Cuenca, poesía alada

Diosa alada de pálpitos certeros

que labra siluetas vivas

de arraigadas voluntades que centellean

en suspiros volátiles con corazón de roca.

Percibo tu amplia desnudez

en los recovecos de tu geometría imaginada,

en nidos de águilas que sobrevuelan

a vista de pájaro el cristal de tus Ríos.

Sinfonía de añiles infinitos que refleja

espacios rebosantes de originalidad

serrana y legendaria

entre chopos, sauces y retamas.

Presiento en los perfiles de tus entrañas

de angulosidad voluptuosa, caricias despeñadas

cual estampas seductoras de ingravidez serena.

Sobre el altar donde te elevas

cautivas henchida de hermosura

en un constante eco que se repite

como un credo perenne escrito en piedra.

Proyectas luz e inspiración,

porque eres el lienzo único

de melodías soñadas y versos añorados,

bajo esa verticalidad que te sublima

como a una escultura perfecta.

 

Visión babilónica de exuberantes jardines

suspendidos de las gargantas de tus Hoces

que lucen bajo el resplandor de la luna llena

al abrigo de tu rostro de madre.

Atesoras el poso de la divinidad

que se quedó colgada entre cielo y tierra

mostrando cual magia delirante

la irrealidad de tu belleza.

Raquel Carrascosa Buil

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