Júcar, la oculta esencia de Cuenca

Entra en la ciudad como una serpiente verde. Los chopos y álamos, como briznas gigantes de hierba, la camuflan. Las garras de halcones, buitres y águilas vigilan constantemente su culebreo. Su cabeza se pierde en el poniente entre las llanuras de meandros y su cola se enreda, al norte, entre la cortante hoz. Sus escamas están labradas con los arroyos frescos y transparentes de la alta sierra. Su siseo trae el silencio de remotos pueblos; los silbidos furiosos de las cascadas; los trinos de las fértiles vegas y la historia condensada en su siempre renovado sonido.

El Júcar entra en Cuenca serpenteando sigiloso; bordeando; como queriendo evitar ser visto. Pero su zigzagueo bajo las altas piedras es demasiado estrepitoso. Y, sin querer ser protagonista, se convierte en el elemento principal para comprender la propia trama de la ciudad.

Nadie sabe a ciencia tarde cuando se empezaron a habitar sus riberas bajo la vista atenta e impasible de la roca. Desde el puente de Valdecabras, cuevas, fuentes, molinos, paseos y entradas a la ciudad como la de San Juan hacen pensar que el Júcar, antes de parir a Cuenca, siempre fue un hogar.

Río Júcar a su paso por el Puente de San Antón, poco después de unirse con el Huécar. Fuente: Autor

Sin embargo, es cuando se funde con el Huécar, cercano a la legendaria albufera árabe y a los pies del Cerro de la Majestad cuando el Júcar comienza a escribir la Historia. Allí el río abraza el barrio medieval de San Antón, antiguo Arrabal del Puente, que ha servido como acceso a la ciudad desde la capital hasta 1978. Es por ello, que no cueste imaginar su importancia. Carretas de mercancías, caballerías de terciopelo, campesinos sobre sus borricos, cartas de amor y noticias internacionales han llegado, durante siglos, a través de este barrio mientras la gente tomaba el fresco en sus puertas, el alfarero moldeaba el barro, el herrero golpeaba el yunque y los muchachos jugaban a la rayuela. San Antón, sin nunca llegar a serlo, es el más conquense de todos los barrios; paisaje indómito; cuna de los grandes oficios; alma arrabalera de roca y agua; dueño único del Júcar.

Cuenca, la ciudad alada, le debe una de sus dos alas al Júcar. La otra se la debe al Huécar. Juntas le hicieron volar sobre la roca y aletear fantasía del que la mira. Allá abajo, el agua en su rodar hizo a Cuenca ser un punto de referencia en el mapa español y europeo. Dos industrias florecieron en sus riberas como lirios en primavera: la industria maderera y la industria textil.

La madera fue el símbolo de nuestra ciudad. Su savia dio algunas de las más grandes construcciones de nuestro país y bajo sus sombras los ganados dieron la más preciada de las lanas europeas. Donde hoy bajan las piraguas, no muy atrás descendían cientos de troncos dirigidos por los maestros gancheros. Algunos llegaban al Desembarcadero del Sargal donde se efectuaba la saca de maderas del río Júcar. Otros seguían su camino para tierras de Alarcón y Valencia. También, siguiendo el curso río abajo desde el Sargal, una chimenea de rojo ladrillo nos habla de soledad. Representa los restos de la industria resinera que hasta los años 80 llevó a la provincia de Cuenca a ser la más importante del sector. Los troncos de madera y su resinosa alma escondían la esperanza de una tierra; el corazón de la magia de los árboles; los albores de nuestras costumbres y tradiciones; lo que hoy somos.

Por otro lado, siguiendo el margen de la orilla del río, como si de extraños chopos y álamos se trataran, molinos, batanes y lavaderos acompañaron durante siglos el rumor del agua del Júcar. En su ribera surgió la más grande industria que ha tenido Cuenca. De la fina lana conquense se preparaban los más preciados paños, textiles y alfombras que viajaron por toda Europa. Un ejemplo fue la Real Fábrica de Alfombras y Tejidos (1780-1954) que finalmente ardió una tarde de 1954 para convertirse en una fábrica de luz y ahora como el conocido restaurante La Ceca. Nombre dado debido a que este lugar, anteriormente, fue la Casa de la Moneda entre 1661 y 1728. Aguas abajo, nombres como el Molino lanarera, el lavadero de los Genoveses, la isla de Monpensier son ya sólo sombras gramaticales de un tiempo dorado, hoy perdido. El tiempo rueda como el agua rodaba para hacer rodar la rueda, y sin dejar de rodar, rodaban la rueda y el agua y el tiempo.

Vista Oeste de Cuenca por Anton Van Wyngaerde (1565). Fuente: Autor

Sus inmemoriales aguas guardan también la pureza de aquella infancia lejana sin la presencia humana. Eran entonces sólo las alamedas, las choperas y las olmedas las que abrazaban su rumor. Aún no conocían las traviesas zarzas y las inmortales hiedras las grandezas que esperaban. Tampoco los acumulados descalabros. Nadaba la escurridiza nutria sin molestarse por batallas. Madrugaban cantarines los mirlos, martilleaban los carboneros, volvía cada verano la africana oropéndola y en la oscuridad de la noche, asustaba el cárabo. Pero nadie aun los escuchaba. Hoy si podemos disfrutar de todos estos primeros habitantes de la ribera del Júcar como si, cerrando los ojos, nos contaran los más profundos secretos del tiempo: El agua: ser imperecedero, mar y manantial, inicio y final.

El huidizo Júcar firma su papel en la historia uniéndose con el humilde Moscas. Entre, un día, frescas huertas y arboledas se despide de la sequedad resinosa; de la fragancia de los pastos; de los troncos descortezados; del oro de los paños, telas y alfombras; de las almas serranas y de las leyendas de roca y agua. Y arrastra aquellos versos que la corriente ufana del Júcar “tanta gloria por el mundo gana, que tan solo su nombre se publica”.

Sentir el rumor del río Júcar es navegar dentro de nosotros mismos. Observar su verde es profundizar en el valor de nuestro patrimonio y nuestra historia. Su serpenteo es nuestra oculta esencia. El río como columna vertebral de Cuenca; camino pisoteado sin huellas; cuna de su civilización; fugacidad del tiempo. El Júcar es el espejo de Cuenca y Cuenca es el espejo del Júcar.

El Río Júcar, huyendo de Cuenca, cercano a Albaldejito. Fuente: Eva Gómez

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Pilar

    Me encanta vuestro trabajo Tirso, súper interesante
    La cantidad de información q tienes de las aves en general y de la naturaleza y cómo disfrutas de todo… sigue así, nos vemos!!!! 🥰🥰🥰🥰🥰

  2. Iñaki Menan

    Muy ilustrativo el entorno del Rio Jucar y sus Memorias historicas. Es uno de los referentes de los recursos que tiene Cuenca, y que proporciona suficientes atraciones para la elaboracionde un buen producto turistico.
    Gracias por estas lineas , lineas que ponen traje de gala al Rio Jucar y abrigo a su entorno , del cual elaborare con sus unidades paisajisticas un producto para terminar mi Grado en Turismo.
    Gracias

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