Hemingway en Salvacañete

El Cabriel: Un río por el que merece la pena luchar (I)

Imagen de cabecera: Un tramo del río Cabriel por Salvacañete. 2021. J. García Alegría.

A nuestras familias de Salvacañete,

especialmente a los que

 nunca conocerán algunos hechos que aquí se narran.

Septiembre, 1937. La Guerra Civil entre españoles dura ya más de un año y los combates son cada vez más encarnizados. Las previsiones de ambos bandos de alcanzar un rápido final han resultado erróneas y los españoles se preparan para un largo periodo de sufrimiento, penuria y muerte. La implicación de Alemania e Italia, por un lado, y de la Unión Soviética por otro, ha hecho crecer la maquinaria de guerra. La llegada de tropas extranjeras, de tanques, cañones, obuses y aviones que se usan masivamente, está causando numerosas bajas entre los combatientes y, algo inédito hasta el momento, entre la población civil. Ya entonces muchos consideran esta contienda como el preludio de una guerra europea y por ello en los últimos meses, se ha convertido en el asunto que ocupa las primeras páginas de los diarios y un lugar preferente en las revistas y en las emisoras de radio de todo el mundo. Una gran cantidad de corresponsales de los medios de comunicación internacionales cubren ambos frentes y tratan de ofrecer noticias de primera mano, sorteando la censura impuesta por ambos contendientes que quieren inclinar a su favor la opinión pública mundial, tratando de reflejar con muchas dificultades la realidad de los hechos y la complejidad de la situación bélica, política y social.

El ejército republicano ha cedido en casi toda la Cornisa Cantábrica, en Guadalajara y Extremadura, y las tropas de Franco hace tiempo que han llegado a las estribaciones de Madrid. La capital es una ciudad cercada, en donde se lucha cuerpo a cuerpo en la Ciudad Universitaria y en la Casa de Campo, donde las trincheras forman ya parte del paisaje, y los bombardeos frecuentes alcanzan el centro urbano. El gobierno republicano, ante el riesgo inminente de rendición de la capital, hace ya 10 meses que decidió su traslado a Valencia.

La humilde provincia de Cuenca ocupada por las columnas anarquistas desde los primeros días, se ha convertido en un granero de cereales y de ganado que aprovisiona la zona republicana y en un nudo de comunicaciones crucial entre Madrid y Valencia, y hacia los frentes de Guadalajara y de Teruel, que se mantendrá hasta el final del conflicto. Por sus carreteras hay un trasiego constante de columnas con vehículos, soldados, provisiones, municiones y armamento. La región de Aragón, partida en dos con un frente norte-sur, tiene la zona oeste ocupada por las tropas nacionales, incluyendo las tres capitales: Huesca, Zaragoza y Teruel, mientras que la zona oriental permanece en poder de las tropas republicanas. Esta línea de frente cada vez está más activo pues ambos adversarios saben que su desmoronamiento puede ser determinante para el desenlace de la guerra. Aragón y Teruel se convertirán en nombres míticos para ambos enemigos y para sus simpatizantes en todo el mundo por los cruentos combates que tendrán lugar en unas condiciones climatológicas extremas y por la participación de miles de soldados internacionales. Muchos periodistas internacionales jóvenes, atraídos por la aventura y por el reto de cubrir este primer conflicto importante tras la I Guerra Mundial, forjan su estilo como corresponsales de guerra en los duros campos y montes castellanos y aragoneses. Sus nombres estarán unidos para siempre a estas áridas tierras y su posterior obra literaria, foto y cinematográfica marcada por la tragedia española, entre otros: André Malraux, Ernest Hemingway, Martha Gellhorn, George Orwell, Robert Capa, Gerda Taro, Herbert Matthews,  Lillian Hellman, W. H. Auden, Stephen Spender, Langston Hughes, Jay Allen, Antoine de Saint-Exupéry y John Dos Passos. Todos ellos establecieron una relación profesional y humana muy estrecha con nuestra nación a la que siempre se mantendrán vinculados por inolvidables lazos emocionales. La Guerra Civil española se convirtió en un hecho legendario que transcendió sus fronteras desencadenando en el mundo pasiones encontradas entre los partidarios de ambos bandos.

De las numerosas batallas, hechos bélicos y testimonios, el que nos ocupa aquí es un viaje de un pequeño grupo de periodistas durante varios días a finales de septiembre de 1937. El grupo estaba compuesto por Ernest Hemingway, de la agencia de noticias North American Newspaper Alliance (NANA), Martha Gellhorn, de la revista Colllier´s, y Herbert Matthews, del New Yok Times, acompañados por un conductor. Estas jornadas vienen descritas con cierto detalle en el libro Hotel Florida: Verdad, amor y muerte en la Guerra Civil de Amanda Vaill.

Hotel Florida, Plaza del Callao. Madrid. Alojamiento de los corresponsales extranjeros en la Guerra Civil. Derribado en 1964. Fuente: Wikipedia

En esta interesante y documentada obra se ofrece una visión de la guerra civil a través de la mirada y las experiencias vitales de tres famosas parejas de reporteros que pasarían a la posteridad: Hemingway-Martha Gellborn, Robert Capa-Gerda Taro, y Arturo Barea-Ilse Kulcsar. También de sus relaciones, de sus crónicas escritas y fotográficas, de sus intercambios con las autoridades, con los intelectuales del bando republicano y con los brigadistas y, desde luego, de la vida en el Madrid sitiado y de los sufrimientos de la población civil teniendo como eje el famoso Hotel Florida de la Plaza del Callao. Este hotel, que se convertiría en mítico, era el centro principal de intercambio entre los periodistas internacionales allí destacados. Durante sus estancias en Madrid en ese periodo Hemingway y Gellhorn, por entonces su amante y más tarde su tercera esposa, se alojaban en las habitaciones 113 y 114, seleccionadas a conciencia por él al estar ubicadas en la esquina más protegida del edificio -“un punto ciego”- ante las descargas de la artillería nacional desde posiciones cercanas.

