ORGULLO Y MATRIA

Olga Díaz Cano

Docente y Asociada de 123Educafem

El pasado 25 de noviembre se conmemoraron cuarenta años de la primera marcha para denunciar la violencia sistemática que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo, simplemente por el hecho de serlo, con el fin de reclamar políticas en todos los países para su erradicación. La idea se inició en 1981, cuando el Movimiento Feminista Latinoamericano decidió reivindicar la fecha en la que tres hermanas −Patria, Minerva y María Teresa Mirabal− fueron asesinadas veintiún años atrás, en la República Dominicana. Sin embargo, esta jornada de reivindicación no fue asumida por la Asamblea General de las Naciones Unidas hasta 1999, entendiendo por violencia contra la mujer: «todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada»[1].

Es importante reivindicar esta conmemoración cada 25 de noviembre, pero también es muy necesario que este mensaje no caiga en el olvido el resto de los días del año. A día de hoy, y con 75 víctimas en lo que va de 2021[2], esta violencia está considerada como la forma más extrema de desigualdad, ya que tiene como resultado la ruptura del proyecto de vida de muchas mujeres junto con sus hijas e hijos.  Además, se trata de un problema social que está presente tanto en el ámbito público como en el privado, afecta a todas las edades y no se limita a ninguna cultura, región o grupos específicos de mujeres en una sociedad.

Marcha del 25N a su paso por la Calle de los Tintes. Fuente: 123Educafem.

Este 25 de noviembre nuestra ciudad decidió unirse para salir a la calle con el fin de visibilizar que la sociedad está cansada de escuchar en los medios -una y otra vez que más mujeres son asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, aunque por desgracia los números no acaban ahí. Cada vez son más las víctimas de violencia sexual, así como de violencia vicaria, en la que menores son moneda de cambio para lograr un único y terrible fin: provocar dolor y sufrimiento a las mujeres. Desde distintas agrupaciones y colectivos conquenses se puso en marcha una concentración para manifestar que estamos aquí y que estamos unidas. Más unidas que nunca. Porque el patriarcado nos quiere solas, aisladas y a su servicio. Pero la realidad, aunque les asuste, es otra. 

Tarjetas realizadas con motivo del 25N dentro del movimiento internacional Roses Against Violence. Fuente: 123Educafem

Cada vez la palabra sororidad cobra más y más fuerza. Porque cada día que pasa estamos más dispuestas a hablar y compartir nuestras experiencias, tendiendo una mano amiga a aquellas que lo necesiten y creando espacios seguros. Porque cada vez tenemos más claro que es importante mantener viva la memoria de las que ya no pueden hablar porque fueron silenciadas simplemente por ser mujeres. Y con todo esto en la cabeza y en el corazón, Cuenca salió por todo el mundo, por las que estaban, por las que ya no estarán, por las que no se atreven, por las que no se les permite, por todas. Ese día el aire se tiñó de morado, podía verse en la ropa, leerse en las pancartas, respirarse en el ambiente y un sentimiento de orgullo, unión y matria acompañaba la marcha. Fue una marcha silenciosa, pero a la vez fue una marcha llena de voces. Voces que rechazaban esta vulneración de los derechos humanos, discriminación y atentado al derecho de igualdad entre mujeres y hombres. Voces que apelaban a la educación para poder eliminar esta lacra social que afecta hasta al setenta por ciento de las mujeres, experimentando a lo largo de su vida algún tipo de violencia contra ellas.

Voces que, unidas, orgullosas y valientes gritaron ¡BASTA YA!

Lectura final del manifiesto en el memorial a Marina Okarynska y Laura del Hoyo. Fuente: 123Educafem

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