El sueño inalcanzable de un festival de cine

Desde que tengo memoria, hablar de la posibilidad o conveniencia de hacer en Cuenca un festival de cine ha sido un tema recurrente, que surge de manera periódica y se mantiene, siempre, en el nivel donde anidan las ideas, sin que se aporten los mecanismos prácticos necesarios para hacer que pasen a la realidad. Algunos intentos ha habido, desde luego, y a ellos me voy a referir en las siguientes líneas, pero han sido los menos y ninguno ha podido prosperar. Pero ello no impide que muchas personas, aficionados al cine o no, echen en falta que nuestra ciudad cuente con un evento de esas características, no solo por la posibilidad de tener el privilegio de ver una serie de películas antes que en ningún otro sitio, sino por la atracción que suscita la presencia de actores, directores, guionistas y todo lo que lleva consigo la parafernalia del desfile por la alfombra roja, elemento que se ha convertido en algo consustancial a cualquier festival cinematográfico. 

Para poder llevar adelante un proyecto de ese calibre hacen falta algunos requisitos necesarios. El primero, encontrar un tema monográfico adecuado, original, atractivo, que no esté ya en vigor en otra ciudad; el segundo, unas fechas convenientes, que estén libres en un calendario ya muy apretado, para no entrar en competencia con otro certamen en marcha; el tercero, un equipo profesional suficiente, no muy numeroso pero sí bien preparado, que conozca el mundo del cine y tenga los recursos necesarios (los contactos) para mover de manera adecuada un mecanismo muy complejo. Y cuarto, pero sin embargo lo más importante, dinero, mucho dinero, porque un festival, de la especialidad que sea, necesita tener un soporte económico considerable y en Cuenca no se dan condiciones favorables para ello. Las instituciones públicas ofrecen una firme resistencia a invertir grandes cantidades en asuntos culturales (como ejemplo, vemos las enormes dificultades que viene arrastrando nuestro principal acontecimiento, la Semana de Música Religiosa, inmersa en una crisis que se prolonga varios años) y es más que dudoso que estuvieran dispuestas a aportar los muchos cientos de miles de euros necesarios y no hay a la vista empresas privadas con capacidad y disposición para participar en semejante evento. Como se ve, el panorama no parece muy favorable.

Pero el sueño existe. Decía antes que es un tema viejo y recurrente. En el año 1962 se celebró en el mes de agosto la segunda edición de las Jornadas de Orientación Cinematográfica, que un grupo de aficionados puso en marcha, por su cuenta y con muy pocos apoyos oficiales, para compensar con una semana de cine de calidad la pobre programación ofrecida en las salas comerciales (entonces había cuatro cines en Cuenca). El éxito fue arrollador y, como suele ocurrir, el entusiasmo se extendió por todas partes y de inmediato se pensó en ampliar aquella modesta iniciativa para darle una dimensión mayor que el alcalde, Rodrigo Lozano de la Fuente, veía con buenos ojos, porque cuando un periodista le preguntó por el futuro que podrían tener las Jornadas, la respuesta venía cargada de optimismo:

“El éxito que están obteniendo nos debe obligar a considerar seriamente este asunto. Es probable que si encauzamos y tutelamos cariñosamente estos festivales cinematográficos, pudiéramos llegar a conseguir algo de resonancia nacional, como es muy probable que ocurra, sin tardar mucho, con las Semanas de Música Religiosa. Todo lo que sea celebrar en Cuenca acontecimientos de esta índole, merece la mayor dedicación. Y, no cabe duda, de que estas proyecciones cinematográficas, aún siendo solo las segundas, ya han conseguido hacer desfilar por la ciudad a personalidades de prestigio nacional” [Ofensiva, 02-09-1962, p. 5]. Pero, como ocurre tantas veces en nuestra ciudad, esas buenas intenciones quedaron en eso, sin concretarse en nada. Las Jornadas continuaron celebrándose en los años siguientes hasta cumplir ocho ediciones y desaparecer. Luego llegó el Cineclub Chaplin, en 1971 y se introdujo un cierto cambio en las costumbres de los aficionados. Pero la idea del festival seguía latente, aunque aletargada.

