LAS CONQUENSES ILUSTRES V: Carmen de Burgos, una mujer ilustre del callejero conquense

Situamos a esta escritora en esta sección porque su nombre está en el callejero de la ciudad; el suyo y el de Clara Campoamor son los únicos que no se refieren a mujeres nacidas en Cuenca, aunque sí hemos visto que hay muchos nombres masculinos de calles que se refieren a personas ilustres que tampoco lo son. Ya señalaba nuestra compañera María Muelas Gil esta disparidad en el artículo que encabeza esta sección. Pero no solo se trata de ausencia de mujeres ilustres conquenses, es que de las que no son conquenses la diferencia todavía es más abismal. Hay nombres de escritores, pintores, filósofos, políticos, cineastas y artistas varios y solamente dos, los de Clara Campoamor y Carmen de Burgos, de mujeres. Así que bien vale dedicarles un artículo.

Imagen 1: retrato de Carmen de Burgos. Fuente: Wikipedia

De Clara Campoamor espero que veamos pronto una representación en el auditorio de las circunstancias que rodearon a su defensa del voto femenino en el Parlamento, en 1931. De Carmen de Burgos, su relación con Cuenca le viene de su amistad con una ilustre pedagoga conquense, que también traeremos a la memoria en esta sección: Magdalena Santiago. Ya hablaba de ello Florencio Martínez Ruiz en el Diario de Cuenca y, con mayor amplitud, en el prólogo de su libro La ciudad encantada de Carmen de Burgos (2004), una introducción a la edición de esta novelita corta de la escritora almeriense, titulada La ciudad encantada (1921), cuyo escenario y personajes son este paraje y dos pueblos aledaños de la sierra, a los que la autora cambia el nombre pero que son identificables: Almenara y Villajoyosa, o Villalba de la Sierra y Valdecabras. Ambos pueblos rivalizan por llevarse los turistas que vienen a ver los fenómenos que la Naturaleza ha hecho en las piedras. Martínez Ruiz ve a esta autora, tal como dice en el subtítulo de su obra, como pionera en el excursionismo conquense. La autora describe esa naturaleza real de la sierra, pero sus habitantes no salen tan bien parados como el paisaje. La rivalidad de los personajes, a causa de la ignorancia, la ambición, la envidia o los celos, son un sombrío retrato de la gente de la sierra, que no aprecia el valor del medio en el que vive y se burla del forastero que viene a visitarlos porque sí les da valor.

Puede que fuera esta aproximación a nuestra provincia lo que la haya llevado a formar parte del callejero; sin embargo, tiene por sí misma méritos sobrados para ello sin esta relación. En primer lugar, por su labor constante en defensa de los derechos de la mujer en su obra literaria y en su vida. Creó la Cruzada de las Mujeres, organizó manifestaciones en pro del voto y de la reforma del código civil, pidiendo el divorcio, igualdad ante la ley, etc. Un ejemplo es su novela corta titulada El artículo 438, publicada en 1931, en la que denuncia que el adulterio solo se penalice en la mujer mientras que el hombre podía asesinar impunemente a su esposa y encima heredar sus bienes. Dicho artículo no desaparecerá del Código Penal hasta 1963.

Su vida es una muestra de lucha por la emancipación femenina. Se casó a los 16 años y tuvo tres hijos, de los que solo sobrevivió su hija María. Mientras cuidaba de la familia, estudió Magisterio, además de trabajar en la imprenta de su suegro y llevar la revista “Almería bufa”, dirigida por su marido, quien, por culpa de su alcoholismo, no podía hacerlo. Conseguido el título de maestra, huyó con su hija del marido maltratador para comenzar una vida independiente y vivir de su sueldo. Se instaló en Madrid en casa de un tío suyo, senador del reino, a quien le dedicó sus Ensayos Literarios. Este libro, publicado en 1900, contenía un capítulo titulado La educación de la mujer, con el lema “El que desee hombres grandes y virtuosos que eduque a la mujer en la grandeza y la virtud”. Este familiar intentó abusar sexualmente de ella y tuvo que abandonar su casa.

