Prostitución : Un espacio libre de Feminismo

El pasado día 23 fue el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas. El 23 de septiembre fue el día fijado por la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka (Bangladesh) en enero de 1999. La fecha coincide con la promulgación de la ley argentina contra la prostitución infantil, aprobada el 23 de septiembre de 1913, convirtiéndose en la primera norma con rango de ley que prohibía esta abominable práctica en las niñas. Era un primer gran paso. Ahora, sin embargo, hasta Argentina, ese país pionero en la erradicación de la prostitución infantil, se encuentra en un momento en el que se plantea la opción de regular la prostitución. Las cosas no siempre cambian a mejor, tristemente.

Dice Amelia Valcárcel que “mientras los varones sean entre sí objetos de aprecio y las mujeres únicamente objetos de deseo el estatuto completo humano no nos pertenecerá”. Es una frase que resume muy bien cómo desde los aborígenes de la historia el denominado ‘Contrato Sexual’ estableció un reparto determinado de las mujeres de tal forma que los hombres pudieran tener acceso a nuestros cuerpos. El reparto es básicamente el siguiente: una mujer para cada hombre y unas pocas mujeres para todos los hombres. Así, históricamente, el sistema de dominancia patriarcal ha validado el matrimonio y la prostitución como dos importantes nichos de poder masculino a través de los cuales los hombres ejercitan su ‘derecho divino’ a acceder a nuestros cuerpos.

Patricia Espejo junto a Amelia Tiganus, durante la Jornada “Prostitución y Democracia: un binomio irreconciliable”, el pasado 31 de enero

El sistema  en el que vivimos se compone de 3 estadios que lo conforman a imagen y semejanza de los hombres: el sistema patriarcal, el sistema cultural y el sistema capitalista de corte neoliberal. El sistema patriarcal permite establecer el diseño entre hombres y mujeres a partir del predominio masculino y la sumisión femenina, siempre con profunda atención a las ‘necesidades’ de los primeros. Dice Luce Irigaray que “lo femenino en el patriarcado no es lo que las mujeres son, sino lo que los hombres han construido para ellas”. Y así es. Tan sencillo como eso. Simone de Beauvoir lo explicaba con extraordinaria sutileza al decir que las mujeres desde el mismo momento en que nacemos somos ‘heterodesignadas’ como pura sexualidad (nos designan) mientras que los hombres son ‘autodesignados’ como sujetos raciones (ellos deciden sobre sí mismos).

La prostitución es el paradigma de la consideración de las mujeres como pura sexualidad. Una institución patriarcal que existe desde siempre para velar porque las mencionadas necesidades masculinas estén siempre cubiertas y para que los varones puedan hacer todo lo que deseen con una mujer porque pagan y tienen derecho a todo.

El segundo estadio del sistema es el cultural-educacional. A través de la educación, la familia, la literatura, el cine, la publicidad… y, ahora, las redes sociales, se transmite esa cultura patriarcal donde la hipersexualización de las mujeres, adolescentes y niñas es cada vez mayor. Hay un libro maravilloso de Lal Coveney, Margaret Jackson, Sheila Jeffreys, Leslie Kay y Pat Mahony titulado The sexuality Papers: Male Sexuality and the Social Control of Women que explica extraordinariamente bien la historia de la sexualidad en los último 100 años, desde la represión hasta la liberación sexual. Una libertad sexual que en los años 60 fue más bien una trampa que pretendió imponer la idea transgresora de “libertad sexual por encima de todo” sin tener en cuenta en su consideración a las mujeres. Pronto se percataron de ello Kate Millet y otras feministas de la época, que lucharían valerosamente para que la libertad sexual no triunfase como un concepto consensuado cuando en realidad había sido pensado por los hombres para los hombres.

A partir de ese momento, y de forma casi coincidente con el triunfo de la globalización de las políticas neoliberales, la prostitución va a constituir un papel central dentro el sistema patriarcal capitalista, gracias, en parte, a esa ‘cultura de la prostitución’ que denomina Sheila Jeffreys, que validará esta institución en su tránsito hacia el gran comercio millonario en el que pronto se convertiría. Aquí entra en juego el tercer estadio: el sistema capitalista en su reformulación neoliberal.

