María Luisa Chico de Castro, pintora y fundadora de un nuevo museo en Cuenca.

María Luisa Chico es una artista afincada en Cuenca que vino a nuestra ciudad a los dos años y, aunque pasó temporadas fuera, nunca perdió el contacto con esta tierra, motivo de inspiración de su obra artística y sede del museo que la alberga, la Fundación García y Chico, en el barrio del Castillo.

Autorretrato de María Luisa Chico. Fuente: https://www.fundaciongarciaychico.org/

Una peculiaridad de este museo es ver a la propia artista modelando en el taller, pintando o haciendo el dibujo de alguna obra en proceso. Se sienta conmigo y me cuenta la historia del edificio, que es el resultado de unir dos antiguas casas de labranza, con sus cuadras de piso en la misma roca, paredes de piedra, techados con vigas de madera, puertas centenarias y ventanas que ella ha restaurado con sumo cuidado, todo de una elegante sobriedad.

Estamos lejos del museo espectáculo, de la monumentalidad pretenciosa de ciertas tendencias de la museografía moderna, que ensalzan cualquier objeto llamándolo arte por el mero hecho de haberlo convertido en museable. En este espacio humilde de la Fundación García y Chico asistimos a todo lo contrario: las piezas tienen valor por sí mismas, es su belleza lo que nos atrapa. Se muestran en su desnudez, de una manera tan sencilla como el entorno que las rodea.

Paisajes conquenses de los ríos y las hoces, en primavera y otoño, figuras, montañas azules y cielos que muestran distintos colores de los momentos del día, espacios reales y soñados, imaginados o recordados, que tienen su origen e inspiración en Cuenca, el lugar más adecuado para que puedan ser vistos.

Fundación García y Chico. Fuente: https://www.elblogdecuencavila.com/?p=17922

María Luisa nació en Asturias, como otro personaje enconquesado famoso con el que tuvo relación: el poeta, pintor y dinamizador cultural Carlos de la Rica, quien escribió una introducción para una de sus primeras exposiciones conquenses, la patrocinada por la Diputación en 1994. 

También como Carlos de la Rica, vino a Cuenca con su familia siendo una niña. Aquí pasó su infancia, hasta que la familia se trasladó a Madrid. Años en los que no perdió el contacto, ya que venían en vacaciones a la casa que tenían en la parte baja. Después de casada, siguió viniendo con su marido, hasta que se instalaron definitivamente en el barrio del Castillo, su residencia actual, en la que vive junto a su hija, Ruth García.

Además de las obras que pueden verse en el museo de la calle de la Paz, hay otras suyas de mayor formato en distintas iglesias de Cuenca y pueblos de la provincia. Entre ellas, las pinturas de la cúpula y lunetos del Cristo del Amparo, en la Puerta de Valencia, y las pinturas murales de la capilla de santa Catalina, en esta misma iglesia. Para la iglesia de Nohales hizo dos retablos y una pintura para fondo del Cristo de la Salud.

Solo por la monumentalidad y belleza de la cúpula del Cristo del Amparo, María Luisa Chico se merece un lugar entre las Conquenses Ilustres, aunque dentro del conjunto de su producción artística sea solo una obra más. De la realización de aquel trabajo nos cuenta algunos detalles: las figuras femeninas que eligió para representar a los ángeles, con los atributos de la santa de Alejandría, uno de ellos con una cartela que nombra la filosofía, recordando su sabiduría, otra que rompe la rueda de su martirio, etc.

Su formación como restauradora en la Facultad de Bellas Artes de Madrid la capacitó para la realización de otros trabajos en la misma iglesia, como la restauración de seis cuadros al óleo de los siglos XVII y XVIII. No en vano, María Luisa hizo la carrera de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de Pintura. De la especialidad de escultura, realizó un curso de modelado y otro de talla, este con Marco Pérez, que completará después con más cursos, uno de modelado en la Escuela de Cerámica de Madrid, con Aurora Cañedo.

En la hemeroteca pueden rescatarse noticias de sus primeras exposiciones en Madrid, Cuenca y Ciudad Real, si bien, como multitud de artistas, no pudo vivir exclusivamente del arte. Tuvo que alternar su actividad artística con la de la enseñanza, de manera oficial como funcionaria docente, al aprobar las oposiciones en la asignatura de Dibujo y durante algunos periodos de excedencia, dando clases en un estudio de la parte baja de Cuenca.

