Hacia rutas salvajes

EL TURISMO

“El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”, dijo Miguel de Unamuno. Más allá de las interpretaciones puramente literales (estoy seguro que más de un fascista y racista que anda por nuestras calles sabe leer y ha viajado fuera de España alguna vez), podemos llegar a entender aquello a lo que realmente se refería don Miguel: las actitudes intolerantes y excluyentes desaparecen con la luz del saber, del conocimiento. Y sí, considero que el turismo puede cumplir un papel importante sobre este punto.

Viajar, siempre que se haga con la mente abierta, ayuda a entender otras culturas y formas de organización social. Otra forma de vivir. Siempre que se consiga hacerlo sin juzgar desde nuestra perspectiva occidental (cuando no desde la perspectiva de nuestro pueblo), nos permitirá aceptar que nuestro modo de vida viene dado por una serie de circunstancias aleatorias que nos han llevado hasta el punto actual, y que simplemente una combinación diferente de los hechos ambientales, históricos o culturales bien podrían habernos dirigido hacia puertos diferentes.

Y qué decir, por supuesto, de los beneficios económicos del turismo. Como españoles y españolas estamos hartos de escuchar lo necesario que es el turismo en nuestro país. Según el INE, en 2018 el turismo supuso más del 12% del PIB del país. Más allá de que estos datos siempre están sujetos a una manera particular de entender la economía, son evidentes las ventajas en cuanto al desarrollo de infraestructuras y servicios que ha implicado el turismo en nuestro país, del que luego se beneficia toda la ciudadanía.

Pero no todo son ventajas cuando hablamos de turismo, por mucho que desde la televisión sea difícil escuchar alguna crítica. El primer problema viene relacionado con el tipo de turismo que consumimos. Y precisamente por ello, porque lo “consumimos”. Compramos paquetes vacacionales al otro lado del mundo como quien compra una barra de pan. Ese turismo, veloz y consistente en visitar una serie de puntos establecidos, no nos abre la mente, no llega a aportar lo que pretendía Unamuno. Pero, además, puede generar dinámicas de dependencia en la sociedad receptora. Negocios y formas de comportamiento absolutamente subordinadas a la visita de gente desde el exterior, lo que nos hace tremendamente vulnerables a eventos extraordinarios que puedan afectar estas visitas (véase la pandemia de la COVID-19). Y, por último, no podemos obviar al hablar del turismo el impacto medioambiental del mismo. Según un estudio realizado por la Universidad de Sidney (Lenzen et al., 2018), el turismo supone más del 8% del total de emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Los largos viajes en avión son la principal causa de estas emisiones.

Pero no todo el turismo genera estos problemas. Desde 2015, con la publicación de la Agenda 2030 por las Naciones Unidas, se busca apostar por el llamado Turismo Sostenible (eufemismos incluidos). Básicamente, se trata de un turismo que aporta de manera positiva a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, como bien se indica en la “Guía para un turismo sostenible”, publicada por la Red Española para el Desarrollo Sostenible. Un turismo cuyos impactos medioambientales sean mínimos, y con impactos socioeconómicos positivos, sin llegar a generar dinámicas de dependencia.

Entonces… ¿Qué tipo de turismo queremos? ¿Qué podemos hacer desde nuestra pequeña provincia para contribuir a conseguir un turismo más sostenible?

RUTA BTT “LOS SERRANOS”

Cartel de la ruta de los Serranos. Fuente: Propia

A raíz de la COVID-19 se está hablando mucho de fomentar el turismo nacional y rural, el cual es mucho más sostenible, tanto por el menor impacto medioambiental como porque es más resiliente, generando menos dependencia del exterior. Tanto el que ofrece el servicio turístico como el que lo disfruta forman parte de una economía, una estructura política y un ambiente común, lo que da mayor seguridad al mismo.

Por tanto, debemos pensar modelos turísticos que fomenten la naturaleza, algo que tenemos en abundancia en nuestra provincia. Debemos extender el turismo a lo largo de toda la provincia, no sólo en los polos ya desarrollados (como la ciudad de Cuenca, Segóbriga, etc.). Un buen ejemplo es la ruta BTT (Bici Todo Terreno) de “Los Serranos”.

Se trata de una acción promovida por la propia Mancomunidad de los Serranos, y financiada con fondos FEADER a través del Programa LEADER. Un ejemplo de cómo una pequeña inversión (básicamente con el desarrollo de balizas de señalización y carteles informativos) puede generar un gran potencial, ya que puede atraer a un público diferente, que busca un turismo deportivo y de naturaleza (ciclistas, montañistas, senderistas, etc.). Además, este público, por regla general, tiene un comportamiento respetuoso, sin alterar el funcionamiento habitual de los pueblos y sin ensuciar la naturaleza que los rodea.

