EL SABER DEL PUEBLO

La ciudadanía, cuando tiene la oportunidad de ser consultada, sorprende. Y no me refiero a la anecdótica participación de depositar una papeleta en una urna cada cuatro años, si no a llamarla a expresarse, a generar debate, a construir de manera colectiva.

Estos son lo principios sobre los que se basa la ciencia ciudadana, que en resumen podría definirse como la investigación científica que cuenta con la implicación activa del público no especializado junto con científicos y profesionales.

Bajo esta filosofía realizamos el pasado 5 de noviembre, como inicio del foro “Cuenca, ¿ciudad partida?”, un paseo guiado a lo largo de la Cuenca Olvidada, organizado junto a Vestal. La idea era reflexionar sobre el valor patrimonial e histórico de muchos de los rincones de nuestra ciudad que no se muestran en las oficinas de turismo. La historia de la calle Carretería, del campo de San Francisco, de las huertas que precedieron al parque de San Julián o la función de Los Tiradores durante el siglo de Oro formaron parte de los temas a tratar.

Fue sorprendente ver las ganas que tiene la gente de participar. Se convirtió en un paseo muy interactivo, en el que participó mucha gente, añadiendo información, preguntando o generando reflexiones. Lo que hoy escribo en estas líneas procede de este conocimiento, del saber del pueblo.

Recorrido de la ruta “La Cuenca Olvidada”. Fuente: propia.

EL BARRIO DE SAN ANTÓN

Así, la primera parada. De San Antón pudimos aprender sobre su origen: un arrabal del siglo XIV (arrabal del Puente del Canto) al que llegaba gente que no se podía permitir vivir en la ciudad y se quedaba allí, desarrollando un oficio (alfareros, yeseros, herreros, etc.). Probablemente esta ubicación fue escogida por su cercanía al Hospital de San Antonio Abad, origen de la actual Iglesia de la Virgen de la Luz.

En los años 50 y 60, era un barrio típicamente obrero, siendo actualmente un barrio con mucha multiculturalidad, con numerosas nacionalidades representadas, así como una significativa comunidad gitana, y muchos universitarios. Se sigue la filosofía que impulsó la revitalización del barrio: cultura e integración.

Cabe destacar, frente al barrio, al otro lado del río, el espacio que actualmente recoge el restaurante La Ceca, ya que antiguamente (en el siglo XVII) se acuñaba allí la moneda. Más tarde, el edificio fue La Real Fábrica de Alfombras y Tapices, hasta su abandono en el siglo XX.

Parada en San Antón. Fuente: Antía Argibay.

BAJO EL PUENTE DE LA TRINIDAD

Si en la primera parada hablamos sobre un barrio, aquí nos centramos en el origen de Cuenca: hay leyendas que dicen que la ciudad de Cuenca pudo tener origen lobetano. Sin embargo, las primeras noticias históricas de Conca, Cuenca o Kuevanca pertenecen a la Edad Media y la presentan como una ciudad amurallada musulmana del siglo X. En los siglos XV y XVI van surgiendo nuevas construcciones (la ciudad crece) que llegan a utilizar la propia muralla como parte de la edificación, algo que aún se puede ver en algunas calles como la Moneda o Retiro.

En un principio, la ciudad tenía seis puertas y tres postigos. En este punto, pudimos observar la Puerta de Huete, o de Puente Seca (hoy de La Trinidad), que era la entrada principal a la ciudad y la mejor protegida de todas; un puente defendido por dos torreones y recias compuertas que, al abrirlas, podían provocar una inundación con las aguas que mantenía embalsadas.

Así, nos centramos en actual parque del Huécar, en el pasado ocupado por huertas asociadas a este río, que en última instancia, alimentaban a la ciudad. Es importante reflexionar sobre la intrahistoria, ya que no puede entenderse la Historia sin las historias de la gente que la hizo posible.

Antes de ello, pasamos por el Hospital de Santiago, importante durante la Revuelta de los Comuneros, cuando las tropas que asediaron la ciudad utilizaron la infraestructura como cuartel (dado su lugar estratégico) para ayudar a los Hurtado de Mendoza a controlar Cuenca.

Parada en el Parque del Huécar. Fuente: Antía Argibay.

LAS ESCALERILLAS DEL GALLO

Nuestra tercera parada: las famosas Escalerillas del Gallo, antes Puerta del Postigo. Por ella entró Fernando “El Católico” en 1497, tras jurar previamente el Fuero de Cuenca y las Leyes de Castilla.

Junto a ellas, el Pósito Real o Almudí, es una importante obra levantada en el siglo XVI como almacén del pósito real (hoy espacio de ensayo de la Banda Municipal). Detrás, la calle de la Moneda, en la que vivían gran cantidad de moriscos; y la calle de los Tintes, donde tenían su taller los artesanos que conseguían los denominados «colores de Cuenca». Espacios de los gremios medievales, la mayoría de ellos asociados a la industria de la lana y el textil, pues era lo que hizo de Cuenca una potencia económica a finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna.

