LAS CONQUENSES ILUSTRES II: Helena Lumbreras

La feminista conquense que hizo cine político por primera vez en España

Helena Lumbreras. Fuente: www.naranjasdehiroshima.com

¡Qué pena que las conquenses de mi generación no hayamos podido conocer a Helena Lumbreras antes! Nos quejamos de no tener modelos de mujer feminista y ahí estaba ella, trabajando en la clandestinidad, haciendo un cine nuevo que daba autoridad a la mujer, que la hacía hablar y la escuchaba, arriesgándose a que las películas fueran secuestradas, como así fue en alguna ocasión, o ella detenida por la policía por actuar fuera de la ley. Estábamos en una dictadura, allá por los años sesenta y setenta, cuando empezó a hacer cine.

Elena había nacido en 1935 en Cuenca, ciudad pobre y muy fría en invierno, en la que, por aquel entonces, recuerda su compañero, tenía que lavar la ropa de sus cuatro hermanos más pequeños en el río. Su madre era maestra y ella siguió sus pasos, hizo magisterio en Cuenca. Terminó su carrera a los 18 años y se fue a ejercer a San Lorenzo de la Parrilla, un pueblo todavía más pobre que la capital, sin agua corriente ni alcantarillado, al que solo llegaba el coche de línea cada dos semanas.  Otro pueblo conquense donde estuvo de maestra fue Belinchón. Sería interesante recuperar la memoria que los habitantes de estos pueblos tengan de aquel tiempo, en algunas de sus películas aparecen escuelas rurales con aulas presididas por el crucifijo y la foto de Franco y maestros con un palo en la mano que leen discursos nacionalistas a una caterva de niños distraídos. A los 21 años pudo dejar aquella vida para irse a Madrid a estudiar cine, compaginando las clases con su trabajo de maestra en barrios populares, hasta que consiguió una beca para el Centro Sperimentale de Cinematrogafía, en Italia.  En este país inició su carrera profesional como realizadora y guionista de documentales para la RAI. Más tarde trabajaría como ayudante de realización de directores de cine tan importantes como Fellini, Rosi, Pontecorbo y Pasolini. Gracias a la ayuda económica de este último, podría realizar, a su vuelta a España, su película sobre la manipulación ideológica de la prensa, “El cuarto poder”.

También con ayuda de una productora ligada al Partido Comunista Italiano vino a España en el 68 para realizar su película sobre el movimiento antifranquista, España 68. Para esta película contó con la ayuda de su compañero Lorenzo Soler. Tuvieron que rodarla clandestinamente, como la mayoría de sus films, y la montaron en Italia. El subtítulo es bastante expresivo de la intencionalidad de su directora: El hoy es malo, pero el mañana es mío.  Su cine era un instrumento para transformar la realidad, un cine político, se ha llamado después, pero libre, sin seguir directrices de ningún partido político.

Cartel España 68. Fuente: www.naranjasdehiroshima.com

Hoy, casi cincuenta años después de su realización, sus películas son exhibidas en muestras internacionales, en el MOMA de Nueva York, en el Museo Reina Sofia de Madrid, en Suiza, París, Berlín, etc. Sin embargo, en su tiempo, las proyecciones eran tan clandestinas como su factura. Se exhibían en centros culturales, fábricas, universidades o salas parroquiales (es muy interesante el testimonio que da de esos curas obreros, monjes y monjas que se oponen a la jerarquía eclesiástica para estar al lado del oprimido, que tanto colaboraron con el movimiento obrero en su lucha antifranquista).

A su vuelta a España, para ganarse la vida volvió a la enseñanza, pero no abandonó su actividad de cineasta. Con su compañero Mariano Lisa, profesor de Filosofía en su mismo centro educativo, fundó el Colectivo Cine de Clase. Es a partir de las entrevistas filmadas de su compañero, con el que tuvo dos hijas, de quien extraigo casi toda la información personal de esta breve semblanza biográfica de Helena. Él cuenta como fueron expulsados del centro y durante unos años vivieron del cine, de donaciones voluntarias que les daban después de la proyección de sus películas. También cuenta como Helena amamantaba a sus hijas durante los rodajes de El campo para el hombre, en los distintos pueblos de la sierra pobre de Andalucía y de Galicia.

Fotograma de EL campo para el hombre. Fuente: https://arxiu.mostrafilmsdones.cat/

Durante la dictadura de Franco, fueron muy escasas las filmaciones de la lucha antifranquista, de ahí que Colectivo de Cine de Clase consiguiera vender imágenes de esa realidad filmada y así financiar sus dos siguientes proyectos: O todos o ninguno (1976), un documental sobre la lucha de unos obreros de una empresa metalúrgica de Cataluña y A la vuelta del grito (1978), último filme realizado por el colectivo.

