Los paisajes de Cuenca en la Fundación García y Chico

Imagen de cabecera: Aguas del Júcar (óleo). Fuente: Elaboración propia.

Sin duda, una de las fuentes de vida y belleza de la ciudad de Cuenca y su entorno es el río Júcar, al que referencia el título que enmarca todo el contenido de esta revista de sociedad, cultura y naturaleza conquense. Queremos aquí invitarles a conocer una de las visiones estéticas que han plasmado el río con insistencia, la de la pintora María Luisa Chico de Castro, cuyos óleos de las aguas y riberas del Júcar pueden verse en la Fundación García y Chico. Es este un centro de arte emplazado en el barrio del Castillo, en la parte más alta de la ciudad, en una antigua casa de labradores conservada y restaurada primero como vivienda-estudio y, ahora, como pequeño museo. Este espacio de arquitectura tradicional y singular -el suelo es la propia roca de la montaña- muestra la obra de la mencionada artista y de José María García Gutiérrez, ambos formados en Madrid, en los años 60, como compañeros de promoción en la antigua Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. La exposición permanente incluye óleos -una sala entera dedicada a paisajes del Júcar-, dibujos, acuarelas y esculturas llevados a cabo, mayoritariamente, a lo largo del último medio siglo en Cuenca. Los trabajos tienen un fuerte vínculo con esta ciudad y con sus extraordinarios alrededores: más allá de meros lugares de ejecución, constituyen una fuente de inspiración constante y, como tal, uno de los pocos puntos en común entre las concepciones plásticas de ambos artistas. Como podrán ver, estos han desarrollado dos estilos muy distintos, dirigiéndose, por un lado, hacia la fantasía, con trazas surrealistas y futuristas; y, por otro, a una aproximación de raíz realista e impresionista al paisaje, la naturaleza muerta o las figuras. Si bien, por el carácter personal y relativamente independiente de las modas y tendencias del mundo del arte de sus obras, se han mantenido ajenos a los circuitos comerciales, a través de este proyecto financiado por ellos mismos comparten con la ciudad y sus visitantes los resultados de sus años de esfuerzo artístico.

El Júcar en invierno (óleo). Fuente: Elaboración propia.

Para luego extendernos más abajo sobre los paisajes que hoy queremos destacar y sobre su autora, comenzamos por decir unas palabras acerca de José María García Gutiérrez (1932, 2010): tras terminar Bellas Artes en 1968, amplió su formación estudiando sociología y cine y trabajó como profesor de Geometría Descriptiva en la propia Escuela Superior, que pasó a ser Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. A partir de los años 90, desarrolló su actividad creadora materializando su extensa colección de dibujos, de la que la Fundación expone una pequeña parte. Estas obras del artista aúnan la tradición del dibujo a plumilla con las visiones fantásticas de la ciencia-ficción del cine y el cómic que tanto han crecido desde la segunda mitad del siglo XX y que nos muestran criaturas y entornos en los que se combina futurísticamente lo orgánico y lo mecánico -de forma quizá un tanto oscura y pesimista pero no exenta de humor. Podrán ver cómo la naturaleza conquense y las formas presentes en su fauna, flora y, sin duda, en sus paisajes rocosos, tienen de algún modo cierto reflejo en el dibujo.

Dibujos en la sala 6. Fuente: Elaboración propia.

María Luisa Chico de Castro, como indicábamos, completó también la especialidad de Pintura en 1968: desde entonces no ha cesado de pintar y de extender su formación en cerámica, restauración, grabado, etc. Ha expuesto en salas de Castilla-La Mancha y de Madrid, aunque se ha centrado en la creación del conjunto de su obra artística. Sus trabajos, además de una amplia colección de óleos, incluyen acuarelas, dibujos, grabados, esculturas y murales; y, si bien la temática paisajística es la dominante, destacan también las naturalezas muertas, los retratos o las figuras animales. Las obras expuestas en la Fundación han sido ejecutadas en distintas épocas del recorrido artístico de la autora desde los años 70 hasta la actualidad: a lo largo del tiempo, como podrán observar, su estilo ha ido variando desde aproximaciones que rozan el hiperrealismo hasta otras casi derivadas del impresionismo.  No obstante, los óleos se han agrupado en las salas con criterio temático en lugar de cronológico o formal. Las esculturas se distribuyen independientemente por todo el recorrido de la exposición.

