EL HINOJO (Foeniculum vulgare)

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Hay sendos refranes, uno latino y otro menorquín, que expresan de manera llamativa dos de los propiedades medicinales más destacadas del hinojo.

 El latino parece un verso escatológico de Marcial, pero es una máxima de la medieval Escuela médica de Salerno: “Semen foeniculi pellit spiraculi culi”, “la semilla del hinojo despeja los respiraderos del culo”. Esta es la facultad más reconocida, la carminativa. La infusión de los granos de hinojo es uno de los mejores remedios para descargar la hinchazón de barriga. Así pues, es tradicional echar hinojo en los guisos de legumbres como recurso sabroso de desactivar su explosiva combustión intestinal. (1)

 “Fenol i ruda fan sa vista aguda” afirman los menorquines, “Hinojo y ruda hacen la vista aguda”.  Contra las dolencias oculares es una receta ya estimada y usada, según los antiguos, por las serpientes, de las que lo aprendieron los hombres. El gran humanista sevillano Pero Mexia traspasó al castellano  e hizo accesible, aprovechando la revolucionaria innovación de la imprenta, muchos saberes y curiosidades latinas y griegas inalcanzables hasta entonces para la mayoría. “La culebra, para mudar el pellejo que, de estar el invierno encovada y escondida, se le daña, le mostró naturaleza comer para esto zumo de hinojo silvestre; y, para curarse la vista, que (también) la saca estragada debajo de tierra, se refriega los ojos con el hinojo, por do puede conocerse esta virtud en él”. Y además, nos revela de donde dimana tal poder oftálmico: “Las estrellas llamadas las siete Cabrillas participan en el dominio sobre el cristal y sobre la simiente del hinojo; y de aquí viene ayudar a la vista, porque estas son estrellas lunares y marciales” (2)

 ¿Estaría García Lorca cavilando sobre todos estos misterios de la naturaleza cuando le fue inspirado el poemilla breve y mágico, como un conjuro, de su Nocturno Esquemático?:

Hinojo, serpiente y junco.

Aroma, rastro y penumbra.

Aire, tierra y soledad.

(La escala llega a la luna). (3)

 El hinojo es la planta silvestre que huele intensamente a anís, su hierba hermana, con la que coincide  en propiedades y a la que según algunos supera. Nos acompaña en ribazos, yermos, herbazales, cultivos abandonados, vegas y cunetas por los alrededores de Cuenca y en gran parte de la provincia, pero no lo busques en la Sierra Alta porque a partir de 1200 m recula.  Ambas especies son tan valoradas que su cultivo se han extendido por muchas partes del planeta.   

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 Pertenecen a la familia de las umbelíferas, casi todas hierbas, pero con una presencia física que ya quisieran para sí bastantes leñosas.  Muchas de ellas tienen alturas de hasta dos o tres metros como es el caso del hinojo y unas preciosas inflorescencias que le dan nombre: las umbelas. Las umbelas parecen paraguas con las varillas revueltas por el viento. Y el conjunto, en las diferentes especies, puede ser cóncavo como una bóveda, plano o convexo según la longitud de los radios. Las flores son pequeñas, casi insignificantes, pero, gracias a la unión de muchas y a su ordenada disposición, se trasfiguran y magnifican. Como en el ser humano, como en muchas especies comunitarias o asociativas, la unión permite alcanzar metas que nunca podrían ser alcanzadas por los individuos en solitario. Si las flores estuvieran aisladas, mal lo tendrían los imprescindibles polinizadores para encontrarlas; sin embargo, los conjuntos florales de las umbelíferas llaman desde lejos poderosamente la atención de los insectos. ¡Y la nuestra!, porque las umbelas son  artificiosas y bellas.  Pues bien, el hinojo ¡más difícil todavia!, consta de umbelas de umbelas, es decir que de los radios primeros salen otros radios de la misma manera y es en el extremo de estos segundos donde se localizan las florecillas amarillas.

 Es hermana también de la cañiguerra conquense, la terrible cicuta (Conium maculatum), tan abundante en nuestras vegas, de flores blancas y de gruesos tallos huecos manchados de púrpura.  Y también lo es, aunque sorprenda por el aspecto y tacto tan diferente, del cardo setero (Eryngyum campestre), conocidísimo aquí por ser en sus raices donde se desarrolla la madre de la más apreciada de las setas de Cuenca: la de cardo (Pleurotus eryngii). Familia de plantas muy útiles, por otra parte, para la humanidad, porque nos alimentan, como la zanahoria o el apio, y nos condimentan los alimentos y nos curan, como el anís, el cilantro, el perejil, la alcaravea o el eneldo. Y ¡ojo! también nos pueden matar como la cañiguerra a Sócrates.

Tallos altos, degados y finos del hinojo. Fuente: Autor

   Las flores, con sus cinco pétalos arqueados, como  enrollándose y compactándose sobre sí mismos, se asemejan a ruedecillas. Habría que desplegarlos para ver que son planos. El fruto del hinojo, y de otras umbelíferas, con un par de antenas que son los persistentes estigmas de la flor, y unas costillas sobresalientes de arriba abajo que les confieren cierta agresividad, parece un escarabajillo. Cuando el fruto se seca este insecto se parte por la mitad y ahora no es un insecto, son dos, iguales y simétricos, con un solo cuerno, enfrentado el uno al otro como reflejándose en un espejo.

