de la patria mía…

“Yo volví a salir por donde entré…”

El río Valdemembra por Solera de Gabaldón, donde es apenas un hilo de agua que se va abriendo paso hacia La Mancha. Es una zona de transición entre el norte más accidentado y las llanuras manchegas.

Río Valdemembra cerca de Solera de Gabaldón. Fuente: Marino Sánchez

“Desde Alarcón tomé el camino de Villanueva de la Xara, que antiguamente fue su aldea, distante tres leguas, viajando por un territorio, que en parte está sembrado, y parte es monte baxo, de romerales, carrascales, con algunos pinos… Se atraviesa á la mitad de este camino una gran llanura, que se extiende por todos lados, y parece un mar en calma. Al cabo de ella está Villanueva de la xara, junto a un pequeño arroyo…Todo él abunda de caza: ¡gran tierra para los aficionados á ella!”. En el Libro de la Caza de Don Juan Manuel se alude a estas tierras, entre otras de Cuenca, como lugares apropiados para la caza.

Villanueva de la Jara tiene al Poniente el río Júcar, frontera natural entre la Mancha, y las tierras que se extienden hacia el Levante, por donde discurre el río Valdemembra, afluente del anterior y causante de la prosperidad de esta Villa. Ponz la describe como una «…tierra fresca, y adaptada para otras muchas suertes de árboles, particularmente la espaciosa vega, que se forma donde corre el arroyo que dixe, cuyo nombre es Valdemembra, por los muchos membrillos que antes había plantados en dicha vega, según su conjetura.”

El paisaje de Villanueva de la Jara es el de un terreno llano con suaves elevaciones del terreno El río Valdemembra atraviesa el valle y en la vega hay huertas, viñas y campos de cultivo que alternan con las manchas de arbolado del monte.

Parque fluvial del río Valdemembra en La Jara. Fuente: Marino Sánchez

Para Ponz, Villanueva de la Xara “Es una de las villas que están en mejor ser de la Mancha, tocante á las habitaciones de sus vecinos, á la llanura, rectitud, y anchura de calles”.

La Jara aún conserva nobleza en sus calles y edificios. Y tiene sus curiosidades históricas: en las afueras de la localidad se encuentran unos búnkeres de lo que fue un aeródromo, y en la Guerra Civil Española fue una de las bases del Ejército Leal Republicano y de las Brigadas Internacionales. Por aquí pasó George Orwell.

Basílica de la Asunción. Villanueva de la Jara. Fuente: Marino Sánchez

En este pueblo, según cuenta Ponz, sucedió un caso de los más heroicos del mundo. Otros caballeros y D. Jorge Manrique peleaban los mas días con el Marqués de Villena, y con su gente, y entre ellos hubo algunos reencuentros, en uno de los cuales D. Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos, para que fuera socorrido, le sufrieron muchos golpes, y murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garcimuñoz”. Y sí, parece que la pelea comenzó por la Jara, siguió herido para el mencionado castillo, murió en Santa María del Campo Rus y fue enterrado en Uclés. Es decir, entre la nada y ninguna parte.

“El mismo día que salí de Villanueva de la Xara, llegué por la tarde a la Minglanilla, célebre por sus inmediatas salinas … La Minglanilla es abundante en caza: de los frutos de la tierra no lo es tanto, pues ya empieza desde aquí la sierra que divide el reyno de Valencia de la mancha … Desde la Minglanilla continué mi camino ácia Requena”.

Camino de Minglanilla. Fuente: Marino Sánchez

La sierra divide el Reyno de Valencia de la Mancha, Ponz viaja por el camino conocido de las Cabrillas. Pero antes, en la Carta IX, ya entre Cuenca y el Reino de Valencia, nos cuenta como llega cansado, mojado y lleno de frío a un lugar que no quiere nombrar, y ahí es recibido en casa de una persona de todas circustancias, después de un penoso día para los caminantes.

“Al instante me introduxeron en una cocina aseada, y espaciosa. En un momento vi encendida una gran hoguera, que me dio el ser… ya me vi delante de la mesa puesta… Los Manjares no le puedo decir á V. quán bien me supieron. Ni perdices mas bien guisadas, ni carnero mas tierno, ni con mas sazon, estoy por decir que no se ha comido hasta ahora. Todavía me parece sentir el olor de ciertos torreznos, que fue uno de aquellos platos sin artificio, ni transformación alguna, como se practica en las mesas de los poderosos.” Este lugar que no quiere decir, conjeturamos por el recio y rotundo menú que le han servido, bien pudiera ser alguna venta de la Manchuela. Y desde este punto despedimos a Antonio Ponz, camino de su tierra.

Este es el recorrido que hizo desde que entró en Cuenca hasta la frontera del Reino de Valencia. Al final de la última carta, Ponz resume su ideario ilustrado, que no fue otro que el de describir lo que vio, proponer y buscar las “… verdaderas felicidades de un Reyno, que consisten en su mejor población, y cultivo, en el aumento de su comercio, en la magnificencia de sus edificios, en la comodidad de sus caminos, en el aprovechamiento de los ríos, en el fomento de la literatura, en el progreso de las artes…” : una filosofía política avanzada.

Deja una respuesta