Magdalena Santiago Fuentes, ilustre conquense que innovó en pedagogía.

Fue una de las primeras mujeres en tener una calle en Cuenca, después de la princesa Zaida. O debió serlo, ya que el alcalde de esta ciudad, donde nació, se comprometió a ello en un telegrama que envió a los organizadores del homenaje que recibió en Madrid, días después de su fallecimiento.

Magdalena Santiago Fuentes. Fuente: Real Academia de la Historia

Fue una de las primeras mujeres en tener una calle en Cuenca, después de la princesa Zaida. O debió serlo, ya que el alcalde de esta ciudad, donde nació, se comprometió a ello en un telegrama que envió a los organizadores del homenaje que recibió en Madrid, días después de su fallecimiento.

Nació el siete de febrero de 1873 en la casa de sus abuelos, calle Alfonso VIII, 98. Siendo muy niña, su padre trasladó la familia a Burgos, después a Logroño y, por último, a Madrid, donde trabajó como periodista de El Constitucional. Allí estudiaron Magdalena y su hermana Carmen. Magdalena empezó Farmacia y Medicina, que dejó sin acabar por la temprana muerte de sus padres. A los diecisiete años tuvo que ponerse a trabajar de telefonista de Correos y Telégrafos. Por cierto, el acceso de las mujeres a este trabajo levantó mucha polémica, se consideraba que no era apropiado para ellas porque eran chismosas por naturaleza y no sabían guardar un secreto.

A la muerte del padre las hermanas tuvieron que separarse, a Carmen se la llevaron unos tíos a Sigüenza y a Magdalena, otros, a Huesca. En esta ciudad se hizo maestra para tener un sueldo, lo antes posible, y llevarse a su hermana a vivir con ella. Hoy, la escuela en la que empezó a trabajar, situada en la calle Alfonso de Aragón, en Huesca, lleva su nombre. En la capital aragonesa permaneció ocho años, en los que escribió sus primeras obras, que le publicaría un amigo editor. También publicó artículos y cuentos, primero en Aragón, y más tarde en Madrid, tanto en revistas especializadas en educación, Magisterio Español, Escuela Moderna, etc., como en otras publicaciones científicas y de actualidad: Correspondencia española, Blanco y Negro, El Imparcial, Feminal y El Diario de la Marina. Además de novelas y cuentos, escribió obras pedagógicas y de divulgación científica, traducciones y antologías.

A los veinticinco años consiguió una plaza de profesora en la Escuela Normal Central de Madrid, para la asignatura de Física y Química, pero, además, enseñó Historia, Arte y otras materias de Letras.

Como integrante de la Escuela Nueva que surgió en aquellos años, incorporó aspectos innovadores a su pedagogía como hacer excursiones con sus alumnas a Toledo, Segovia o Guadalajara, realizar visitas a museos, y trabajar en proyectos con el alumnado.

Rodolfo Llopis, que fue alumno suyo y después compañero de profesión, recuerda los viajes y excursiones que hizo Magdalena como encargada de un grupo de estudiantes que llegaron de Cuenca a Madrid, así como el ansiado y proyectado viaje a su lugar de nacimiento que no llegó a hacerse [1].

Sus obras narrativas tenían un fin didáctico y fueron publicadas también en el extranjero. Entre las numerosas narraciones que escribió, destacaremos los siguientes títulos: Gaitán Aresti; Nudo Gordiano; Aves de paso, novela infantil; Cuentos del sábado; Visión de vida, novela; La novela de la infancia; El tesoro de Abigail, narración a Tierra Santa; O- Toyo, novelita japonesa; Emprendamos nueva vida, novela; Cuentos orientales; Cuentos del sábado; Flores de loto, cuentos arqueológicos, etc.

Portada de La novela de la Infancia. Fuente: IberLibro

Gonzalez Blanco, crítico famoso de la revista Los Contemporáneos, compara su obra con las del novelista extremeño Felipe Trigo, y elogia, sobre todo, el realismo de sus tipos femeninos [1].

