Amor

Otra vez sin dormir. Me encuentro en un punto, en una estrella. La ventana está bonita esta noche ya que llueve un poco, pero yo, de esa estrella no me bajo. Me sudan los huecos del cerebro, ese nido verminoso donde habitan gusanos de mierda y sueños. Mayéutico. El añadido es que arden y no como el fuego vestal, santo y purificante. No, no. Ni como fuego infraterrenal, no es magma. Solo, como el fuego de un estercolero en un manglar, agua estancada y raíces, una bola de basura. Cambié el insulto por lo sano así que, hago como que no me pasa algo. A lo largo de lo creado, de mi identidad totalmente moldeada por otros, entendí de mi existencia como en ciertos cuentos antropogónicos. Mi narcisismo es tan opuesto a mí que te quiero. Mi ego es lamentable y por eso escribo, creyendo que no soy un farsante en estas líneas y que es fuera donde miento, creyendo que no soy un fantasma en esta vida y que fuera estaré vivo. Por desgracia, soy las dos cosas, el que crea y el que no cree. Cada vez que pienso en el arte y lo que hace sombra alrededor de él suele ser de noche, me paro absorto enfocando mi mareada vista hacía alguna esquina, usualmente de pie, usualmente ebrio… Realmente vacío, pensando en quien lanzó esa noche frente a mis ojos y por qué.

Accedo solo a la forma que existe de escribir, como de un impulso de un beso, como un proyecto de un beso, esa forma maravillosa de querer no estar nunca dentro de ello, de amarte, aunque hoy esté dentro de ello.

Ser de la manera más pura y dolorosa. Revulsiva. Si te deja acercarte a su sexo te derretirá en lo extático, y quizá tu juicio no vuelva. Y querrás, tu, reaccionario, reafirmar aún más tu interés hasta la extenuación. Y entonces te quedas solo, flotando con el impulso de soledad y sabiendo la verdad no compartida, la verdad de que solo existes tú sin poder afirmar la existencia del resto. Lo que uno quiere hacer sin obtener nunca algún tipo de beneficio para, en este caso, volver a sentir la sangre de algo a lo que nunca le importaste. Eso, el querer salir fuera de eso, pudrirá cualquier acto de amor, de literatura.

La aliyah de un corazón y sus venas, hacia donde sea, hacia Lilith.

O que las vestales adquieran mi energía y apaguen mi fuego. Me miren con esos ojos, en ellos llamas marrones, mudando a putas innobles, que me arranquen el corazón para que lo atraviesen con las pollas erectas de los ciudadanos de la polis. Enrabietados y coléricos. Será una chorrada lo de Jesucristo. No quiero nada más que ese amor y con más gusto que nausea, seré el auténtico ensartado.

Enamórate. Escribe. Sin esperar nada a cambio, si no, estás perdido.

Fuente: José Manuel Martínez Cenzano.

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