ENTREVISTA ADOLFO SIMÓN

Adolfo Simón: “Cada vez que alguien llama a la puerta del Centro Dramático Rural de Mira es una fiesta”

Adolfo Simón durante las jornadas de Innovación cultural frente al reto demográfico. Tragacete (Cuenca) Fotografías: Mario Mora.

Los vientos que vinieron envenenados de la caída de Lehman Brothers hicieron quebrar muchas iniciativas artísticas y culturales que se asfixiaron y cerraron sus puertas. Muchas artistas y creadoras tuvieron que buscar nuevos proyectos en los que embarcarse y nuevos puertos a los que llegar. Hay quien le llama efecto mariposa y hay para quien siemplemente es seguir caminando.

Ese camino que iniciaron Adolfo Simón y Luis María Grande en el Centro Dramático Rural de Mira hace ya una década, hizo parada en la Semana de la Cultura Rural Innovadora que se celebró en Tragacete organizada por la Fundación Los Maestros, y allí bajo la parra centenaria que cobijó este encuentro de promotores culturales rurales, conocimos algo más de la historia de la Casa Azul de Mira, donde desde hace ya más de diez años sigue levantando el telón el teatro que un día soñaron crear.

Aunque la historia de la Casa Azul de Mira comenzó mucho antes, cuando la abuela Paula contaba alrededor del brasero como huyó de los bombardeos camino de Valencia con la pequeña Celia entre los brazos dejando atrás una tierra a la que nunca volvió. Celia sí volvió y legó a su hijo Simón, cómico de la legua y trotamundos, un lugar donde echar unas raíces que nunca pensó tener, un espacio donde volcar sus experiencias. “Si ahora volviera al 12 no sé si haría lo mismo, pues nunca había pensado en regresar y crear este espacio donde volcar mi experiencia y continuar creando”.

Mira es un pueblo de apenas mil habitantes, que como Adolfo, fue trotamundos antes de recalar en la provincia de Cuenca, fue aliado del Concejo de Teruel en el siglo XIII, considerado como lugar de Requena hasta el XV, en los últimos dos siglos ha sido escenario de la invasión napoleónica, de las guerras carlistas, de la Guerra Civil y territorio de maquis y en los últimos sesenta años ha sido territorio desangrado por la emigración. Pueblo viejo al que como al olmo de Machado le ha brotado su rama verdecida.

Adolfo Simón, director, autor, artista plástico, miembro de la Academia de las Artes Escénicas de España, formando parte desde finales de los ochenta del programa Cuarta Pared, está en el origen del movimiento alternativo, participando en la vanguardia de la reflexión e investigación del teatro en España, encontró su escenario propio en este lugar cuando a partir de 2009 “con la crisis brutal hubo compañías que cerraron espacios alternativos que se había costado veinticino años poner en pie”.

“De alguna manera, consciente o inconscientemente, creo que buscaba un lugar donde poder respirar”, cuenta Adolfo, “buscaba un lugar donde aislarme durante un tiempo, para pensar qué quería o qué podía hacer. Había hecho un taller de libros de artista, conseguí un montón de libros viejos. Me encerré en la casa y me desconecté de todo. Me vienen imágenes muy níditas de aquellos días con un cuchillo eléctrico cortando libros para crear libros de artistas. Books es probablemente la pieza que más amo de mi trayectoria. Son libros que se abren y cuentan historias que sirvieron para conectarme con este lugar y resituarme profesionalmente. Ahí nació el teatro de objetos que es ahora mi alimento”, cuenta Adolfo. “Un verano junté a un pequeño grupo de cómplices y regresé a Mira para acomodar una casa que llevaba años cerrada. Así comenzó este viaje que ha estado lleno de cómplices, durmiendo en el suelo y jugando al teatro, porque si los cómicos no jugamos al teatro no tenemos razón de ser. En ese contexto nació ‘Bernarda al Curry’, el primer proyecto del Centro Dramático Rural, una versión absolutamente delirante de ‘La Casa de Bernarda Alba’, presentada a las vecinas y vecinos de Mira el 25 de agosto de 2012”.