Flor del hinojo. Fuente: Autor

La planta es perenne y, aunque su parte aérea fenezca con los fríos, renace cada año. Muchas veces lo hace entre los tallos secos del anterior, que todavía se mantienen en pie hasta que los jóvenes los sobrepasen y abatan. Cuando rebrota en primavera lo primero que surgen son las hojas basales muchas veces como una hermosa maraña o pelambrera de hojas olorosas. La podemos encontrar más o menos solitaria  y también en grandes y altos hinojales sobre terrenos fértiles.

  Es una de nuestras hierbas aromáticas y saludables más conocidas y estimadas.  Además de los usos ya reseñados, sería interminable la lista de aprovechamientos de todo tipo. Estimula la secreción láctea de las mujeres que crían. Combate el mal aliento.  Se siguen usando los frutos del hinojo para infusiones, para cocinar y aromatizar comidas, licores y pastelería. Y es un buen adobo de aceitunas y berenjenas. En las matazones de muchos pueblos de Cuenca se usaban para lavar las tripas de chorizos y morcillas. Los rebrotes y hojas tiernas del hinojo son una excelente verdura y en ensalada están exquisitos y hay quien dice que hasta sanan heridas y  alivian el asma.

  Se puede cultivar perfectamente el hinojo desde las simientes silvestres.  En las variedades cultivadas  los brotes tiernos forman un grueso e impresionante  cogollo en la cepa que es una verdura jugosa y magnífica sobre todo para ensaladas, favorecedora de una buena digestión. 

    Los jardineros romanos, quienes además de por la estética miraban por la utilidad, tenían debilidad por el hinojo. Las abejas también lo estiman y de él extraen una miel muy valorada por su sabor a especias y su color de ámbar oscuro.

  El término hinojo desciende del latino foeniculum, diminutivo de foenum, heno en castellano. Así que hinojo sería el diminutivo del heno, que viene a ser un forraje . El hinojo también se le daba de comer a los animales sobre todo gallinas y conejos. En francés hinojo se dice fenouil que tiene la misma etimología. Hay un famoso licor digestivo francés actualmente comercializado, el fenouillette, hecho con hinojo. Es similar al anissete, del anís hermano.

  Tanto les gusta el hinojo a los caracoles que frecuentemente lo vemos plagadito de ellos, adheridos en un sueño diurno esperando, quizás,  que se haga de noche o se humedezca el ambiente para continuar su actividad.   Las chinches escudo, esos curiosos insectos parecidos a minúsculos escudos tribales de preciosos colores e ingeniosos diseños, tienen especial predilección por el hinojo, la cañiguerra y demás parentela. especialmente la Graphosoma lineata de rayas rojas y negras tan frecuentes por estos andurriales. Las chinches escudo son también familiares y hogareñas. En Cuenca se suelen refugiar durante los días soleados del invierno entre la ropa tendida en los balcones, así que frecuentemente se nos cuela con ella en nuestras casas. No hay que asustarse: no sólo son inofensivos, sino que nos brindan la oportunidad de admirar su sorprendente belleza.

 

(1)“Escuela de Salerno”. La primera escuela de medicina antes de las universidades. Aunque la medicina aún tardaría muchos siglos en ser científica, esta escuela médica del sur de Italia tiene ya intención de ser lo más racional y laica posible, con su normativa, su profesorado y su afán de abrirse al conocimiento viniera de donde viniera, como al procedente de la rica tradición árabe y hebrea. Su época dorada fueron los siglos XII y XIII, pero pervivió hasta el siglo XIX. (Citas en XLI, p. 819 y cap. XL p. 813 respectivamente.)

(2)“Silva de varia lección”, primera y más famosa obra en el género literario de las misceláneas, fue publicada en Sevilla en 1540. Obra innovadora y pionera, recogía una tradición clásica donde se mezclan diferentes temas de una manera heterogénea, fundamentalmente de historia, biografías, naturaleza, hechos memorables y curiosos, etc. Sigue a muchos autores clásicos a los que traduce y comenta: Plinio, Plutarco, Aulio Gelio, Máximo Valerio  o Diógenes Laercio. Esta obra tuvo muchísimo éxito en toda Europa y fue profusamente copiada y plagiada. Influyó en las obras de numerosos sabios y autores fundamentales como Montaigne.

(3) Del libro, CANCIONES (1921-1924).

 

BIBLIOGRAFÍA:

-Silva de varia lección, Pero Mexia,. Ed. Cátedra. Letras Hispánicas. Madrid 1989

-Poesía completa, Federico García Lorca. Galaxia Gutemberg, 2017.

-Etnobotánica en la Serranía de Cuenca. Las plantas y el hombre. VVAA.

-IECTB (Inventario español de los conocimientos tradicionales relativos a la Biodiversidad), tomo 3, Gobierno de España, MITECO. Madrid, 2018.

-Flora Ibérica tomo X Real Jardín Botánico CSIC. Madrid, 2003

-La guía INCAFO de las plantas útiles y venenosas de la Península Ibérica y Baleares. Diego Rivera Núñez y Concepción Obón de Castro. Madrid, 1991.

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