“Madre a la puerta… Canciones villanas, la catedral de Cuenca y Federico Muelas”

(Aproximación al villancico navideño popular y algunos de sus ejemplos en Cuenca y provincia)

Fig. 1: Portada de la edición de la Diputación (1979) de los “Siete Villancicos de Navidad” (1762) del Padre Antonio Soler.

Llegadas estas fechas, la palabra “villancico” lleva de manera directa y automática a nuestra mente hacia canciones populares que celebran la Navidad o narran alguna historia navideña. Pero, como muchos lectores sabrán, en su origen medievo-renacentista el vocablo se refería a cualquier tipo de canción popular o “villana” (del pueblo), ya fuera su temática religiosa o no. Con autores normalmente anónimos, es durante el renacimiento cuando este tipo de canción suscita el interés de los compositores escolásticos, quienes definen un poco la forma (normalmente estrófica) y la textura polifónica, a dos, tres, cuatro, cinco o más voces. De esta época son los ejemplos más relevantes de este género: Cancionero de Palacio, de Uppsala…

La tradición popular llevaba a interpretar estas canciones muchas veces coincidiendo con festividades de todo tipo. Uno de esos momentos interpretativos más importantes del ciclo anual llegaba con las representaciones de autos sacramentales y de escenas de los evangelios, especialmente los relacionados con la Navidad. La cultura popular durante los siguientes siglos fue asociando cada vez más los villancicos previos a esos autos con la festividad en sí, la temática de las canciones se entrelazó paulatinamente más con las tradiciones religiosas, navideñas o no (Corpus, Ascensión, Pentecostés, etc.)

Así, en el siglo XVIII vemos como también los grandes autores españoles que aún practican el género del villancico polifónico, también lo asocian directamente con la pascua navideña, como por ejemplo los “Siete Villancicos de Navidad” (1762) del Padre Antonio Soler, a seis voces y diversos acompañamientos instrumentales (no es de extrañar la masa coral escogida, puesto que en las catedrales españolas existían los coros de niños llamados ”seises”, por ser ese el número de componentes del coro), y de los que hay copia en la catedral de Cuenca, además de una edición maravillosa de éstos junto a un estudio de las formas del villancico polifónico de Samuel Rubio, editada por la Diputación Provincial en 1979.

A lo largo del XIX es cuando los villancicos, entendidos en su idea actual, o al menos los que consideramos como “clásicos”, toman forma en cuanto a letra y melodías, y a principios del XX pasan por una remodelación bajo el prisma de los poetas y escritores, pero siempre muy arraigados en la tradición, lo que se conoce como villancico “neopopular”, para posteriormente pasar por el filtro de la música pop y convertirse en canciones de consumo para estas fechas del año. En el plano anónimo y puramente popular, me gustaría aquí rescatar y reivindicar dos villancicos populares de la Alcarria, concretamente de Cañaveras (de donde es mi familia materna) como el prototipo de villancicos populares españoles y conquenses: “Madre a la puerta” y “La Virgen camina a Egipto”. En ellos, al igual que en otros villancicos tradicionales de la época, intervienen siempre personajes populares y de humilde condición, y a los que las cosas que les ocurren dependen de su comportamiento o caridad cristiana, cuando interactúan con las figuras bíblicas relacionadas con el nacimiento de Cristo. Ambos estróficos, en ritmo binario, con dos melodías sencillas diferenciadas para estrofa y estribillo, pero inmutables en ningún caso. Por ello, estos villancicos me parecen los más conquenses en general, ya que, aunque el origen de estas versiones sea alcarreño, las mismas se cantaban (y se cantan) también en pueblos del Campichuelo, la Manchuela y en Cuenca capital, con idénticos ritmo y melodía, aunque existan sutiles variaciones del texto. En ambos casos, la letra se extiende por toda España, de hecho, durante una época en la que viví en Granada los escuché en vivo, con otra melodía y ritmo más cercanos al flamenco, además de algunas diferencias en el texto. “La Virgen camina a Egipto” es conocido en algunos lugares, Extremadura por ejemplo, como “Villancico del labrador”, evidenciando ese carácter humilde y campechano.

En cuanto a la parte de renovación poética del siglo XX, uno de los mejores ejemplos lo tenemos en nuestro Federico Muelas, quien a lo largo de su vida escribió un poemario exclusivamente navideño, reunido bajo el título “Ángeles albriciadores”, y publicado primero por la editorial Doncel en 1971, siendo reeditado por la RACAL en 2010; ambas ediciones con ilustraciones de su amiga Pepi Sánchez. Este poemario contiene un precioso prólogo de su también amigo Gerardo Diego titulado “Federico en el Portal”, y se divide en 10 partes, que Federico llama “pliegos”, con títulos que referencian esa tradición de personajes populares y humildes, así como los personajes bíblicos con los que comparten o no historia, incluso haciendo intervenir a elementos naturales como la luna, la nieve o los espinos de la serranía: Plieguecillos de la devoción humilde de las cosas en la noche santa, Plieguecillos de los ángeles, reyes y pastores; Plieguecillos de los viejos oficios, Plieguecillos a Cuenca y sus lugares… Precedidos todos ellos de un soneto que el propio Federico incluye como Pórtico en versos de arte mayor a la colección de pliegos y aleluyas que es este libro. Poesía pura y directa, muy en el estilo popular y cercano a la tierra, en pequeños villancicos, a veces de una o dos estrofas nada más; poeta del pueblo, para el pueblo.

Figs. 2,3,4 y 5: Portada, poemas de Federico Muelas e ilustración de Pepi Sánchez en “Ángeles albriciadores”. (RACAL, 2010)

Por cierto, no hay, que se sepa, versión de ninguno de éstos con música. Compositores conquenses (entre los que me incluyo), ahí lo dejo.

Aunque los tiempos que vivimos sean inciertos en lo tocante a si recuperaremos las fiestas y celebraciones en el modo e intensidad que tenían antes de que las vidas de todos cambiaran, y por desgracia muchas terminaran por culpa de este virus; me parece interesante y buena opción para mantener la memoria individual y colectiva de las tradiciones y personas que nos precedieron, el sacar a la luz este tipo de patrimonio inmaterial que los conquenses debemos conocer y preservar. Por mi parte, seguro que en casa en Nochebuena, se cantará el “Madre a la puerta” una vez termine la cena, aunque no sea nada más que ese villancico, pues por más que me esfuerzo no logro recordar un solo año sin él (antiguamente cantábamos más, almirez, pandereta y botella de anís en mano, incluso salíamos a pedir aguinaldos).

¡Albricias y Felices Pascuas a todos!

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