Hasta que tomó forma apresurada en la primavera de 1988 y nació el I Festival de Cine y Música de Cuenca. Como es imprescindible en este tipo de acontecimientos, las entidades públicas de la ciudad, como financiadoras del proyecto, encomendaron la gestión a un especialista, Alfonso Eduardo Pérez Orozco, por entonces implicado en varias empresas a caballo entre la publicidad, el marketing y la información, incluyendo su papel como comentarista en TVE. El presupuesto era muy ajustado, tres millones de pesetas por cada una de las tres entidades oficiales (Junta, Diputación y Ayuntamiento) y un planteamiento muy disperso, que pretendía movilizar para las proyecciones tres salas, el Xúcar, la Caja de Ahorros y la delegación de Cultura. Las proyecciones se completarían con unas jornadas de estudio sobre cuestiones relacionadas con el tema del festival. La selección de las películas fue hecha por el propio coordinador del evento quien, como suele suceder en estas circunstancias, aseguraba la presencia de actores, actrices, directores, críticos, comentaristas y toda la parafernalia mediática propia de un festival de altos vuelos. De esa manera, se configuró una programación que debería ocupar a los aficionados conquenses al cine durante siete días, del 30 de mayo al 5 de junio, a razón de nueve proyecciones diarias, tres en cada una de las salas. El Xúcar se reservaba para las películas en competición oficial (200 pts. el precio de la localidad) y las otras dos para los ciclos monográficos: música clásica, música popular rock y pop-rock, con entrada gratuita. 

En vísperas del acontecimiento, los medios informativos ya alertaban de que era un misterio poder calibrar por adelantado la respuesta del público, teniendo en cuenta que las fechas elegidas coincidían con el puente festivo en Cuenca del 1 junio. Un problema añadido era el de la precipitación, que impidió tener por adelantado un programa completo de lo que se iba a ver; de hecho, en vísperas del comienzo sólo se conocían los títulos de los tres primeros días y en cuanto a cuestiones internas, ni una sola de las instituciones había aportado aún un solo céntimo, mal congénito en las actividades organizadas en Cuenca.

El jurado internacional estuvo presidido por el compositor Carmelo Bernaola y en cuanto a personas de cierta fama que esos días pudieron verse por Cuenca hay que citar a periodistas especializados como Rafael Fernández y Rafael Revert, de la SER; Pilar Abarca, soprano; Andrés Linares, director de la película Trío; Ray Barra, director del Ballet Clásico Nacional; José Luis Coll, humorista; la actriz Victoria Vera; Kevin Ayers, cantante del grupo pop del mismo título; Fernando Martín, cantante del grupo Desesperados; Antonio Fernández, director de programas musicales de Radiocadena Española; el cantante Antonio Flores.

Al final del certamen había una especie de coincidencia generalizada en que se había abierto un camino que ofrecía posibilidades para el futuro, una vez se corrigieran los problemas y defectos detectados. No hubo ocasión de experimentar. El Festival de Cine y Música de Cuenca murió tras su primera y única celebración y nunca, nadie más, en ese hipotético futuro, ni lo echó en falta ni sugirió su recuperación.

Otra vez, para suplir esa carencia, se recurrió a una solución local, de andar por casa, y surgió la Semana de Cine de Cuenca que, como había ocurrido con las antiguas Jornadas, traía a la ciudad, durante una semana, títulos valiosos de la cinematografía primero mundial y luego en exclusiva española. En 1999 la Semana había cumplido 13 ediciones y sus organizadores volvieron a pensar en la posibilidad de ampliar la cita buscando la forma de hacer un festival, de manera que volvió a repetirse el esquema ya comentado, empezando por la temática y encontraron una que no estaba en ningún otro sitio, un Festival de Cine Ibérico que sirviera para incrementar las relaciones y el conocimiento cultural entre España y Portugal, dando por supuesto que la cita atraería a Cuenca a muchos expertos y aficionados del vecino país. En apoyo de la tesis existía una realidad, el creciente impacto que el cine portugués estaba alcanzando en Europa aunque era prácticamente desconocido en España (y, por cierto, lo sigue siendo).

El Festival no solamente se ceñiría a las secciones oficiales ya descritas, sino que se realizarían otras actividades cinematográficas complementarias (ciclos temáticos, retrospectivas, exposiciones, mesas redondas, etc), a semejanza de lo que existe en citas de parecidas características, dando así lugar a una auténtica convivencia cultural entre los dos países ibéricos. En cuanto a fechas, los promotores del proyecto sugerían las comprendidas entre el 15 de noviembre y 15 de enero, al no coincidir con otros Festivales.

El proyecto presentado a las instituciones regionales y conquenses en el mes de septiembre del año 2000 entró en el proceso de análisis y ahí se quedó para siempre. En cambio, cinco años después y de manera casi inesperada, apareció otra idea, un festival dedicado a películas realizadas por mujeres. En este caso, la iniciativa tuvo mejor suerte se prolongó durante siete ediciones que se merecen un análisis más detallado en un próximo artículo.

El ganador del I Festival de Cine y Música de Cuenca, Tony Palmer, con el director del certamen, Alfonso Eduardo Pérez Orozco. Fuente: Propia

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