Moscas, Gritos, Membrillos: al Júcar

“El viaje de España” de Ponz sigue siendo todavía una guía para viajeros y lectores que quieren conocer el patrimonio artístico del país. En el Viaje se da noticia de las cosas más apreciables, y dignas de saberse, que hay en ella.

Los Ilustrados del XVIII viajaban por todo el mundo para dar a conocer lo que observaban, y luego lo plasmaban en forma de cartas. Así, el género epistolar se convirtió en este siglo en medio primordial. En la Carta VII de su viaje, Ponz nos refiere su salida de Cuenca.

En la época en que Antonio Ponz escribió el Viage de España, la economía era la disciplina fundamental para conseguir la felicidad pública según las ideas que la Ilustración había planteado para la mejora de las condiciones de vida de la sociedad. En sus viajes, siempre se interesó, aparte de las Artes, por cuestiones como el fomento de la agricultura, el estado de los ríos, el arbolado y la necesidad de cuidarlos, una necesidad medioambiental que siempre tuvo presente y nunca dejó de proclamar.

Pensaba Ponz que España disponía de recursos naturales suficientes, pero no estaban aprovechados, como era el caso de los ríos. Hoy lamentamos el abuso que se hace de ellos

“El uso, que de las aguas de estos ríos, ó de los mayores se hace, creo que es poco, ó nada, en comparación del que se podía hacer, hablo en particular de las tierras por donde pasan en el interior del Reyno.”

Era necesario poner en marcha las adecuadas reformas e infraestructuras: puentes, caminos, reforestación etc.

La deforestación en Castilla era un problema grave. Se promueve entonces una política de plantíos; esta masa forestal contribuiría a mejorar la agricultura, habría más madera, carbón vegetal, contribuiría a la fertilidad del suelo, daría más humedad, lo que contribuiría a suavizar el clima.  La silvicultura traería  también nuevos recursos: como la miel. La de Cuenca se consideraba una de las mejoras de España.

“Los cerros inmediatos, y los restantes de la serranía es tierra á propósito del miel, que es de la mejor de España.”

Uno de los anhelos de Ponz era transformar la naturaleza para hacerla más hermosa. Y así se dictaron normas para que se plantaran árboles en las márgenes de los ríos y de los caminos. No solo era una cuestión estética: era más fácil identificar los caminos y las lindes de las posesiones. Está en la misma idea que otros ilustrados como Jovellanos. Para Ponz la naturaleza podría semejarse a los paisajes de los pintores de la Ilustración. Ponz era un especialista en arte.

Decide salir de Cuenca, y tomar el camino de Valencia. Lo leemos en la carta VII:

“Determiné salir de Cuenca, y cabalmente amaneció el día destinado lluvioso, e impertinente, sin quererse mejorar hasta la villa de Valera, distante cinco leguas de dicha ciudad”.

Ponz sale de la ciudad para tomar el camino de Valencia por Requena, por el camino de Las Cabrillas, más montañoso e incómodo para caminantes y caballerías, pero más corto. Evita el Camino Real que entonces se hacía por Almansa. El itinerario que sigue desde Cuenca a Valencia pasa por las Valeras, Bonache de Alarcón, Olmedilla de Gazcas, Alarcón, Villanueva de la Xara, Iniesta, y la Minglanilla. Desde aquí continúa su camino hacia Requena por el mencionado camino de Las Cabrillas hacia su país.

 “A poco trecho de la misma se pasa por un puente un riachuelo, llamado Moscas, y entre las cosas célebres de Cuenca dicen por gracejo, que hay un puente para pasar moscas.”

Es el río Moscas que nace en una vega de la villa de Fuentes a dos leguas andadas de Fuentes desde Cuenca. En el viejo y hermoso puente romano del pueblo apenas tiene agua, pero más adelante toma caudal y ya no lo perderá hasta confluir con el Júcar, en lo que llaman la Fuente del Oro, en Cuenca.

Puente romano sobre el río Moscas. Fuente: elaboración propia

Relacionado con el acuífero del río, a poca distancia de Fuentes, hay un complejo lagunar de origen kárstico de gran valor ecológico con agua permanente todo el año. Las lagunas generan pequeñas dolinas de desplome, como resultado de la karstificación.

Aunque pequeño, sólo dieciocho kilómetros, tiene su singularidad. El poeta del siglo XVII, José de Villaviciosa consagró su nombre para la posteridad en la Mosquea, una parodia de la épica clásica. Fue publicada en Cuenca en 1615.

La madre alegre del sagrado Júcar,

Que en ella el Moscas su corriente vierte,

A las saladas aguas en azúcar

Con la dichosa mezcla le convierte.

