CUENCA NUCLEAR, ¿SI O NO?

Permítanme en esta ocasión desentonar con la línea general de esta revista, pues en este artículo me gustaría hablar del núcleo del átomo y en concreto, de su energía. La energía nuclear (o nucelar como ustedes prefieran). Probablemente, en este punto le hayan saltado todas las alarmas y este imaginando a «Blinky», el famoso pez de tres ojos de los «Simpson».

Ilustración 1: Blinky, pez «radiactivo» de los Simpson.

Sin embargo, puede que todos esos temores sean infundados y basados en falsos mitos. Podría malgastar este artículo en desmentir los bulos y falacias que se ciernen como buitres sobre la energía nuclear. Pero este encomiable y extenuante trabajo ya lo lleva a cabo alguien que conoce este mundo de primera mano, @OperadorNuclear, cuyo Twitter {1} y libro «La energía nuclear salvará el mundo» les recomiendo encarecidamente para entender y juzgar con el mayor criterio posible este texto. Les ruego, queridos lectores, hagan un acto de valentía y sigan leyendo este artículo sin prejuzgarlo con alevosía.

Pero toda esta introducción, ¿para qué? ¿De qué nos va a hablar concretamente?

En diciembre de 2004, la Comisión de Industria aprobó por unanimidad una resolución que instaba al Gobierno a desarrollar los criterios para llevar a cabo la construcción de un ATC (Almacén Temporal Centralizado) que sería la estrategia para tratar, procesar y almacenar los residuos radiactivos de alta actividad. Aquí comienza nuestra historia, pero primero expliquemos que es un ATC:

« El Almacén Temporal Centralizado (ATC) es una instalación industrial que permitiría guardar, en un único emplazamiento, los residuos radiactivos de alta actividad […] Esta solución temporal y centralizada es la que utilizan la mayoría de los países desarrollados con programas nucleares en marcha. » {2}

Los ecologistas definieron un ATC como un « cementerio nuclear », pero cometieron un grave error pues un ATC no es para nada un cementerio, de hecho, si recurrimos a los sentimientos asociados a la palabra « temporal » y a la palabra « cementerio », encontraremos una fuerte contraposición.

Generalmente, un cementerio tiene asociado un aire de eternidad, de permanencia; algo totalmente opuesto a lo temporal, que está rodeado del aura del ser efímero. Si observamos desde la perspectiva temporal de la radiactividad (miles de años) un ATC equivaldría a una « morgue nuclear », sería un término mucho más adecuado a mi humilde juicio.

Ilustración 2: Proyecto del ATC. Fuente: ENRESA.

Una vez tenemos las pinceladas básicas sobre que es un ATC podemos proseguir con el relato de nuestra historia. Como ha podido leer anteriormente, a partir de 2004 se comienza a escuchar la necesidad como nación de disponer de un ATC para poder tratar de forma adecuada y centralizada nuestros residuos nucleares. En junio del año 2006 se publicó el 6º Plan General de Residuos Radioactivos {3}, en el cual ya se mencionaba, justificaba y planteaba la construcción del ATC, marcándose este como un objetivo básico prioritario para los años venideros.

Como curiosidad, un pequeño pueblo de la provincia de Zamora, Peque, vio como una oportunidad instalar el ATC en su localidad {4}. Cuando esta intención se hizo pública en los medios, rápidamente las plataformas y grupos ecologistas se lanzaron en una campaña en contra de esa atrevida idea. Obviamente quienes ganaron la disputa en este caso fueron los grupos y plataformas ecologistas.

El tema de la construcción de un ATC cayó en cierta medida en el olvido, a pesar de ser un «objetivo básico prioritario», hasta que en el año 2009 se volvió a mover la cuestión sobre la construcción de un ATC en las entrañas del Ministerio de Industria, y el 29 de diciembre de 2009 se publicó en el BOE la convocatoria pública para la selección de municipios que pueden albergar el ATC {5}. Una convocatoria que se publicó con cierta nocturnidad, un 29 de diciembre, puesto que se intentó por parte del Gobierno que pasara por desapercibida al ser un tema que generaba tanta polémica.

Por aquel entonces, los candidatos más fuertes eran Yebra (Guadalajara) y Ascó (Tarragona), ubicaciones donde hubo un fuerte posicionamiento en contra por parte de los sectores ecologistas a pesar de que, en Ascó, la población ya estaba habituada y conocía los beneficios y riesgos de la energía nuclear pues cerca de la localidad se encuentra una central nuclear {6}.

Alcanzado este punto de la historia se podrá preguntar qué pinta Cuenca en todo este berenjenal. Pues bien, desde un principio una de esas personas que desde un relativo anonimato trabajan para mejorar su tierra y salvarla de la despoblación y el olvido, se preocupó e interesó por la cuestión del ATC. Siguió el tema con curiosidad y cuando descubrió que el Gobierno tenía intención de continuar con el proyecto, informó a los políticos locales explicando los beneficios y riesgos de instalar el ATC en su localidad. Los políticos locales, en este caso los de Villar de Cañas, aceptan y comprenden la revolución que supone la instalación de dicha infraestructura en su población. En ese instante comenzó una de esas historias de intriga política en la que se convence con argumentos sólidos a B y B tiene que llamar a C para que C rectifique sus palabras, basándose en esos argumentos. Una vez C ha rectificado, el ayuntamiento ya dispone del respaldo institucional de cara a su candidatura en la convocatoria pública, un punto a favor para Villar de Cañas. Obviamente, esa persona que había seguido durante tanto tiempo la cuestión del ATC, ya tenía conocimientos y material preparado para presentar una candidatura muy sólida y argumentada que cumplía con todos los requisitos.