En la sala 3 será donde encontremos los paisajes del río Júcar. No podía dejar de ser un tema principal, puesto que el paisajismo siempre nace de un hondo amor a la naturaleza y esta nunca es tan viva, rica y deliciosa como allí donde se juntan el agua y la tierra. Además, el agua, por sus reflejos, su movimiento y sus cambios de color, ofrece un aliciente extraordinario al pincel de la artista. A través de las corrientes, los cielos, la vegetación riparia, etc., María Luisa Chico de Castro plasma los cambios de las estaciones, los tonos y la luz del río y sus riberas; y podemos sentir con ella el frescor del oasis, el goce de todos los sentidos al sumergirnos en la naturaleza y el estado meditativo al que la contemplación de esta nos da acceso.

Oléos del río en la sala 3 (I). Fuente: Elaboración propia.

Todos los paisajes que podrán ver aquí, han sido pintados in situ, no en el estudio ni con la ayuda de fotografía, sino con el río como modelo directo. Mientras que los apuntes en acuarela pueden realizarse en una sola sesión, los óleos, por las características del material y la técnica, requieren varias sesiones para completarse. Es decir, una vez identificada la vista que la artista desea plasmar, debe encontrar un lugar tranquilo donde asentar su caballete, silla y caja de pinturas y, tras completar la primera fase de encaje y entonación del lienzo, volver al mismo lugar en los días siguientes las veces que necesite, a la misma hora y con condiciones meteorológicas parecidas para tener una luz ambiental similar y encontrarse con colores, brillos y sombras de intensidad y tono semejantes a los que la atrajeron el primer día. Esto, durante el otoño e invierno, que es cuando están pintados muchos de los cuadros expuestos, puede ser todo un reto, por los cambios de tiempo de un día para otro o las interrupciones de varios días por borrascas, pues con lluvia, frío y viento, por mucho que se quiera, no se puede pintar al aire libre. ¿Por qué, entonces, no se escoge pintar en primavera o verano? Algunos cuadros sí se han hecho aprovechando momentos de estas estaciones, pero la riqueza de color es mayor en otoño y, aunque parezca sorprendente, en invierno: las gamas de grises, rojizos, violáceos de los árboles y arbustos de la ribera pueden permitir una composición de más interés cromático que la que da la relativa uniformidad del verdor de primavera y verano. Además, como saben los paseantes y excursionistas, el calor del verano en Cuenca, incluso a orillas del fresco río, puede ser demoledor hasta bien avanzada la tarde, hora en que la luz se atenúa y puede también disminuir el colorido. Y si bien hay algunos paisajes crepusculares muy bellos, la mayoría de los que verán aquí se han pintado bajo la luz de la media tarde.

Oleos del río en la sala 3 (II). Fuente: Elaboración propia.

Y si alguien se preguntara por el otro río de la ciudad de Cuenca, indicamos que en la última sala pueden ver cuadros al óleo de la hoz del Huécar (así como algunas de las pinturas más antiguas de la artista sobre animales, jardines o interiores). Como saben los lugareños, los hocinos, los huertos situados en la hoz o cañón del río Huécar -y alguno en la del Júcar-, son terrenos de bancales cultivados desde antiguo y, en el caso de los emplazados a media montaña, terrazas a las que solo se puede acceder a pie por sendas y escalerones entre las rocas. Estos últimos son entornos únicos, suspendidos entre las rocas, la hoz y el cielo: aunque algunos están abandonados y en estado semi-silvestre, aún hay quien planta hortalizas y cuida de sus frutales, de modo que en el verano y el otoño, además del paisaje, se pueden gozar los frutos de la estación. Los cuadros de la artista con este tema capturan, sin duda, retazos de la belleza recóndita y de leyenda poética del enclave.

Para finalizar, sólo nos queda invitarles a que vengan a ver y disfrutar las obras en persona. Confiamos en que sean de su interés y en que encuentren en las pinturas de paisajes del Júcar y de las hoces los signos del amor y aprecio por el entorno natural conquense que compartimos.

Para saber más

Información de Contacto: tel. 969 212 394, www.fundaciongarciaychico.org, fgyc@fundaciongarciaychico.org  

Dirección: c/La Paz, nº 15. Barrio del Castillo. 16001. Cuenca.

Horario de Apertura: viernes, sábado y domingo, de 11:00 a 14:00 horas. (Para visitas en distinto horario, se ruega que concierten cita por teléfono).

Entrada Libre. Las obras expuestas rotan periódicamente, así que siempre pueden encontrarse cuadros o expositores que aún no habían sido mostrados al público.

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