Siguió viviendo en Madrid, colaborando en revistas y periódicos, aunque con estancias en Guadalajara y Toledo, donde trabajaba como maestra.

Consiguió ser becada para estudios en el extranjero y aprovechó sus viajes para enviar crónicas a distintos periódicos: El Heraldo, ABC, El Globo, La Correspondencia de España, etc. En algunas de estas publicaciones había empezado a escribir ya en 1902 sobre moda y cosmética, insertando temas feministas y noticias de hechos que ocurrían en Europa, que suponen un avance para la mujer.

Deseosa de formar parte de la vida cultural de las tertulias madrileñas, las formó ella en su propia casa. Lo mismo hizo con las revistas, creó y dirigió “La Revista Crítica”, que desapareció cuando entró a colaborar en “Prometeo”, dirigida por su compañero sentimental y literario, Gómez de la Serna, 21 años más joven que ella. Un claro ejemplo de que no todas las mujeres a lo largo de la historia han sido musas y ellos genios. En esta pareja, la genia era Carmen de Burgos, y el muso era Ramón, un joven de 19 años que encontró en la escritora, ya famosa, protección y guía. Su convivencia de más de veinte años se rompió a causa del idilio entre el escritor y María, la hija de Carmen, actriz en la obra teatral de Ramón “Los medios seres”. A los pocos días del estreno, el escritor huyó a París y María se quedó con su madre. Carmen los perdonó y continuaron siendo amigos hasta la muerte.

Trabajadora incansable, siguió escribiendo y participando en la vida cultural y política española para cambiar la sociedad y hacer un mundo mejor, más justo e igualitario para las mujeres. Escribe miles de artículos, libros de ensayos, novelas y cuentos, “en los que el compromiso social es más importante que el estético”, según Concepción Núñez Rey (1989). Quizá esta sea la razón por la que no pase a la historia de la literatura como lo hiciera su innovador compañero. Sin embargo, hoy se la lee a ella mucho más que al autor de las greguerías, sobre todo entre el público femenino, que reconoce el valor de su obra pionera en muchos aspectos, no solo por su feminismo, sino también en su denuncia de la irracionalidad de las guerras, la injusticia del trato social a los homosexuales, etc. En Ellas y ellos o ellos y ellas, novela de 1917, Carmen de Burgos trata el tema de la homosexualidad sin penalizarla ni verla como una enfermedad que habría que curar, como se veía en su época, sino como un aspecto más de la diversidad humana, que debía respetarse y vivirla sin sentimiento de culpa.

En 1931 fundó la Logia femenina masónica “Amor”, filial de la del Gran Oriente Lusitano, de la que formarían parte su hermana Catalina y su hija María. Más tarde, diez años después de la muerte de Carmen, serán condenadas a 12 años y un día, e inhabilitación perpetua, por la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, y declaradas en rebeldía por no presentarse a juicio. Terminada la guerra, ambas se habían exiliado en Argentina.

Imagen 2: Carmen de Burgos (centro, de negro con collar) en una conferencia contra la pena de muerte, Ateneo de Madrid, 1931. Fuente: El País

Carmen murió en 1932 después de asistir a un mitin republicano sobre sexualidad. Se sintió mal y llamó a su amigo, el doctor Marañón, autor del prólogo de su última novela publicada “Quiero vivir mi vida” (1931).  Tenía 64 años y una participación muy activa en la vida cultural y política de la incipiente República española, en la que se estaban consiguiendo reformas que ella venía demandando en sus escritos, conferencias e incluso en manifestaciones y mítines. Había creado la Cruzada de las Mujeres Españolas, a imitación de la Cruzada de Mujeres lusa, fundada por su amiga y escritora portuguesa Ana de Castro, con la que había ido al Parlamento para pedir la ley del divorcio y la reforma del código penal. También se había opuesto a la pena de muerte en un mitin, junto a la madre de Fermín Galán, el militar republicano asesinado por su levantamiento en Jaca.