Baliza de señalización de la ruta de los Serranos. Fuente: Propia

La ruta BTT de “Los Serranos” es una ruta circular completamente señalizada de más de 180 Km y 4000 metros de desnivel positivo acumulado que discurre por los 14 municipios conquenses de esta Mancomunidad, lo que, más allá del reto deportivo, hace que el turista pueda conocer la serranía conquense, con sus parajes y pueblos. De hecho, se puede disfrutar saliendo y volviendo a Cuenca, pues no se encuentra lejos de la misma (menos de 50 km), favoreciendo que el turismo que llegue a la ciudad se extienda hacia estas zonas. Además, se puede llegar atravesando el paraje de los Palancares y Tierra Muerta.

Grupo de ciclistas en la Torca de la Novia. Fuente: Propia

A lo largo de este recorrido en bici se pueden visitar sitios extraordinarios de nuestra serranía, como la Balsa de Valdemoro, la Reserva Natural de la Laguna del Marquesado, las Corbeteras de Pajaroncillo, además de infinidad de lugares únicos como la aldea abandonada del Rento de la Casa del Cura en Valdemeca (en este caso, hay que desviarse unos pocos kilómetros, pero merece la pena).

Iniciativas de este tipo ayudan al comercio local, en especial a los bares y restaurantes de los pueblos, así como a los alojamientos rurales. Además, al no tratarse de un turismo muy numeroso, en un principio no tiene capacidad de generar dinámicas de dependencia, cuando sí de contribuir a mejorar modestamente la vida de los residentes de estos pueblos.

Balsa de Valdemoro. Fuente: Propia

REFLEXIÓN FINAL

El que aquí escribe quizás pertenece a una generación muy atípica. Una generación que llegó a la vida adulta en medio de una de las mayores crisis de nuestra historia y que, cuando parecía que se acercaba a la treintena con promesas de estabilidad, ha tenido que encontrarse con otra aún peor. Sin embargo, una generación con una infancia muy cómoda, que ha tenido la oportunidad de salir de su provincia para estudiar en las grandes ciudades (al menos, una parte importante de la misma). Que salió con ganas de desprenderse del estigma que suponía venir de pueblos tan pequeños, siempre mirando hacia delante, siendo un verdadero ciudadano del mundo.

Seguimos el camino, cada vez más lejos de nuestro hogar y, sin embargo, últimamente nos da por mirar atrás. Es posible que la lectura eliminara nuestro fascismo y viajando dejáramos de ser racistas, pero huyendo, abandonábamos a nuestros abuelos. Quizás es el momento de volver. De entender que un viaje al pueblo de al lado puede abrir más nuestra mente que conocer el sudeste asiático.

Y así, con ideas diferentes y una mente más abierta (al menos eso deseo), debemos afrontar los retos que nos brinde el futuro. Y hacerlo desde nuestro barrio, nuestro pueblo, nuestra provincia. Tomemos decisiones racionales que busquen deseos irracionales.

Esta iniciativa, la ruta BTT de los Serranos, es un pequeño paso que puede marcar el camino que debemos seguir. Proyectos sencillos, con bajo impacto y un considerable potencial, que pueden ayudar a la regeneración de nuestra provincia. Iniciativas turísticas de bajas emisiones y sin degradación ambiental, salvaguardando nuestro bien más preciado, nuestro medio ambiente, que fomentan el desarrollo de nuevas infraestructuras y servicios de las que se benefician todos los vecinos y vecinas.

Pero estemos atentos. Las iniciativas turísticas, y como españoles deberíamos tenerlo muy presente, pueden generar dinámicas de dependencia. Establecimientos de hostelería cuyos ingresos provienen fundamentalmente del turismo. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. Debemos planificar estas estrategias de manera que la visita del turista suponga una ayuda, una mejora en las condiciones de vida de los habitantes de nuestra provincia (tanto por ingresos como por tener mayor acceso a otros servicios), pero nunca suponga una dependencia. Hagámonos más resilientes, por favor. Así nuestro sol brillará por sí mismo cada día.

Paraje a lo largo de la Ruta BTT de los Serranos. Fuente: Propia

REFERENCIAS

  • Azcárate T., Benayas J., Nerilli G. y Justel A. (2019): “Guía para un turismo sostenible. Retos del sector turístico ante la Agenda 2030”. REDS, Madrid.
  • Lenzen, M., Sun, Y., Faturay, F., Ting, Y., Geschke, A. y Malik, A. (2018): “The carbon footprint of global tourism”. Nature Climate Change.
  • Mancomunidad de los Serranos (2020): “Los Serranos. Ruta en BTT a través de la Serranía de Cuenca”. Cuenca, España.

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