Algunas obras suyas están prologadas por Carmen de Burgos, Colombina. Magdalena, lo mismo que Carmen, fue pensionada por la Junta de Ampliación de Estudios, organismo de la Institución Libre de Enseñanza para estudios en el extranjero, cuyo director era Ramón y Cajal. Pero, a diferencia de Colombina, ella no pudo viajar a los países europeos por el estallido de la Primera Guerra Mundial y también por la enfermedad de su hermana Carmen, a la que cuidó hasta su fallecimiento. Las dos hermanas estuvieron muy unidas siempre, incluso trabajaron juntas en proyectos educativos y obras literarias. Juntas escribieron Vida de colegio. Novela infantil, que fue libro de lecturas para las escuelas de niños y niñas, publicado en 1916, y en la traducción de una obra pionera de la psicología social, Psicología colectiva morbosa, del italiano Pascual Rossi, en 1908.

Portada de Vida de Colegio. Fuente: IberLibro

Con la finalidad de incorporar los modernos avances de la Psicología a sus enseñanzas, en 1910, tradujo del francés la obra de F. Queyrat, La imaginación y sus variedades en el niño. Estudio de psicología experimental aplicada a la educación intelectual. No solo traducía del italiano y francés, también del inglés tradujo la obra de la escritora sueca Ellen Key, la más feminista de las suyas. Comparte con esta autora la mayoría de las ideas, excepto su ateísmo. Esta obra, titulada Amor y matrimonio, es una de las que se publicarían con prólogo de la escritora almeriense Carmen de Burgos.

Las obras traducidas por Magdalena llevan una amplia introducción suya en la que opina sobre el contenido del libro. En esta obra de Ellen Key dice las cosas en las que está de acuerdo con la autora sueca y en las que no lo está. Coincide en su rechazo a educar coercitivamente, en respetar la libertad del niño, en la coeducación, la defensa de los derechos de la mujer y la necesidad de su educación, pero le parece un tanto utópico su optimismo sobre el futuro. Magdalena defiende la libertad de la mujer, pero no el amor libre. Defiende la libertad de elegir con quien te casas, el divorcio, la independencia económica de la mujer, su derecho a la maternidad, la protección social a la madre soltera, etc. La profesora Carmen Muñoz, a la que debemos poder conocer a tantas mujeres valiosas del mundo de le educación conquense, gracias a sus investigaciones en el grupo Mujer y educación en Castilla La Mancha, comenta en la biografía que escribe sobre Magdalena que algunas de estas demandas suyas se han conseguido lograr después de muchos años, como subvencionar la maternidad y la crianza, pero hay otras que no se han conseguido todavía [1]. Demandas que resultan un tanto polémicas como la de que el trabajo doméstico de la mujer fuera remunerado por el esposo. Afortunadamente, hoy se tiende al reparto de las tareas domésticas y se exige protección social para ambos sexos en la crianza de los hijos. También habla de la necesidad de sacar del adormecimiento a la mujer española para lo que se vale del mito de la bella durmiente. La mujer tendría que despertar sin esperar la llegada de un príncipe para que lo hiciera.

Otra obra de psicología, que también prologará su amiga Colombina, es la de R. Bracco, Muecas humanas, publicada en la editorial del escritor republicano Vicente Blasco Ibáñez, la Editorial Sampere, de Valencia, en 1906.

La defensa de la igualdad de sexos y los derechos de la mujer que realiza Magdalena Santiago se muestra no solo en su actividad profesional, sino también con su colaboración con el Centro Iberoamericano de Cultura Popular Femenina, donde da clases de Historia y Arte, y promueve la participa de mujeres en actividades culturales. También escribe obras dirigidas específicamente a la mujer como la Guía de la mujer en el siglo actual o Lecciones de economía doméstica para las madres de familia

Otras publicaciones suyas de carácter educativo son: Compendio de historia de las civilizaciones, selección y síntesis de las mejores obras de este tema, declarada de interés relevante por la Academia de historia, y muy elogiada por la escritora Concha Espina, que lo califica como “libro abierto siempre en la mesa de quien prepara una oposición [1].