Sufrió burlas, motes (la llamaban “la divorciadora”), la destitución de su puesto de trabajo en una escuela de Madrid y destierro a Toledo. En esta ciudad, aprovechó su estancia para denunciar el expolio que se estaba haciendo del patrimonio (otra actividad en la que fue pionera). En sus artículos informó de la venta de obras del Greco, tema que continuaría en su novela Los Anticuarios (1918). Su denuncia del expolio de obras de arte influyó para que, unos años más tarde, se aprobara una ley para evitarlo.

Otra actividad suya fue la de traductora, sobre todo del francés. Entre otras obras, tradujo Historia de mi vida de Agnes Keller, mientras daba clase en la escuela de sordomudos de Madrid.

Se le considera la primera periodista profesional española y la primera corresponsal de guerra. En 1909 viajó al norte de Marruecos como corresponsal de El Heraldo de Madrid, en compañía de su hermana Catalina, para escribir sobre la guerra que estaba teniendo lugar en el Riff. Experiencia que aprovechó como argumento de su novela En la guerra (1909). El antibelicismo de esta obra ya estaba presente en otra titulada El repatriado, que escribió una década antes para oponerse a la guerra de Cuba.

En la guerra dice que escribe esta novela con el mismo brazo que ha estado curando a los heridos. Habla en ella de la labor filantrópica de la Cruz Roja, las penurias de los soldados, el gran número de mutilados y muertos, los cadáveres amontonados, a la vista de todos, en el Barranco del Lobo, etc. En esta misma introducción pone su nombre, el lugar, Melilla, y la fecha, Chaabán, año 1287; el octavo mes del calendario musulmán que se correspondería con 1909. Al final de esta novela, en la edición que hizo la editorial valenciana Sempere, de su amigo Blasco Ibáñez, se inserta un artículo del periódico La Correspondencia Militar en el que se pide una condecoración para la autora, igual que se había condecorado a otros periodistas que escribieron crónicas de esta guerra. Carmen, además, había llevado noticias de sus familias a los soldados y los había asistido en el hospital. Pero no obtuvo ninguna condecoración.

Su antibelicismo también se hizo evidente en la Primera Guerra Mundial, que vivió en primera línea durante sus viajes por Europa. Tuvo que desviarse sin pasar a Rusia a causa de la guerra. En Alemania la toman por espía rusa y la detienen. Todas estas peripecias, que primero fueron crónicas para El Heraldo, las recopilará en su libro Mis viajes por Europa, publicado en 1917. Allí describe el llanto de su hija cuando pierden el tren, cómo la condenan por simular y mostrar simpatías por prisioneros rusos, las penurias de la gente y los nacionalismos absurdos que enfrentan a la gente y dificultan la convivencia pacífica.

Imagen 3: Portada de Mis Viajes por Europa (1917). Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Los que la excluyen de la Generación del 98 olvidan multitud de razones existentes para incluirla. Además de la relación que tuvo con algunos de estos escritores. Con Unamuno participó en conferencias y actos, y coincide con él y con los demás de su Generación en impulsar el europeísmo que la regeneración de España, demandada por Joaquín Costa, necesitaba nuestro país. En estos artículos, admira que la mujer en Dinamarca pueda votar, los deportes que las europeas practican, el divorcio, el trabajo de la mujer, etc.

En la sección Lecturas para la mujer en El Universal, además de temas más frívolos que pudieran interesar a la mujer, habló de la necesidad de su educación, de su independencia económica y de su autonomía. También de la Masonería, reducto puramente masculino hasta su llegada a ella. Muchos de sus amigos, como Gómez de la Serna, el pintor Sorolla o el escritor Blasco Ibáñez, eran masones. Precisamente, su pertenencia a la logia masónica fue el pretexto de la Dictadura para retirar todas sus obras de las bibliotecas y librerías y prohibir su impresión o difusión.  Afortunadamente, se han podido recuperar muchos de sus escritos. Sus artículos en la prensa, gracias a que usaba seudónimos, no fueron eliminados y hoy podemos leerlos, después del trabajo de un meritorio trabajo de recuperación de su memoria por parte de sus biógrafas.  

Bibliografía

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