Según los versos del poeta se concluye que las aguas del Moscas eran salobres. Era cierto esto o se trata de un recurso literario: nos preguntamos hoy, porque en épocas pasadas esta campiña hubo cierta fertilidad ocasionada por el riego.

Río Moscas. Fuente: elaboración propia

El río Moscas, camino de Cuenca, llanea por campos de cultivos de cereales, girasoles, rastrojeras o barbechos. Parece camuflarse entre juncos, sargas y carrizos. Ya con caudal que permanecerá aún en la época estival.

De Villaviciosa:

Tiene la fama de lavar la lana

Jucar; mas la verdad nos certifica,

Que suele el Moscar arrancar las sacas,

Y no dexar, por donde pasa, estacas.

“Lo que se infiere es que había lavaderos en el río Moscas, y hoy según me han informado no hay señal de uno siquiera.”

Hubo lavaderos de lana en el río en la época de opulencia de Cuenca. Las fábricas de  lana conquenses, especialmente las de barraganes eran famosas en España y de ella.

“La lana que antiguamente se esquilaba, se limpiaba en estos lavaderos, se texia en Cuenca, y se comerciaba vendiéndola fuera del Reyno.”

Esta industria de la lana le proporciona al río el nombre de Moscas, zootopónimo, creemos que por etimología popular, por la abundancia  de estos molestos y cansinos insectos en los lavaderos.

“Y para se vea ser desidia el que no haya al presente muchas huertas, y frutales en las cercanías del río Moscas, pondré estos otros quatro versos del mismo poeta.”

 A Moscas tiene Cuenca por remate,

Y adorno principal de su hermosura,

Que con limpios cristales, y salados,

Le da mejor los frutos sazonados.”

Verdad o ironía, los productos hortícolas de la vega del Moscas gozaban de una merecida fama, sabor y calidad, en los comienzos del siglo XVII se y atribuían al efecto del agua salobre del río.

Desembocadura del río Moscas. Fuente: elaboración propia

“Fui continuando mi camino á Valera, dexando antes á mano izquierda el lugar de la Melgosa, y á la derecha el de Tórtolas. Se pasa porción de camino por entre pinares que no son muy buenos; pero en más distancia se descubren sobre la mano izquierda algunos manchones de los mismos árboles, que según dicen, son mejores:”

Ponz opina de acuerdo con la norma práctica de la época  sobre cuestiones forestales.

Pinares por Tórtola. Fuente: elaboración propia

“Llegué a Valera con buenas ganas de ver si se podía rastrear algo de lo que fué en la antiguedad…”

Y lo que encontró fueron partes de capiteles, basas, lápidas con inscripciones de nombres de ilustres romanos: Quinto Fabio, Sexto Elio, Pompeyo Fortunato etc. en algunas paredes de las casas.

“… por donde se viene en conocimiento que este pueblo fue lucido entre los Romanos, cuyo nombre era Valeria, situado en la Celtiberia, según la autoridad de Plinio y Tolomeo.”

 “El parage, pues, que se señala, al antiguo pueblo está entre dos profundidades, o tajos bien grandes…”

Río Gritos. Fuente: elaboración propia

Y por aquí el río Gritos “nace en las mismas vecindades que el Júcar y Cabriel, el Guazaón y Moscas, que luego se unen con los más grandes.”

En las últimas estribaciones de la serranía de Cuenca, entre la Olmeda y Chumillas. Se abre a la llanura manchega a la salida de la hoz, donde se une al Júcar en el embalse de Alarcón.

El nombre de gritos debe su origen al étimo latino quirites: ciudadanos romanos opuestos a los soldados, y éste de quiritare: llamar en auxilio. Por etimología popular su origen es onomatopéyico: llamar o invocar a los romanos. Valeria era una ciudad romana y sus alrededores eran escarpados.

 “En una hoz, que hay hasta la Olmeda, pueblo situado ácia el oriente, hubo antes moreras; pero hoy no las hay, y podía haber muchos árboles, y huertas aprovechando del riachuelo que pasa por ella. Los montes son por lo regular romerales.”

“… continué mi camino a otro lugar, que se llama Valera, y se distingue de la referida, en que á esta llaman Valera de abaxo. No hay entre las dos mas que una legua de distancia; pero casi siempre se va entre dos cerros altos hasta llegar á la vista de la villa, que está situada sobre un terreno bastante elevado.”

“Desde Valera de abaxo, hasta Bonache de Alarcón, hay dos leguas por tierra más abierta, pues ya empiezan las llanuras de la Mancha…”

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