La magia de la literatura

¿Qué es la literatura? o ¿para qué sirve la literatura? son algunas de las preguntas que más he escuchado impartiendo docencia de la asignatura de lengua castellana y literatura. Junto a otras famosas expresiones como leer es aburrido o mejor ver la peli, que lamentablemente se escuchan también fuera de las aulas. Es difícil dar una respuesta útil y placentera a cualquier público que tenga esta mentalidad, especialmente en una época donde nos gustan las cosas rápidas e instantáneas. Podemos ayudarnos de la definición oficial de la RAE, o de las explicaciones que nos han dejado grandes autores a lo largo de la historia, ejemplificar con obras maestras, pero aun así, las respuestas  quedan siempre incompletas, porque no van a saber para qué sirve hasta que no descubran el placer de leer. Aunque me llamen ñoño, mi respuesta  siempre es la misma: la literatura es magia. Una magia que te une con personas de diferentes épocas y lugares, que dejaron algo por escrito con el objetivo de que llegara a nuestras manos. Es una magia individual y personal, y además una magia que nos conecta, no solo con el autor o autora, también con nuestras personas queridas, por ejemplo cuando recomendamos la última obra que hemos leído, o al regalar un libro con nuestra mayor ilusión de agradar  al beneficiario, y lo más importante, nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos.

Una de las experiencias más gratificantes es cuando un alumno reconoce que le encanta leer, esta persona no va a dudar en recomendarte el último libro que ha terminado, o aquel autor o autora de la que está esperando su próxima novela, o incluso cuando quiere mostrarte su propia creación literaria. Ahí surge la magia, la magia de compartir opiniones, gustos, descubrir nuevas obras…  la magia de conectar. Y cuando ya hay cierta confianza te realizan otra pregunta muy habitual, quieren saber cuál es mi autor o libro favorito.  Pregunta con una respuesta también muy complicada, al menos para mí.

Dentro de mi función como profesor tiendo a recomendar una época, que por razones en las que ahora no voy a entrar, no se ve tan a fondo en las aulas como otras épocas de nuestra literatura: el realismo español. Y en especial, la figura de Benito Pérez Galdós. Ese autor que quiere reflejar la realidad tal y como la ve, ni más bonita ni más fea. Creando un universo literario inmenso, con grandes personajes que quedarán para siempre en la historia, de los cuales podrían hacer una gran saga cinematográfica como las películas de Marvel que tenemos en la actualidad. Galdós usa su magia para trasladarnos al Madrid en el que vivió, las calles que recorría, la gente que allí vivía y las conversaciones que tenían. Somos un personaje más de sus novelas.

Muchos son los autores que podríamos citar junto a Galdós en esta época histórica, pero junto a él y porque el salseo siempre interesa, me gusta hablar de otra gran figura como la de Emilia Pardo Bazán. Con ella cambiamos de destino, nos vamos a Galicia, otros personajes y otra forma de representar la realidad. Con Emilia, el naturalismo se hace presente en la escritura española  y sus páginas se llenan de unas descripciones de la naturaleza antes sin precedentes en nuestro país.

Y uniendo a estos dos grandes autores, vuelvo a reafirmar que la literatura es magia. No solo han dejado un gran legado de obras, sino que hemos podido conocerles más a fondo gracias a las cartas que se escribieron entre ellos, cartas que nos desvelan una historia de amor y pasión entre estos dos escritores. Cartas que nos permiten conocerlos de otra forma diferente. Cartas que quizás no deberíamos haber leído, pero han llegado a nuestras manos, bueno en realidad a las de Emilia, ya que de Benito solo conservamos una. Pero solamente con los mensajes de ella hacia él, podemos crear una nueva historia en nuestra mente, una nueva novela de cariño, respeto, amistad, compañerismo, amor, pasión… todo ello en un tono pasional y de admiración que nos permite conocer a una íntima Emilia y a un tímido Galdós. Si tenéis interés de leer estas cartas, están recogidas en la obra  Cartas a Galdós, Emilia Pardo Bazán, edición de Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández.

Por ejemplos como este la literatura es mágica, permitiéndonos crear mundos cercanos y lejanos al nuestro, además de hacer nuestro mundo mucho más grande y hermoso. Despertando el interés de las mentes más jóvenes dentro de las aulas, y quien sabe, quizás también fuera de ellas.

 

Ilustración: András Kresák. -a_kresak

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