Patricia Espejo durante su ponencia en las VII Jornadas Nacionales de Médicos Del Mundo “Avanzando en la Abolición de la Prostitución”

Por tanto , hemos de observar cómo el sistema cultural hegemónico ha hecho posible la normalización de la prostitución en la sociedad y el sistema capitalista ha hecho de la prostitución un fuerte sector económico que transita, como diría Ana de Miguel, en las zonas de sombra (entre lo legal y lo ilegal). Naturalmente a ello ha colaborado enormemente la industria del porno. Nos dice Rosa Cobo en su último libro Pornografía, el placer del poder que la pornografía no es sino la pedagogía de la prostitución. En efecto, la pornografía suministra la ideología que mantiene la prostitución. Son industrias que confluyen y se retroalimentan. 

Si nos damos cuenta, la prostitución es la única institución donde actualmente, en un país como España, un hombre puede violentar, vejar, insultar, penetrar, agredir… a una mujer sin ser cuestionado y penalizado por ello. Todo eso solo se les permite en el marco de lo que la RAE define como el intercambio de sexo por dinero (una definición alejada de la realidad, habida cuenta de que, en la práctica totalidad de las veces, no son ellas las que obtienen ese dinero para sí y ni mucho menos son las que fijan la cuantía y gestionan los beneficios. Eso nunca).

La prostitución es un paraíso para el machismo; es la única institución patriarcal que hoy asegura un espacio libre de feminismo. Sería la ‘contracampaña’ a la que se efectúa desde hace algunos años por algunos medios de comunicación social ‘espacio libre de violencia de género’. Pues la prostitución es justo lo contrario.

Simone de Beauvoir tituló El Segundo Sexo al que es probablemente el libro más importante de Teoría Feminista que se ha escrito en el siglo XX. Un libro que brotó de un contexto de pensamiento crítico y progresista como el que tuvo lugar en Francia tras la II Guerra Mundial. Simone articuló su exquisito teorema feminista en torno a una idea extraordinariamente fuerte de igualdad; una igualdad heredera del Marxismo, que emanaba, a su vez, de Rousseau.

Y es curioso, porque Rousseau, probablemente el filósofo ‘menos misógino’ de todos los filósofos de la Ilustración (en tanto en cuanto, su obra “Origen y fundamento de la libertad entre los hombres”, escrita en un momento histórico de pura eclosión intelectual -donde se desarrolló la primera Ola del Feminismo-) reflejaba perfectamente cómo “la desigualdad no es obra ni de la naturaleza ni de Dios”. Constatamos así que ya en el siglo XVIII la ciencia filosófica exponía de forma clara las razones por las cuales la desigualdad no es más que una construcción humana que ha perdurado a través de la cultura y la educación patriarcal. Esta idea de Rousseau permitía -y permite- afirmar que todo aquello que ha sido creado y transmitido por los humanos puede ser deconstruído/destruído de la misma manera. ¡Yo creo que ya es hora de ponernos manos a la obra y demoler ese reducto patriarcal que es la prostitución!

Y, antes de acabar, me hago una pregunta: ¿y las mujeres prostituidas? ¿ellas qué son? Ellas ni siquiera son el segundo sexo. Ellas simplemente son las nadies, las otras, las que viven las vidas de otros que se aprovechan de su vulnerabilidad. Porque ellas no hacen lo que quieren, hacen lo que pueden. Porque de entre sus escasísimas opciones tuvieron que ‘aceptar’ ser prostituidas, esto es, que otros las prostituyan y se beneficien de ello. Y digo aceptar y no consentir porque es un auténtico sinsentido entrar a debatir que haya alguien que pueda consentir su propia explotación.

Por todo ello no puedo acabar por lo más esencial; por una premisa que es incuestionable no solo desde un punto de vista ético, que por supuesto, sino también desde un punto de vista político, como acción necesaria de un gobierno que se ha declarado manifiestamente abolicionista y que tiene que actuar en consecuencia:

las únicas políticas de Estado posibles respecto de la prostitución que pueden dar como resultado una respuesta democrática, ética, justa y socialmente responsable son las políticas abolicionistas. No hay otras políticas decentes.

Lectura del manifiesto el 25N de 2019 en Cuenca

Patricia Espejo Megías

Profesora contratada doctora UCLM

Presidenta de la Asociación 1,2,3 Educafem

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