Además, escribió Vida de Santa Teresa de Jesús, una breve biografía de esta santa de Ávila; Mercurio excursiones escolares. Lecciones amenas e instructivas acerca de los productos naturales elaborados con aplicación a la vida humana en lo concerniente al alimento, al vestido y al hogar, en cuyo capítulo dedicado al queso roquefort, hace una denuncia de la situación de las obreras al describir la elaboración de ese queso: “Ved trabajar a las obreras de Roquefort criadas en las mismas cuevas para habituarse a permanecer en tan glacial temperatura sin detrimento de su salud.” [1: 98]

Sus ideas políticas anticoloniales pueden verse en la siguiente cita de otro capítulo de este libro. Dice: Reflexionad: la falta de ternura, la arrogancia altanera, el exclusivismo de raza ha causado la ruina de los españoles. Los indios de América, los indígenas filipinos, los negros de sus extensas colonias, les ofrecían confiadamente su amor, pero ellos en vez de confraternizar los hirieron en sus intereses y en sus sentimientos[1: 99]

En La cocina racional fórmulas y procedimientos de culinaria, cita la influencia de doña Emilia Pardo Bazán, la primera en publicar recetas de cocina en su Biblioteca de la mujer. Lo que no menciona es el desencanto que le llevó a doña Emilia a publicar esas obras de cocina después del poco caso que las mujeres de su tiempo hicieron de otras obras más feministas que había publicado en esa misma colección. Aunque el tema sea la cocina, en este libro despliega sus conocimientos históricos. Nos dice que también se ocuparon de ello Alfonso X en Las Siete Partidas, el marqués de Villena en su Arte cisoria, el arcipreste de Hita, en su Libro del Buen Amor y don Álvaro de Luna. Dice en el prólogo: “Una prueba de que el feminismo español es un feminismo práctico y razonable, esta predilección de nuestras intelectuales por el arte culinario, cuyo cultivo puede glorificarlas tanto como el de las Bellas Artes, puesto que como afirma un notable escritor un poeta y un cocinero no diferencia en nada; el alma de su arte es el genio” [1: 112-113].

Su temprana muerte, el 27 de junio de 1922, tuvo un gran eco en la prensa nacional y en Cuenca. En El Día de Cuenca apareció un sentido artículo de Rodolfo Llopis lamentando la pérdida de una mujer con tantos méritos [2]. Además de su retrato intelectual y profesional, hablaba de la estrecha relación que mantuvo siempre con Cuenca y su amor por la ciudad.

Entre los muchos actos de homenaje que se le hicieron figura el del Ateneo de Madrid, en el que se leyó un telegrama del alcalde de Cuenca sumándose al acto y anunciando el compromiso de poner su nombre a una calle. La Escuela Superior de Magisterio de Madrid instituyó un Premio que también llevaría el nombre de Magdalena S. Fuentes.

La escritora Concha Espina también colaboró en otro homenaje que se le hizo para recabar fondos y hacer una estela de mármol para honrar su memoria. Dijo de ella: “Es de esos seres peregrinos que encuentra alegría en el trabajo, como los niños en el juego…son siempre un poco los personajes de su propia literatura que como sus vidas mismas tiene un valor ejemplar, didáctico, un rectilíneo perfil de generosidad, un puritano ademán de filantropía…maestra ejemplar que oficiaba más que ejercía, tal era la pureza de su vocación” [1: 53]

 

BIBLIOGRAFIA

[1] Muñoz Olivares, C. (2004). Magdalena de Santiago-Fuentes: Los rincones de la vida. Mujeres comprometidas. Colección Letras de Mujer nº2. Diputación de Cuenca.

[2] Llopis, R. (04/07/1922). Magdalena Santiago. El día de Cuenca

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