 

Claro que es político, pero no se ciñe a una política partidista determinada. Queremos hacer un cine de clase, integrado en el progreso de la clase obrera, y las formas de lucha que va creando en el camino mismo de su liberación. No hacemos un cine de denuncia: la denuncia es sólo un diez por ciento. Hasta ahora, y aparte de intervenciones en festivales fuera de España, sus películas fueron clandestinas. El cuarto poder cuenta los esfuerzos por conseguir una prensa obrera. El campo para el hombre intenta mostrar las dificultades de los campesinos en España, desde dos polos opuestos, el minifundio de zonas de Galicia, y el latifundio andaluz. Y O todos o ninguno cuenta la huelga de FORSA, en Barcelona, la más larga desde 1939. Pero lo más importante es cómo las hacen.

-Las nuestras son películas robadas. Desde el proyecto primero, se discuten con los que las van a hacer, que son los propios protagonistas reales, que, muchas veces, usan ellos las cámaras además de protagonizarlas. Así, las máquinas entran en las fábricas, salen a la calle, y he visto cómo la sensibilidad de gente que no es profesional del cine, pero que cuenta su vida, ofrece visiones extrañas a nosotros, pero muy efectivas. Así que hacemos cine en vivo, y es robado porque realmente nos movemos en terrenos prohibidos por las leyes anteriores. Hay que rodar en clandestino, y hasta nos han secuestrado de los laboratorios la última película. Si tenemos una copia es porque, de otra, nos la regalaron en el Festival Internacional de Suiza.

Pero ya es hora de romper la clandestinidad, que es un corsé que ahoga e impide hacer lo que queremos. Aunque haya que correr todos los riesgos.

Y para terminar, Helena Lumbreras me dice: « Oye, advierte a los lectores de que no somos pardillos. Estamos haciendo un cine nuevo, también en el lenguaje, aunque sea didáctico y más bien expresionista. Además, estamos adelantando formas de trabajo absolutamente democrático y colectivo. Y tenemos una historia profesional anterior: yo he trabajado cuatro años como productora para la Radiotelevisión italiana; creo que de esto del cine sabemos algo. Aunque en España, para que se nos dé oportunidad de hacer lo queremos, en cine, y no digamos en televisión, va a tener que pasar tiempo y cosas.»

(El País, edición impresa del Sábado, 2 de julio de 1977)

 


En 1970, en una entrevista pionera para Vindicación Feminista, la revista de Lidia Falcón, Helena habló de las dificultades económicas que encontraba para realizar sus películas, agravadas por el hecho de ser mujer. Siete años después aparece otra entrevista suya, realizada por otra feminista, Rosa Pereda, en El País, para hablar de su cine, de la que reproducimos los párrafos siguientes:

En el Centro Sperimentale de Cinematografia de Roma, situado en Cinecittà, se relacionó con los directores más importantes de ese momento: Antonioni, al que admira, Fellini, con el que colaboró en su película Satyricon, en 1969, Gillo Pontecorvo, o Pier Paolo Pasolini, con el que discrepa sobre el tratamiento que da a sus personajes.  Una muestra de la relación estrecha que mantuvo con el director italiano es una conversación grabada entre ambos, en el citado Centro Sperimentale, el 9 de marzo de 1964. Helena le dice: “Me parece que no te gustan tus personajes, sino que los contemplas con desprendimiento de intelectual; no los amas […] me parece que no quieres redimir a tus personajes, sino más bien dejarlos como están. Y lo encuentro algo deshonesto de tu parte; no buscar algún camino de salvación para estas personas que sufren es una actitud literaria…”; a lo que Pasolini, contesta dándole la razón: “Quizás lo que dices sea cierto. Muchas veces un poeta, un escritor, es cruel, despiadado”

Quedan otros debates sobre su actividad cinematográfica en la revista El Viejo Topo, en la que discute con Lorenzo Soler y otros cineastas sobre la necesidad o no de hacer cine estéticamente revolucionario, de contenido político o no.

No será sino diez años después de la muerte de Helena, que falleció en 1995, cuando comiencen las filmotecas a rescatar y a exhibir su obra. La primera vez en la retrospectiva que le dedicó la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona en el 2005. Posteriormente, en el 2016, en Madrid, en el festival cine feminista Ellas crean.

Como se ha señalado en estas muestras, el feminismo de Helena Lumbreras se muestra en la autoridad que concede en su cine a las mujeres, a las que presenta como sujetos de la historia, hablando de sus experiencias y describiendo los hechos desde ellas mismas, en pie de igualdad con sus compañeros. Su cine, testimonio de una época, lleva un mensaje que mueve a cambiar una sociedad injusta y opresiva. Ese es su contenido político fundamental, incitar al público espectador a conocer la realidad que el poder quiere ocultar para poder transformarla.

Seguramente son muchas las conquenses que han pasado por la calle que lleva su nombre, en el barrio de San Fernando, sin haber visto ninguna de sus películas. Una pena. Más triste todavía es que hayamos tardado tantos años en saber de su existencia.

Helena Lumbreras y Marian Lisa. Fuente: www.naranjasdehiroshima.com

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