“Abrimos los portores de la casa para la primera representación y hubo tal expectación en el pueblo que tuvimos que hacer dos”, continúa explicando Adolfo. “Ahí empezamos a plantear ‘el trueque’. Nosotros lo que sabemos hacer es teatro, pues hacemos teatro a cambio de que cada uno traiga lo que produzca su tierra o lo que tenga en la despensa. Fue una experiencia emocionante ver la mesa llena al finalizar la representación. Tras este primer éxito, pensamos que la gente quería que se le diera caña y pasamos todo el año siguiente diseñando actividades. Preparamos limonada fresquita para todo el pueblo y los invitamos de nuevo. Estuvimos seis semanas tomando limonada fresquita porque no vino nadie. Desde entonces, diez años de pruebas y errores, en el que hemos intentando conectar con el pueblo, muchas veces sin conseguirlo”.

En Mira el río parte el pueblo en dos. A un lado la parte vieja donde está situada la Casa Azul del Centro Dramático Rural de Mira. Al otro, la parte nueva del pueblo construida fundamentalmente con la prosperidad de los que emigraron. “De alguna manera, la memoria ancestral del pueblo evita la parte vieja, donde se pasaba hambre y se vivía en malas condiciones. La casa es como un faro azul que, en cierto modo, hace visible ese pasado que muchas veces se quiere olvidar de la memoria”.

Una memoria colectiva que forma parte de los cimientos del Centro Dramático Rural, “aquí está la casa, aquí está el garaje de mi padre que ahora es espacio multiusos, la casita rosada que se ha transformado en residencia artístico, aquí estamos un pequeño grupo de creadores muy tenaces, buscando la conexión y el diálogo con la tradición. Soy el hijo de la Celia y el nieto de Paulina.”

Conexiones con el pueblo que lenta pero inexorablemente se van estableciendo al ritmo de las raíces de los pinos, las encinas y los robles con proyectos que van cuajando y formando parte del paisaje como el ‘Museo en los Muros’ que ya reúne veintiséis piezas. “El pueblo está lleno de pequeños muretes encalados que van conduciendo el agua hasta el río cuando hay tormentas. En una residencia de creación vinieron unos jóvenes actores que tenían también formación artística que propusieron pintar un cuadro en uno de ellos. Ahí empezó a cuajar este proyecto en el que también han participado artistas con vinculación en el pueblo, algo que nos da mucha alegría, porque cada vez que alguien del pueblo llama a nuestra puerta es una fiesta”, explica con alegría Adolfo.

Un compromiso ferreo con la tradición unida a la creación contemporánea. “Ahora estamos trabajando en recuperar un corral en ruinas que queremos convertir en un espacio coral que sirva como laboratorio para hacer cosas más disparatadas, porque somos un centro vivo, donde se crea y se vive el lugar. El emblema siempre ha sido subrayar la idea de dialogar desde la contemporalidad con la tradición, manteniendo una programación regular”.

Fotografías: Mario Mora. Realización: 14 de septiembre de 2022 (Tragacete)

“Yo siempre digo que necesitaba salir de Madrid. Reeencontrarme con este lugar ha sido casi como volver al útero familiar, reencontrame con quien quiero ser”, explica Adolfo, “aunque en este proyecto no haya encontrando apenas apoyo institucional, he contado con un muchos cómplices del mundo artístico que han ayudado a que este sueño continúe”.

Adolfo y Luis, regresaron al mundo rural cuando aún nadie sabía lo que era la España Vacía ni Vaciada, pioneros de una forma de entender la nueva ruralidad y los pueblos como espacios ideales donde construir nuevas formas de entender lo contemporáneo. “Nosotros no vinimos a colonizar ni a inventar la rueda, volvimos a casa”.

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