Los dos viajes al frente de Teruel -septiembre 1937- serían cruciales para inspirar a Hemingway en su novela más reconocida: Por quién doblan las campanas. Su protagonista, Robert Jordan, es un oficial brigadista norteamericano, un personaje inspirado en Robert Merriman, un exprofesor de Economía de Berkeley (California), Jefe de Estado Mayor de la XV Brigada Internacional formada mayoritariamente por angloparlantes: británicos, estadounidenses, canadienses e irlandeses, de los que fue su líder en el asalto final a Belchite. Hemingway lo describe tras los fieros combates de esta ofensiva:

“…sin afeitar, con la cara ennegrecida por el humo, sus hombres cuentan cómo bombardeó el camino hacia adelante; herido seis veces levemente por granada con fragmentos en sus manos y en su rostro, pero negándose a recibir ayuda médica para que sus heridas sanaran hasta que sus tropas tomaron la catedral”.

Robert Jordan también contiene una gran parte de la personalidad y de las maneras de su amigo y compañero Herbert Matthews, un periodista riguroso, siempre calado con un boina negra, alto, estilizado como un palo, serio y entregado a su trabajo. Sus crónicas bélicas se caracterizaron por la objetividad y la concisión, un ejemplo para los corresponsales de guerra del siglo XX. La novela publicada en 1940, localizada en los montes de la Sierra de Guadarrama, es una obra fundamental del escritor ambientada en la Guerra Civil, donde refleja sus vivencias y fue esencial para que le concedieran el Nobel de Literatura.

Hemingway, un escritor y periodista ya muy conocido, cobraba por entonces “un dólar por cada palabra”, algo realmente desproporcionado en comparación con sus colegas. Disponía de muchos recursos, un vehículo con chófer propio, numerosos conocidos y grandes influencias. Durante la contienda iba siempre provisto de dos cartas como salvoconducto en los bolsillos de su guerrera: una del presidente del gobierno republicano por si era detenido por milicianos descontrolados, y otra del presidente Roosevelt de los EE.UU., por si era capturado por las tropas nacionales.

Ernest Hemingway (en el centro), con Ilva Ehrenburg y Gustav Regler en la Guerra Civil española (1937). Ernest Hemingway Collection. John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston. Copyright: Dominio Público

En su segundo viaje, Hemingway y Gellhorn, tras ir desde Barcelona a Valencia el 6 de Septiembre de 1937, proyectaron una expedición para el frente de Teruel acompañados de Matthews, para ver la población de Belchite tomada por los republicanos, completamente destruida tras feroces combates, donde trabaron contacto por primera vez con Merriman.

Ernest Hemingway (de espaldas) y Martha Gellhorn en la Guerra Civil (1937-38). Ernest Hemingway Collection. John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston. Copyright: desconocido

Unos días más tarde Constancia de la Mora, encargada de la Oficina de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, les organizó un viaje a Teruel, con un camión, conductores, aparejos y alimentos, para que conocieran la situación tras la reciente creación del Ejército de Levante republicano. A primera hora del día 20 de septiembre salieron de Valencia, por Sagunto, Segorbe, Barracas, Mezquita de Jarque hasta Alfambra al norte de Teruel. Desde unas colinas próximas pudieron observar con prismáticos la vida en la capital y comprobar la aparente tranquilidad de la ciudad que había permanecido fiel a los sublevados desde el inicio de la guerra. El día 23 el regreso en camión desde Teruel fue muy duro, por zonas montañosas y caminos y pistas en malas condiciones. Vaill describe como la expedición tuvo que pernoctar en Salvacañete, el primer pueblo de Cuenca en su ruta hacia su capital provincial, de la siguiente manera:

Los periodistas tuvieron que dormir en el camión aparcado en el patio de una granja de la aldea de Salvacañete, en la provincia de Cuenca, en donde los despertó de madrugada el rebuzno de los asnos. Al día siguiente dejaron el camión y siguieron a caballo acompañados de una escolta de caballería, hasta las posiciones del Monte San Lázaro, y luego descendieron hasta Cuenca, la ciudad que se levanta junto a un abrupto barranco entre los ríos Júcar y Huécar. Hemingway acalorado y cubierto de polvo después del largo viaje a caballo se fue a dar un baño en uno de los arroyos que desembocaban en el Júcar, muy cerca de las líneas enemigas. El agua clara y fresca estaba llena de truchas. Hemingway les arrojó saltamontes, el mismo cebo que Nick Adams había usado en el relato “El río de los dos corazones” y, luego observó cómo se abalanzaban sobre los insectos y giraban en los remolinos de la corriente. Pensó que “valía la pena combatir por aquel río”.

Aquella noche, Martha y él, durmieron en Madrid, en el hotel Florida”.

La descripción que hace Vaill, como trataremos de demostrar, es inexacta en cuanto al momento y lugar en donde el escritor se bañó en el río trasparente con una corriente notable y grandes truchas. La más que posible confusión, en un libro tan bien documentado, podría justificarse por haber fusionado dos jornadas diferentes, por la ambigüedad descriptiva del novelista más interesado en reflejar las sensaciones, el ambiente general y los personajes, que en la precisión de los hechos o por razones exclusivamente literarias.

Javier García Alegría

Mariano López Marín

Esta entrada tiene un comentario

  1. ELENA MARÍN MARÍN

    Estupendo artículo. Me ha hecho una ilusión increíble que aparezcan alusiones concretas a nuestro pueblo en esta revista. Gracias a los autores.

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