En dirección a nuestra siguiente parada pasamos por la Calle Fray Luis de León, antes llamada del agua, pues cuando hay crecidas el río se desborda en esa dirección.

Parada en las Escalerilla del Gallo. Fuente: Antía Argibay.

EL NAZARENO

Llegamos a la calle Carretería, arrabal fechado en 1418, donde se concentraban una gran cantidad de mesones. Cuando se trajeron las aguas de la Cueva del Fraile, se construyó allí mismo un pilar. Como arteria principal de entrada a la ciudad, debe su nombre al paso de los carros, carretas y diligencias.

Hay que tener en cuenta que en estos tiempos, la vida en los arrabales no se contemplaba como ningún privilegio, sobre todo por las enfermedades (el agua llegaba más contaminada a estos lugares).

Junto a Carretería se encuentra la Plaza de la Constitución, nombre que reemplaza a la Plaza de Cánovas, como mucha gente la sigue llamando. Sin embargo, hoy en día, la gente joven, dada la escultura que la preside, la conoce como la Plaza del Nazareno.

Parada en el Nazareno. Fuente: Antía Argibay.

EL PARQUE DE SAN JULIÁN Y AGUIRRE

Nos paramos en el Parque de San Julián, el cual vio la luz en las antiguas huertas del río Huécar, allá por los años 20. Su nombre original es Parque de Canalejas y está adornado con muchas esculturas de Marco Pérez. Es una construcción típica de los barrios burgueses de principios del siglo XX, destacando el quiosco y sus azulejos.

En sus alrededores, cabe destacar el Edifico Iberia, antiguamente un hotel, donde se alojó Federico García Lorca en una de sus visitas a Cuenca.

Siguiendo nuestro camino, nos detenemos frente al Palacio de la Diputación, construido imitando la arquitectura francesa a finales del siglo XIX, ocupando lo que antes había sido el Campo de San Francisco, lugar de esparcimiento por la ciudadanía hasta entonces. En este espacio se encontraba el convento de San Francisco hasta la desamortización de Mendizábal.

Y allí, comenzamos a reflexionar sobre la figura de Lucas Aguirre, que hoy da nombre a la Biblioteca Municipal. Un liberal nacido en Cuenca al cual debemos agradecer el haber impulsado el krausismo (precedente de la Institución Libre de Enseñanza) en nuestra ciudad, fomentando una educación que buscaba salir del oscurantismo al que la Iglesia la había condenado durante siglos.

Parada en Aguirre. Fuente: Antía Argibay.

SUBIENDO A LOS TIRADORES

Y llegamos a la última parada. Nos detenemos en la Puerta de Valencia, una de las entradas principales de la ciudad amurallada. Es increíble reflexionar e imaginar el foso que había allí en otros tiempos, con el que se controlaba el paso a la ciudad.

Y de nuevo, nos juntamos a charlar sobre aquellas historias que dan sentido, sino vida, a la Historia. La historia de hilanderas, tejedoras, tintoreros o pastores que residieron en los arrabales alrededor de esta Puerta, en lo que hoy constituye el barrio de Los Tiradores, sobre todo durante los siglos XV y XVI, coincidiendo con la expansión de la industria textil de Cuenca. Pero también la historia de aquellos que llegaron de los pueblos en el siglo XX: obreros y obreras, agricultores, internas… las personas que hacen posible, en definitiva, la vida.

Escarpado, estrecho, defendiendo las faldas del Cerro del Socorro, este barrio nos acoge en nuestra subida al Restaurante Natura, donde da comienzo el foro “Cuenca, ¿ciudad partida?”.

Parada en la Puerta de Valencia. Fuente: Antía Argibay.

CONCLUSIÓN

Muchas son las historias que recordamos ese día. El patrimonio del que nadie habla, la Cuenca olvidada, que fue la base que hizo posible la vida en la otra, foco del turismo y del dinero público, destinándose fondos antes a la elaboración de unas innecesarias escaleras mecánicas que a la rehabilitación (facilitando la accesibilidad) de barrios como San Antón o Los Tiradores, con grandes núcleos de población avanzada.

Hay tanto que contar… y mucha gente ansiosa de escuchar, de compartir.

Muchas veces, el conocimiento está mucho más cerca de lo que nos creemos. En nuestros conciudadanos, nuestros vecinos, nuestros amigos, cuando no en nosotros mismos, aunque no nos atrevamos a mirar dentro. Preguntémonos y escuchémonos, y aprenderemos. Construyamos juntos/as.

Como decía al comienzo, la ciudadanía, cuando se le deja hablar (más en tiempo de leyes mordaza) sorprende. A mí me sorprendió. Sabe, respeta y escucha. Debemos crear una sociedad cimentada sobre los principios de la Ciencia Ciudadana, que en esencia no son otros que el respeto y la tolerancia hacia el resto. Nadie es más que nadie. Ninguno somos imprescindible.

San Antón. Fuente: Antía Argibay.

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