Júcar

A mi Júcar no lo ventea el levante,

ni blanquean sus orillas la espuma presurosa

que encalla los recuerdos marinos

de algún amor vencido.

Le basta el alfeizar verde de su alameda,

la brisa mansa que mece dormida

la ciudad más bella

entre el infinito balcón de las hoces

que ensalzan el vuelo azul de su ribera.

Se rinde el silencio a su encuentro,

misterioso cauce

que baja en volandas

las frescas aguas de la sierra.

A la cuna de tus sueños,

remota y fugitiva vuelvo mis pies

llenos de preguntas

para leer en el rumor callado de tu reflejo

la nostalgia plegada,

el canto infeliz tras la derrota,

la respuesta que brota

de la ráfaga de luz sobre las riscas,

con la quimérica esperanza

de limpiar con tus aguas mis cicatrices.

María Elena Marín Marín

Esta entrada tiene un comentario

  1. ELENA MARÍN MARÍN

    Gracias amigos por publicar mi poema. Mucho ánimo en vuestra labor a veces poco reconocida pero siempre gratificante en pro de la cultura.

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