¿Jugamos al ajedrez?

Sobran monedas de caras indiferentes,

cruces gastadas que ya no te hablarán.

Persiste la piel colgada de su alma

cuando el espejo de su sacrificio se marcha al otro lado.

 

Duele la oscuridad del seno vacío,

crecen en soledad sus zarzos,

en anorexia añoran el amor de su madre,

se tronchan, perecen.

 

Jugamos al ajedrez de movimientos aleatorios,

tiramos fichas bañadas en sangre

sin darnos cuenta de que lloran las plumas

que habían olvidado el camino a las profundidades del silencio,

porque solo recuerdan el frío de los rayos del sol

y el calor de la muerte.

Karoline Schneider

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