Empezó a exponer en Madrid, en varias galerías de arte, Sotomesa, Macarrón, etc. En Cuenca, ha habido varias exposiciones temporales de sus obras, en distintas galerías e instituciones culturales. Ya en 1975, hubo una exposición de sus pinturas en la sala Toba. Después, en años sucesivos, otras en la Galería de Arte de Caja Castilla-La Mancha, en la Galería de Arte Jamete y en el Antiguo Convento de Carmelitas.

Paisaje de Cuenca, por María Luisa Chico. Fuente: https://www.fundaciongarciaychico.org/

En la introducción al catálogo de esta última exposición, escrita por Carlos de la Rica, se dice: “María Luisa observa la Naturaleza y la respuesta es esa luz fijada bellamente en sus telas… El detalle y el nacimiento del color impone su verdad desde un dibujo perfecto y sosegado, sabio. Cada tono se esparce en los reflejos acuosos, entre las ramas, el urbanismo cogido de la ventana, la cerámica y las flores. Diría que ese animal o perro olfatea vivo, como la lectura se escucha de esa niña aparecida en su asiento. La visión de su pintura es armónica, sin afectación, con una lógica que viene de la fidelidad realista, pero que se escapa de ella, imponiendo, en su calma, la radiante entidad de los colores.”

La cita anterior sirve para recordar ciertos rasgos biográficos de María Luisa, como su amor por los animales, que la llevó a trabajar de voluntaria en la protectora Cuencanimal y después, a crear Arcoairis, otra organización para protección de los animales. Cuenta ella que la motivación que le llevó a esta actividad para la defensa de la vida y el bienestar animal fue la precaria situación que encontró, por aquellos años, en Cuenca. De aquella etapa quedan algunas pinturas, postales o marcapáginas, con frases de Gandhi y otros pensadores humanistas, encaminadas a crear conciencia y educar a la sociedad en la necesidad de tratar bien a los animales. 

Otra actividad de María Luisa fue su participación en el Orfeón de Cuenca, durante varios años, no solo como cantante sino como creadora de la utilería, elementos para la escenografía, de dos óperas que se representaron en el Auditorio de la capital. Para La flauta Mágica de Mozart construyó máscaras de animales, una serpiente de varios metros de longitud, etc. La otra ópera representada, que también contó con la colaboración de María Luisa en el atrezo o utilería, fue la titulada Isabel, compuesta por un profesor del conservatorio. En ambas obras, puso en práctica sus dotes de escultora y artista plástica. Queda muestra de ellas en las grabaciones de vídeo de dichas óperas, en las que pueden verse la enorme caracola del sueño de la niña Isabel, el pozo, los peces, la serpiente, el tridente y la corona de Neptuno, etc.  

Volviendo a su obra pictórica más personal, recordaremos sus últimas exposiciones, colectivas, que pudieron verse hace unos años en Madrid, la titulada «HISTORIA VIVA», en las salas del Ateneo madrileño y otra en las de la Facultad de Bellas Artes.

El que su obra no esté en los circuitos comerciales quizá se deba a que trabaja de una manera solitaria en su estudio conquense, apartada del bullicio de Ferias y mercados del Arte, donde no siempre es calidad lo que se compra y se vende. Sus creaciones nacen de una necesidad de crear, que solo busca la satisfacción personal de la obra bien hecha. Raras veces trabaja por encargo, si bien en la actualidad está embarcada en dos interesantes proyectos editoriales, en los que colabora con Almudena Serrano, directora del Archivo Provincial. Uno de ellos consiste en la elaboración de láminas que cuenten la historia del edificio en que está situado el archivo. El segundo proyecto, más feminista, consiste en ilustrar las historias recopiladas por Almudena en el archivo provincial sobre la violencia que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia.

También ha publicado un libro, escrito e ilustrado por ella, con el seudónimo de María Ginés Illana, en edición bilingüe, inglés y castellano, que se titula Los Mirlos.

Aunque, en mi opinión, por lo que Cuenca debería estar más agradecida con María Luisa, además de por la belleza de sus obras, es por la creación y mantenimiento del museo que dirige. En una ciudad que hace gala de la importancia de sus museos, la existencia de esta Fundación ocupa un lugar destacado y contribuye, en gran medida, a dar esa identidad artística, que es una de las mayores atracciones turísticas que tenemos. No solo contribuye a aumentar el número de espacios artísticos visitables, sino que, además, es un paliativo a la escasez de museos dedicados al arte figurativo. Las obras de esta pintora y escultora, discípula de Marco Pérez, hacen posible que se pueda ver en Cuenca, de modo permanente, y no solo en exposiciones temporales de corta duración, una muestra de ese otro arte enraizado con nuestro paisaje que contribuye a la identidad cultural conquense y es foco de atracción turística en el casco antiguo.

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