Ahora bien, cuáles son esos argumentos sólidos que consiguieron convencer a B y después a C. Primero explicaremos los beneficios y después los riesgos.

Los principales beneficios de instalar el ATC son los económicos pues durante la construcción de este se generarían unos 800 puestos de trabajo, pero una vez finalizado quedarían fijos entre 120 y 150 puestos de trabajo. Para un pueblo de 500 personas, ese número de puestos de trabajo para los siguientes 60 años (vida útil del ATC), son una auténtica revolución. Además, son puestos de trabajo de calidad debido a que asociado al ATC se encuentra un Centro Tecnológico Asociado (CTA), es decir un centro donde se investigaría sobre temas relativos a los residuos nucleares y en consecuencia sobre energía. Rechazar un centro donde se investigará sobre cuestiones con tanto futuro, podríamos calificarlo como un suicidio en nuestra tierra.

No obstante, hablemos de los riesgos: – .

¿Por qué no escribo nada? Porque no existe ningún riesgo. El diseño del ATC es seguro por defecto, es decir, no necesita de ningún sistema para evacuar el calor generado por los residuos almacenados (único efecto que generan dichos residuos), pues la refrigeración es pasiva. Es decir, aunque fallaran todos los sistemas, la refrigeración se mantendría activa pues no necesita de ningún sistema.

Ilustración 3: Proyecto del ATC. Fuente: ENRESA.

En cuanto al riesgo radiológico para la población cercana, la dosis radiactiva recibida por vivir cerca del ATC es 37 veces menor a la dosis recibida por el mero hecho de vivir en la Tierra, concretamente en España.

Ilustración 4: Dosis Radiológica Anual. Fuente: UPM.

¿Cómo es esto posible? Gracias al blindaje de las instalaciones, que disponen como última capa de blindaje unos muros de hormigón de 1,5 metros de anchura. Como una imagen vale más que mil palabras, les dejo con una infografía de @OperadorNuclear.

Ilustración 5: Blindaje contra la radiactividad. Fuente: @OperadorNuclear.

Pero entonces, si el riesgo existente es mínimo, casi nulo, ¿por qué se trató de infundir tanto miedo en la población conquense? ¿No sería más responsable tratar y conservar nuestros residuos de una forma adecuada y controlada, para que ese riesgo sea mínimo? Al fin y al cabo, son nuestra responsabilidad.

El 30 de diciembre de 2011 el Consejo de Ministros elige Villar de Cañas para albergar el ATC {7}. A partir de dicho día comenzaron a moverse los engranajes de la administración pública para trasladar del papel a la realidad el proyecto del ATC. Sin embargo, en 2015 comenzó una guerra entre administraciones de diferente color para evitar la construcción del ATC. Una guerra de sucias tretas que finalmente ha tenido que dirimirse en los Tribunales y que ha terminado paralizando el proyecto, cortando el curso natural que debería haber seguido este río de vida que tanta falta hace en Cuenca.

Una de esas tretas fue ampliar la ZEPA (Zona Especial de Protección de Aves) de la Laguna del Hito sin previo aviso y en pos de paralizar el proyecto del ATC. Cerca de unos 13 km en línea recta separan la laguna y el emplazamiento del ATC, distancia 4 veces superior a la longitud que necesita un A380-900 para aterrizar {8}. La única intención de esta medida es paralizar el proyecto del ATC. Así lo han ratificado los Tribunales, que consideran que «con una pronta y correcta gestión de los residuos radiactivos se está amparando a todas las especies animales y al medio en general» {9}.

Frente a la irracionalidad y la actitud de intentar socavar la razón, las entidades responsables (ENRESA y CSN) debieron hacer un mayor esfuerzo para explicar al conjunto de la sociedad conquense el riesgo casi inexistente que genera un ATC. Craso error por su parte no ahondar más en dicha tarea divulgativa.

No obstante, los políticos regionales y provinciales deberían empezar a escuchar a los técnicos/as e ingenieros/as que son quienes realmente conocen y han estudiado estos temas (que les aseguro, no dejan ningún cabo suelto y al azar). Al final se trata de trabajar todos juntos, para hacer de esta tierra un sitio mejor y con futuro. Y que mejor futuro que atraer centros de investigación relacionados con un tema con tanto futuro, la energía. Actualmente el proyecto está paralizado y a la espera de la redacción y aprobación del 7º Plan General de Residuos Radiactivos donde se concretarán los pasos a seguir.

Para acabar, este ATC podría convertirse en una planta de reciclado, pero ¿qué se reciclaría? Pues el combustible nuclear «usado», ya que hoy día solo somos capaces de aprovechar entre el 3% y el 5% del mismo. Reprocesando dicho «desecho», podríamos tener un ciclo de combustible prácticamente cerrado o en su defecto tremendamente eficiente. Nuestros vecinos franceses ya lo hacen {10}.

Entonces querido lector, ¿qué dice, Cuenca nuclear, si o no?.

Juan Morales Sáez.

Enlaces de interés

En este enlace puede encontrar una recopilación de información sobre todo el proceso del ATC.

En este enlace puede encontrar un hilo de Twitter se OperadorNuclear donde desarrolla en profundidad todos los aspectos relativos a los residuos radiactivos.

En este enlace puede encontrar una recopilación de videos sobre los contenedores de transporte del combustible nuclear gastado.

Deja una respuesta